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EL GATOPATO Y LA PRINCESA MONILDA RESUMEN

Una vez, en el bosque de Gulubú, apareció un Gatopato ¿Cómo era? Bueno, con pico de pato y cola de gato. Con un poco de plumas y otro poco de pelo. Y tenía cuatro patas, pero en las cuatro calzaba zapatones.
¿Y cómo hablaba? Lunes, miércoles y viernes decía miau. Martes, jueves y sábados decía cuac. ¿Y los domingos? Los domingos, el pobre Gatopato se quedaba turulato sin saber qué decir. Una mañana calurosa tuvo ganas de darse un baño y fue hasta la laguna de Gulubú. Toda la patería lo recibió indignada: – ¿Qué es esto?- decían los patos -, ¿un pato con cola de gato? Y era lunes, el Gatopato contestó: miau, ¡Imagínense!¿Se imaginaron? Los patos se reunieron en patota y le pidieron amablemente que se marchara, porque los gatos suelen dañar a los patitos. Y pobre Gatopato se fue muy callado, porque si protestaba le iba a salir otro miau. Caminó hasta un rincón del bosque donde todos los gatos estaban en asamblea de ronrón, al solcito.Y como el Gatopato los saludó diciendo miau, lo dejaron estar un rato con ellos, pero sin dejar de mirarlo fijamente y con desconfianza. El pobre Gatopato, naturalmente, se sintió incómodo entre tanta gente distinguida. Muchos días pasó el pobre Gatopato completamente turulato y llorando a cada rato adentro de un zapato. Hasta que una tarde pasó por el bosque la princesa Monilda, vestida de organdí, y lo vio, llorando sin consuelo, a la sombra de un maní.
– ¡Qué precioso Gatopato!- dijo la princesa.- ¿De veras te parezco lindo, princesa? – preguntó el Gatopato.-¡Precioso, ya te dije!- contestó la princesa.- Sin embargo, aquí en el bosque nadie me quiere – se lamentó el Gatopato.- Si quieres, yo te puedo querer – le dijo la princesa cariñosa.- Sí, quiero que me quieras – dijo el Gatopato -, siempre que tú quieras que yo quiera que me quieras, princesa.- Yo sí quiero que me quieras, – dijo la Princesa.- ¡Qué suerte! – dijo el Gatopato.- Hacía años que quería tener un Gatopato en palacio – dijo la princesa. Y lo alzó delicadamente, le hizo mimos y se lo llevó a palacio, donde el Gatopato jugó, trabajó, estudió y finalmente se casó con una sabia Gatapata. La princesa cuidó a toda la familia gatipatil, dándoles todos los días una rica papilla de tapioca con crema chantilly. Y todos vivieron felices hasta la edad de 99 años y pico. Y de este modo tan grato se acaba el cuento del Gatopato.
María Elena Walsh.