LA PRINCESA QUE NO PODÍA HABLAR


LA PRINCESA QUE NO PODÍA HABLAR
Había una reina que tenía siete hijos varones, pero deseaba tener una hija.
Un día apareció una hechicera y le anunció que su sueño se haría realidad, pero que al nacer la niña, los varones corrían el riesgo de convertirse en cisnes.
Lamentablemente, todo sucedió tal como lo dijo la hechicera. La princesa creció, pero con frecuencia se la veía triste porque no tenía hermanos con quien conversar, contar historias, jugar.
Atormentada por los remordimientos, su madre le contó lo que había ocurrido. La princesa abandonó el palacio y salió a buscar cisnes, con la esperanza de hallar a sus hermanos.
Después de mucho caminar, llegó a una pequeña casa que estaba en el campo. En ella halló siete cisnes que, al verlo, se alborotaron y se convirtieron físicamente en sus hermanos. La princesa emocionada, porque ya tenía con quien conversar, preguntó cómo podía ayudarlos a regresar a casa. El mayor de ellos le indicó que antes debía tejer siete camisas. Pero mientras lo hacía, no podría reír, ni llorar, ni hablar, la princesa obedeció la orden al pie de la letra. Todo estuvo bien, hasta que el día en que un príncipe acertó a pasar por el castillo, miró a la princesa y se enamoró de ella.
Le preguntó por qué tejía pero la princesa, imposibilitada para contestar, bajó la cabeza y no dijo una palabra.
El príncipe pensó que no hablaba el mismo idioma y por esa razón no le entendía. Pensó también que podía comunicarse con ella por medio de otro lenguaje. Convencido de lo que pensaba, propuso matrimonio a la princesa y la hizo su esposa.
A la madre del príncipe no le gustó aquel matrimonio porque pensaba que la joven tenía problemas para hablar, de modo que, cuando un año después, la princesa tuvo un bebé, se lo quitó mientras dormía. Luego, fue a buscar a su hijo y acusó a la princesa de haberlo escondido.
El príncipe no la creyó porque confiaba mucho en su esposa, sabía que ella era una mujer extraordinaria.
Al año siguiente, volvió a suceder lo mismo y el príncipe volvió a creer en la inocencia de su esposa.
Al tercer año, cuando la princesa tuvo una niña y también desapareció, no pudo perdonarla; mucho insistió para que ella diera a conocer la verdad, pero al no lograrlo, la condenó a la hoguera.
En la prisión, la princesa silenciosa terminó de tejer las siete camisas, y cuando ya estaba a punto de morir, aparecieron los siete cisnes que se transformaron en siete gallardos jóvenes, eran los siete hermanos de la princesa.
Ella pudo hablar y por medio de la palabra explicó lo que había sucedido, entonces dijo: "Ahora que he cumplido mi promesa de no reír, ni llorar, ni hablar para recuperar a mis hermanos, puedo hablar y contar la verdad".
El príncipe emocionado, confundido y feliz de saber que su esposa hablaba y podía contar todo lo que en verdad le estaba sucediendo inmediatamente decidió suspender la condena.
Entonces, todos fueron a recuperar los tres niños que estaban escondidos en una cueva y descubrieron el engaño de la madre del príncipe.
Después, todos vivieron inolvidables momentos de felicidad.
Hans Christian Andersen

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