EL LIBRO DE LA SELVA - EL MAL AMIGO


EL MAL AMIGO
Se dirigió hacia el fondo de la cueva y halló un hueso de gamo. Lo trituró con fruición, pues había algo de carne allí.
- Gracias por tan excelente comida -dijo relamiéndose-.
¡Qué hijos tan bellos tienes! ¡Cómo se adivina en ellos la nobleza! Tienen unos ojos enormes. Aunque nada me debería extrañar. Los hijos de los reyes son hombres desde que nacen.
Tabaqui sabía que no ayuda a la buena crianza alabar a los lobatos, estando ellos presentes. El descontento se reflejaba en Madre Loba y su esposo. Tabaqui guardó silencio un momento como recreándose en el mal que había hecho. Continua...

Rudyard Kipling
Fuente: Colección Amiguitos

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