CUENTO PARA EL DÍA DE LA NAVIDAD - "PARCHE ARRUGADO"


PARCHE ARRUGADO


Me llamo Martín y tengo nueve años. Antes, yo pensaba que las aventuras sólo pueden pasarte en cuevas oscuras. Ahora sé que las aventuras están donde menos te lo esperas. ¡Hasta en la leonera! La leonera no es ningún lugar peligroso, es así como llaman en casa a mi cuarto. Hasta ahora nunca me había pasado allí nada emocionante, sólo dormir y hacer tareas. Pero hace dos semanas... Fue el 24 de diciembre. Me desperté con treinta y ocho grados de temperatura. Lo sé porque mi mamá me puso el termómetro.
-¡Hoy no te levantas! No saldrás de tu habitación -dijo mi mamá, aprovechando que yo no tenía fuerzas para defenderme.
¡Qué desastre! ¡Enfermarme el 24 de diciembre...! -Lee una historieta y no te destapes -añadió mamá, mientras me besaba.
Entonces cogí una historieta de piratas y empecé a leer las aventuras del temible Parche Arrugado. Cuando ya había leído dos páginas y el pirata iba a asaltar un galeón repleto de oro, escuché una voz triste:
-¡No aguanto más! No puedo seguir así. La voz sonaba dentro de mi habitación. Sorprendido, miré a todas partes. ¡Allí no había nadie más que yo! -No lo soporto -volvió a decir la voz.
Me quedé helado, con la historieta en las manos y sin atreverme ni a respirar. -Y tú, ¿qué haces ahí tieso como un poste? ¿Qué te pasa? -me preguntó secamente aquella voz.
¡No podía creerlo! ¡El mismísimo Parche Arrugado se había salido de la historieta y me estaba hablando!
Como todo el mundo sabe, los personajes de las historietas no existen de verdad, pero... ¡aquél parecía que sí
-Me... me llamo Martín -dije-. Estaba leyendo tus aventuras... y en ese momento volvió a ocurrir algo sorprendente: Parche Arrugado se echó a llorar. Yo me quedé sorprendidísimo...
Estuvimos un rato en silencio hasta que se calmó y empezó a hablar:
-Creo que me he equivocado de oficio. Cuando cumplí diez años, mi padre me regaló un loro y un sable y me obligó a ser pirata, pero ésta no es mi vocación.
-¿y por qué, no te dedicas a otra cosa? -pregunté.
-¿Qué puedo hacer? -dijo-o Yo no sé hacer nada. Toda la vida he sido pirata.
-Podrías poner una tienda de animales. A mí me encantaría tener una tienda de gusanos. No sé..., también podrías trabajar en un circo o ...
En ese momento, se abrió la puerta de mi habitación y entró mi mamá con Marián, mi prima.
Yo cerré la historieta.
-Mira quién ha venido a verte -dijo mamá. Cuando mamá se fue, le conté a Marián lo del pirata que hablaba. Como Marián es chiquita, no le extrañó lo más mínimo que un pirata de historieta hablara.
Entonces, volví a abrir mi historieta. Pero por más que miramos y miramos aquella viñeta, Parche Arrugado no se movió.
Días después conté lo ocurrido a Quitín y a Arturo, mis mejores amigos. Pero se burlaron de mí y me dijeron que yo había tenido alucinaciones por la fiebre. No sé qué son alucinaciones.
Tampoco me importa lo que ellos crean. Yo sé que a veces en Navidad ocurren sucesos extraordinarios.

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