CUENTO PARA LA SEMANA DE LA VIDA ANIMAL - ALEGRO, MANÓN Y TROPO


ALEGRO, MANÓN Y TROPO


Aquel invierno había llovido demasiado. Y Guillermo, el leñador estaba muy preocupado. Ya casi no le quedaban alimentos y no podía salir a trabajar con tanto frío. Pero Guillermo no estaba preocupado por él, sino por sus tres animalitos: Alegro, un perro ovejero; Manón, una gata blanca; y Tropo, un gallo de plumas violetas y cresta colorada. Así que decidió ir al mercado y regalárselos a quien pudiera cuidarlos.

Una noche, mientras el leñador dormía, Alegro, Manón y Tropo se pusieron a cuchichear.
- Tenemos que encontrar la manera de quedarnos con Guillermo -dijo el perro- Es tan bueno... Y apenas come para darnos algo a nosotros.
- ¡Tengo una idea! -exclamó el gallo-, Manón, tú aprenderás a ladrar como Alegro, tú aprenderás a cantar kikiriki , como yo y yo voy a aprender a maullar como la gata. No existe en el mundo una gata que ladre, ni un gallo que maúlle y menos un perro que diga Kikiriki
Desde ese momento, todas las noches, cuando el leñador se, quedaba dormido, Alegro, Manón y Tropo se escondían en la cocina y ensayaban.

Por fin, una mañana dejó de llover. Entonces, Guillermo abrigó todo lo que pudo a sus animalitos y se fue al mercado lleno de tristeza.

- ¡Señoras y señores, vengo a regalar los animalitos más buenos y más hermosos del mundo! -decía mientras se secaba las lágrimas.
Justo en ese momento, el perro Alegro dejó escapar sus kikirikís, la gata empezó a ladrar con todas sus fuerzas y el gallo maulló como la mejor gata de tejado. Entonces, toda la gente del mercado corrió hacia ellos.
- ¡Qué maravilla! -decían asombrados.

De repente, una lluvia de monedas de todos los tamaños cayó a los pies de Guillermo. El pobre leñador creía estar soñando. Loco de contento, cogió las monedas y compró un montón de comida para sus animales.

Y así fue como Guillermo pudo quedarse con Alegro, Manón y Tropo. Y, desde entonces, en la temporada invernal, en que Guillermo tiene poco trabajo, regresa al mercado con sus animalitos. Pero allá, en la cabaña del bosque, la gata sigue maullando, el perro sigue ladrando y el gallo despierta cada mañana al sol con su más bello kikirikí.

ELSA BORNEMANN,
Lisa de los Paraguas.

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