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HISTORIA DE UN CAÑONCITO - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

HISTORIA DE UN CAÑONCITO
Si ha habido peruano que conociera bien su tierra y a sus hombres, ese fue Castilla. Para él la empleomanía era la tentación irresistible en los hijos de la patria nueva.
Estaba el mariscal en su primer gobierno y era su onomástico (31 de agosto de 1849). En Palacio había lo que en la Colonia se llamó “besamano”, y en la República, igual.
Acercose un joven y le obsequió un dije para reloj. Era un microscópico cañoncito de oro montado sobre una cureñita de filigrana de plata; un trabajo primoroso.
- ¡Eh! Gracias... mil gracias por el cariño -contestó el Presidente, cortando las frases con su manera peculiar-.
Colóquenlo sobre la consola de mi gabinete -ordenó. El artífice se empeñaba en que examinara la delicadeza de la joya; pero Castilla se excusó diciendo:
- No, está caro gado, no Juguemos con armas peligrosas... y corrían los días y el cañoncito, sobre la consola, era comentario para los amigos del Presidente...
_ ¡Eh!, caballeros, -advertía Castilla- hacerse a un lado, el cañoncito apunta... no sé si la puntería es alta o baja... pronto hará fuego... no hay que arriesgarse... retírense. Y tanto era su afán, que vieron en la joya algo más peligroso que una bomba Orsini o un torpedo Withead.
Al cabo de un mes, el cañoncito salió de la consola para ubicarse entre los dijes de la cadena de su reloj.
_ ¡Amigos!, -les dijo Castilla- ya hizo fuego el cañoncito: puntería baja, poca pólvora, proyectil diminuto.
¿Qué había pasado? Que el artífice aspiraba a una modesta plaza de inspector en la aduana del Callao, y que don Ramón acababa de acordarle el empleo.
MORALEJA: “Los regalos que hacen a los grandes son, casi siempre, como este cañoncito. Traen entripado y puntería fija. Hasta que ¡pum!, lanzan el proyectil”.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LA CAJETILLA DE CIGARROS - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LA CAJETILLA DE CIGARROS
El día 7 de junio de 1880, corrió a raudales sangre peruana en el Morro de Arica. Bolognesi, el inmortal soldado, había sucumbido; cayendo en torno suyo novecientos bravos peruanos.
Seis mil quinientos chilenos se adueñaron del Morro, con ciento cuarenta y cuatro muertos. No fue un esfuerzo heroico, sino el número abrumador de sus soldados.
Al enterarse, un capitán peruano detonó con su rifle una mina, matando a tres enemigos. Disipado el humo, el capitán García y cuatro soldados fueron rodeados por treinta chilenos al mando del teniente Luján, tomándolos prisioneros. Llegó un coronel, quien ordenó al oficial:
Vaya a la falda del Morro y fusílelos. E iniciaron el descenso. Habrían caminado una cuadra cuando García se detuvo y, sereno, le dijo al oficial:
¿Me permite, teniente, encender un pitillo?
_ No hay problema. Fume hasta llegar a la falda.
_ ¿Fuma usted, teniente? -añadió García.
_ Sí, gracias -contestó Luján aceptando un cigarro.
_ Bueno, -siguió García- siendo mi último cigarro, hago a usted mi heredero de los que quedan en la cajetilla.
_ Gracias, -dijo Luján- es usted muy valiente...
Ya llegaban, cuando resonaron unos gritos:
_ ¡Eh! ¡Luján! -era otro chileno- ¡Párase! ¡Espéreme!
El coronel resolvió que su orden era Injusta y feroz.
_ Ordena el coronel - dijo el emisario - que no fusiles a estos cholos y que los lleves al depósito de prisioneros.
- Me alegro - contestó Luján - porque el capitancito me ha sido simpático...
Me ha hecho su heredero.
Frente a los cautivos expresó:
- Traigo buenas noticias, ya no los fusilo.
- Entonces,
-contestó el imperturbable capitán- se quedó usted sin herencia. Devuélvame mi cajetilla.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

UNA GENIALIDAD - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

UNA GENIALIDAD
En el ejército de Salaverry había unos treinta oficiales excedentes, a los que se les llamaba “rabones”.
Iban en las marchas a la vanguardia, siendo los primeros en llegar a los pueblos, donde cometían extorsiones infinitas. Al entrar las tropas, ya ellos habían tomado los mejores alojamientos y matado el hambre y la sed. Con frecuencia, recibía Salaverry quejas de los vecinos por sus abusos, hasta que – fastidiado - llamó al jefe del Estado Mayor, José María Lastres, y le dijo: Coronel, reúnalos, califíquelos y destínelos.
Lastres escogió veinte. Quedaron nueve o diez, a quienes consideró peligroso colocarlos en el ejercicio.
Al día siguiente, le preguntó don Felipe Santiago: y bien, coronel... ¿qué ha dispuesto con los rabones?
_ He colocado a veinte en el ejército; pero de los otros, Que son corrompidos, francamente, no sé Qué hacer.
_ ¿No sabe Qué hacer con ellos? Pues, fusílelos.
_ ¡Fusilarlos, mi general! -exclamó asustado lastres...
_ Sí, fusílelos hoy mismo. La patria ganará deshaciéndose de oficiales indignos de la honrosa carrera de las armas...
_ Que los mate el enemigo y no nosotros -arguyó lastres. y le costó lograr Que Salaverry revocase la orden:
_ Impóngales la orden de tomar un fusil y batirse siempre que haya cambio de balas. Ya Que no pueden servir como oficiales, Que sirvan como hombres - dijo Salaverry.
Pero, la genialidad del jefe supremo no fue secreto para los rabones. Sabiendo Que arriesgaban la pelleja, cambiaron un tanto su conducta; comportándose heroicamente en Uchumayo y Socabaya. Todos menos tres, en diez días, murieron como bravos en defensa de su bandera y del caudillo que representaba la causa de la voluntad peruana.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

UN NEGRO EN EL SILLÓN PRESIDENCIAL - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

UN NEGRO EN EL SILLÓN PRESIDENCIAL
El día 23 de febrero de 1835, a pocos días de ascendido a general de brigada por el presidente Orbegoso, se sublevó en el Callao Felipe Santiago Salaverry contra el gobernante, pues Orbegoso tuvo la debilidad de ceñirse al poder con la ayuda de fuerzas bolivianas.
Forzado Salaverry a iniciar campaña sobre Arequipa dejó en lima, como prefecto y con ciertas facultades de mandatario, al coronel José Ángel Bujanda; Quien para resguardar la capital, sólo disponía de cuarenta soldados de caballería y menos de cien infantes actuando como policías, pues los montoneros mantenían en vilo al vecindario, haciendo disparos y al grito de: ¡viva Orbegoso!
Una mañana, salió Bujanda con los cuarenta jinetes a batir una montonera, entre Surco y Miraflores. Y a eso del mediodía se presentó en Malambo el negro león Escobar, capitán de una facción de treinta bandidos.
Galopó desde San Lorenzo hasta Palacio, cuya guardia con un teniente, un sargento y seis soldados no opusieron resistencia. Ingresó allí, mientras que la montonera -frente al atrio de la Catedral- vitoreaba a Orbegoso.
Hubo pánico y las puertas se cerraron. Tres ediles, que se hallaban en la Casa Municipal, tuvieron el valor de ir a Palacio para pedir a Escobar que evite los excesos.
El negro Escobar, arrellanado en el sillón presidencial, los recibió con cortesía, prometiendo que no habría desmanes siempre que el municipio le pagara un cupo de cinco mil pesos para atender a su gente. La cita terminó, aviniéndose los concejales a pagar la mitad del cupo.
Conocí en mi mocedad a uno de los ediles, quien me aseguró que el retinto negro, en el sillón presidencial, se portó con igualo mayor cultura que los de piel blanca.
A eso de las tres y vivando a su caudillo, la montonera abandonó la capital. Bujanda, llegó de su excursión por Chorrillos y Miraflores, en la que no quemó pólvora.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

MINUCIAS HISTÓRICAS - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

MINUCIAS HISTÓRICAS
Ramón Castilla nació en Tarapacá en 1797 y era ocho años menor que su hermano Leandro, quien a la muerte del padre ejerció para con aquellas funciones casi paternales.
Era Leandro capitán del ejército español; y cuando la campaña contra los patriotas de Chile llevó a Ramón como cadete, obteniendo en poco tiempo el ascenso a subteniente.
Tan luego como en 1821 se produjo la Independencia, Ramón - ya teniente - se unió al ejército patriota.
En la batalla de Ayacucho, herido Ramón en un brazo, fue conducido a un hospital y colocado en el salón de oficiales de ambos bandos. De pronto, alguien gritó: “¿Dónde está el oficial Castilla?”.
Aquí, a la derecha -contestó Ramón, a la vez que otro herido decía: “Aquí, a la Izquierda”.
Heridos por distinta bandera, los hermanos se reconciliaron.
Leandro viajó a España. Fernando VII lo hizo coronel, dándole un alto empleo. Al morir el rey, luchó en la Guerra Civil, por lo que Carlos V lo ascendió a brigadier.
En 1865, el mariscal fue proscrito a Europa. Leandro había muerto; pero lo visitó Dolores, viuda del brigadier.
El mariscal debió llegar al Callao el 28 de abril de 1866 para intervenir en el combate del Dos de Mayo; pero sufrió un robo y su arribo sucedió recién ello de mayo.
El dictador quería a Castilla fuera. Su secretario de Relaciones Exteriores: Toribio Pacheco. Le envió en enero de 1866 su nombramiento de Plenipotenciario en Francia, pero fue devuelto con este texto: “Al no aceptar el cargo, le devuelvo el nombramiento, pliego y libranzas”.
Al volver, en Tarapacá, se alzó contra la dictadura y cabalgó en campaña sobre
Tacna. Al llegar a Tiviliche cayó moribundo. Los oficiales Beingolea y Tomás Gutiérrez me refirieron que sus últimas y enigmáticas palabras fueron: “Valientes, sí, ¡adelante la patria... imposible!”.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LOS TESOROS DE CATALINA HUANCA - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LOS TESOROS DE CATALINA HUANCA
Pachacútec logró someter a los huancas, pero reconociendo por cacique a Oto Apu-Alava, Preso Atahualpa, envió Pizarro fuerzas a todo el imperio. Apu- Alaya no demoró en reconocerlo, a trueque de conservar sus títulos. Y Pizarro, sagaz político, se unió a él; llevando al bautizo, en calidad de padrino, a Catalina Apu-Alava o Catalina Huanca.
Calcúlase en cien mil pesos los azulejos y maderas que donó para erigir el convento San Francisco; y asociada al arzobispo Loayza, el hospital de Santa Ana.
Los indios la trataban como reina y los españoles, por codicia, la respetaban al verla traer -de la Sierra a Lima- cincuenta acémilas cargadas de oro y plata.
Al cura de San Jerónimo, en 1642, e le avisó que el arzobispo Pedro Villa Gómez había nombrado un visitador.
Debían agasajarlo y no tenía los medios. Su sacristán, un indio viejo, asumió la congoja del cura.
- Déjate vendar, -le dijo- y te llevaré hasta un tesoro.
Pensó que el indio había bebido, pero acabó por ir con él. Tras idas y venidas para marearlo, bajaron a un subterráneo, le quitó la venda y el cura se quedó helado. Veía ídolos de oro en andas de plata y barras de este reluciente metal esparcidas por el suelo.
El visitador se quedó tres días de tanto boato.
Poco después, el cura empezó a perder peso y a divagar. ¿Y el sacristán?, como si la tierra se lo hubiera tragado.
Pensó el cura que el indio había sido el diablo, y regalo del infierno el oro y plata obsequiados. Y a tanto llegó su angustia, que se encaprichó en morirse y así lo hizo.
En el archivo de Ocopa está su testimonio sobre el tesoro que el diablo le hizo ver. Y existe en San Jerónimo la casa de Catalina Huanca. El pueblo cree que allí yace su tesoro; y siguen excavando para evitar que se críe moho.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

EL ROSAL DE SANTA ROSA - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

EL ROSAL DE SANTA ROSA
En 1581, el griego Miguel Acosta y navieros de lima hicieron una colecta para fundar un hospital destinado a la asistencia de marineros atacados por la terciana y la disentería. Nació así, el hospital del Espíritu Santo. Al otro lado había un gran lote, donde su dueño Gaspar Flores edificó unos cuartos, en uno de los cuales nació el 30 de abril de 1586 Santa Rosa de lima; siendo Papa, Sixto V; rey de España, Felipe 11; arzobispo, Toribio de Mogrovejo y gobernador, Martín Enríquez “el Gotoso”.
En un espacio ocioso, Rosa cultivó su jardinillo. Las rosas, según Garcilaso, no se producían en el Perú.
Grande fue la sorpresa de Rosa al ver que había brotado un rosal en su huerto; de cuyos retoños se proveyó la gente para adornar sus cabelleras. Y hasta el empirismo médico le descubrió virtudes, pues sus hojas secas se guardaban para la curación de complicadas dolencias.
Cuentan que cuando en 1669 presentaron a Clemente IX el expediente para su beatificación, murmuró...
- ¿Santa y limeña? ¡Hum! Tanto da una lluvia de rosas.
Y perfumadas hojas cayeron sobre él. Así nació su afán por ella, pues firmó su beatificación (12 de febrero de 1669) y su nominación como Patrona del Perú, reformando la Carta de Urbano VIII para acelerar la canonización.
Muerto Clemente IX legó en su testamento una suma para erigir en Pisto ya, su ciudad, una capilla a Santa Rosa. El dominico Parra, en su “Rosa Laureada”, (Madrid, 1760) dice que la primera firma que como monarca puso Felipe IV fue para pedir la beatificación de Rosa.
En febrero de 1672, siendo virrey el Conde de Lemus, se celebró la canonización; y las calles se pavimentaron con barras de plata, cotizadas en ocho millones de pesos.
Años después, Pedro de Valladolid y Andrés Vilela, dueños del lote, lo cedieron para edificar su Santuario. El rosal se llevó al jardín del convento de los dominicos.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LOS RATONES DE FRAY MARTÍN - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LOS RATONES DE FRAY MARTÍN
Comieron en un plato: perro, pericote y gato. Con este pareado circulaba un impreso de milagros, allá por 1840, durante la beatificación de Fray Martín de Porres.
Nació en lima el 9 de diciembre de 1579; hijo del español Juan de Porres y de una panameña. Desde muy niño, llevolo su padre a Guayaquil, donde aprendió a leer y escribir. A su regreso, aprendió el oficio de barbero en Malambo.
Mal se avino Martín con la navaja, optando por la carrera de santo. Vistió a los veintiún años de lego en Santo Domingo, donde murió el 3 de noviembre de 1639.
El lego tuvo apego por los pericotes, que llegaron con un cargamento de bacalao que envió el obispo de Palencia.
Los indios les decían hucuchas o salidos del mar. Ya en el convento, campeaban en celdas, cocinas y refectorios.
Los gatos, muy escasos, fueron traídos por el soldado Montenegro que vendió uno a Almagro “el Viejo”.
Aburridos los frailes, inventaron trampas para cazar ratones. Martín puso una en la enfermería y uno bisoño, atraído por el queso, se dejó atrapar en ella.
-Hermanito, - le dijo Martín - diga a sus amigos que vayan a la huerta, que yo les llevaré alimentos cada día. y la ratonil muchitanga se mudó a la huerta.
Martín los visitaba y ellos acudían como llamados con campanilla.
Tenía también un perro Y un gato que comían en un solo plato. Una tarde, el perro gruñó y encrespose el gato, pues un ratón - atraído por el olor - asomó el hocico fuera de su agujero. Martín, mirando a perro y gato, les dijo:
- Cálmense, criaturas de Dios; - y acercándose al agujero, añadió - salga sin cuidado, hermano pericote, debe tener hambre; apropíncuece que no le harán daño... Y ustedes, denle un lugar al convidado, que Dios da para tres.
El ratón, sin hacerse de rogar, aceptó el convite; y desde ese día comió en amor y compañía de perro y gato.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

FRAY MARTÍN YA NO HACE MILAGROS - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

FRAY MARTÍN YA NO HACE MILAGROS
Para santo milagroso, mi paisano Fray Martín de Porres.
El escritor, padre Ventura de la Ráulica, en su panegírico de Fray Martín (1863) refiere que estuvo el santo en las Molucas, China y Japón, libertando del martirio a jesuitas misioneros, pues Dios le concedió el privilegio de la doble presencia. Consta en su proceso de canonización.
En pleno siglo XVII, todas las mañanas acudían a Santo Domingo un cardumen de viejas y muchachas devotas en demanda del lego. Fastidiado el prior de que acudieran más faldas que al jubileo, resolvió sentenciar padre – dijo el lego.
- Le prohíbo hacer milagros Sin antes pedirme permiso.
- Acato la prohibición, reverendo padre -dijo el lego.
Pero, seguía haciendo milagros de poca monta.
Un día resbalose del andamio un pobre albañil, y en su cuita gritó:
“¡Sálveme!”. Fray Martín alzó las manos y le dijo: “Espere, que voy por la licencia”. Y el albañil esperó en el aire. - ¿Qué permiso voy a dar si ya está el milagro? -dijo el prior - En fin, anda y remátalo, pero que no se repita.
Fallecido en noviembre de 1639, a los sesenta años, nadie se quedó sin reliquia de un reta cito del hábito o sin una pulgada de tierra de la sepultura; la que, dizque, curaba la diarrea. Las reliquias se fueron al olvido, y las del convento, el arzobispo republicano Jorge Benavente, el 28 de setiembre de 1837, las remitió a Roma. ¡Si hemos sido ingratos, que ya no tenemos ni sus reliquias!
El difunto no anduvo remolón para hacer milagros. Por eso, una mañana se levantó con la vena gruesa el prior y junto a la sepultura, le dijo solemne:

“Hermano Martín, siempre me obedeciste, y no creo que en el cielo te hayas vuelto orgulloso: ¡basta de milagros... No vuelvas a hacerlos!”.
Lo que Fray Martín sigue acatando, pues de sus milagros prodigiosos, después de 1640, nada. Hoy, lo más hacedero me parece criar moscas con biberón que hacer milagros.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

EL PADRE PATA - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

EL PADRE PATA
Cuando San Martín desembarcó en Pisco con el ejército libertador, no faltaron ministros que, como el Obispo Rangel, predicasen atrocidades contra los patriotas. Que vociferen los que arriesgan la pelleja es justo; pero no que los ministros de Dios aticen el fuego. Como aquel que en una catástrofe daba alaridos: “¡Cállese, marica! ¡Quejarse por un pie torcido cuando ve muerto que no chilla!”,
Tras el curato de Chancay estaba el franciscano Fray Matías Zapata, un godo que después de la misa dominical exhortaba a los feligreses para \que se mantuviesen fieles al rey: Refiriéndose al generalísimo, predicaba así: “El nombre de ese insurgente de
San Martín es una blasfemia y está en pecado mortal lo que pronuncie: ¿Qué tiene de santo el malvado? ¿Llamarse así, con agravio del caritativo San Martín de Tours?...
Confórmese con llamarse Martín, - añadió - por lo semejante con el hereje Martín Lutero, que debe arder en el infierno. Declaro excomulgado a todo el que grite: ¡viva San Martín!, porque es mofarse de nuestro Dios.
Los patriotas ocuparon Huacho y Chancay, y entre los caídos en chirona se encontraba Fray Matías. Llevaron al frailuco ante San Martín:
- ¿Es cierto que me ha comparado con Lutero, - le dijo San Martín - y que le ha quitado una sílaba a mi apellido?
El cura tembló y apenas si hilvanó que había cumplido órdenes y que predicaría devolviendo la sílaba.
-No me devuelva nada, -dijo el general- pero sepa usted que yo, en castigo de su insolencia le quito también la primera sílaba de su apellido, y lo fusilo el día que firme Zapata. Desde hoy no es usted más que el padre “Pata”.
Y, hasta 1823, no hubo en Chancay documento parroquial que no llevase por firma “Fray Matías Pata”. Vino Bolívar, y le devolvió el uso de la sílaba eliminada.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LOS MOSQUITOS DE SANTA ROSA - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LOS MOSQUITOS DE SANTA ROSA
Cruel enemigo es el mosquito cuando revolotea haciendo imposible el sueño. ¿Qué reposo para leer o escribir si lo interrumpe el animalejo?
No hay más que coger el plumerillo para ahuyentar al malcriado.
Acaban con la paciencia de un santo y lo hacen renegar como poseído.
Por eso mi paisana Santa Rosa, valiente para soportar dolores, llegó a sufrir -sin refunfuño - las picadas y la orquesta de los alados musiquines. Y ahí va la tradición.
En casa de Rosa hubo un espacioso huerto, donde edificó una ermita para la penitencia. Los pantanales que las aguas formaban eran criaderos de mosquitos, y como la santa no podía pedir a su Divino esposo que alterase las leyes naturales, optó por dialogar con ellos: prometió no molestarlos, y ellos; ni picarle, ni hacer ruido.
Los bullangueritos guardaban compostura, hasta que al levantarse la santa, les decía:
“¡Id a alabar a Dios!”. Y empezaba un concierto hasta que Rosa pedía:
“Ya está bien, ahora vayan a buscar alimento”.
Al anochecer los convocaba, diciéndoles:
“Alaben conmigo al Señor, que los ha sustentado hoy. Y a recogerse, formalitos y sin hacer bulla”.
De visita, los mosquitos se cebaron en la beata Catalina. Y ella, Que no aguantaba pulgas, aplastó al atrevido.
- ¿Qué hace? - dijo Rosa -. ¿Así mata a mis amiguitos?
- Enemigos mortales, dijera yo -replicó la beata.
Rosa suplicó y no hubo zancudo que picara a Catalina.
Frasquita Montoya, beata de la Orden, se resistía a acercarse a la ermita, por temor a los jejenes.
- Pues tres te han de picar, -le dijo Rosa- uno en el nombre del Padre, otro en nombre del Hijo y otro en nombre del Espíritu Santo.
Y sintió la Montoya el aguijón de tres mosquitos.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LA TRADICIÓN DEL HIMNO - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LA TRADICIÓN DEL HIMNO
En 1810 había en el convento dominico y en el de los agustinos, una Academia de música, dirigida por Fray Pascual Nieves. Entra los pasantes destacaba un niño de doce años nacido en 1798, José Bernardo Alcedo, humilde donado.
A sus diez y ocho, sus motetes y una misa en “Re mayor” sirvieron de base a su reputación como músico.
Jurada en 1821 la Independencia, San Martín convocó a concurso para adoptar nuestro Himno Nacional.
Seis fueron los autores finalistas: la del músico mayor del batallón Numancia; la del maestro Huapaya; del maestro Tena; del maestro Filomeno; del padre Fray Cipriano Aguilar y la del maestro Alcedo.
Terminada la ejecución de este último, San Martín, de pie, exclamó: “¡He aquí el Himno Nacional del Perú!”,
Sería estrenado en el teatro, el 24 de setiembre de 1821 bella Rosa Merino cantó as estrofa s en medio de aplausos y Alcedo fue fervientemente ovacionado.
Mejores versos que los de José de la Torre merecía el magistral himno.
Pero, con todos sus defectos, no debemos alterarlo sino acatarlo como reliquia de nuestros padres, que con su sangre fecundaron la libertad y la república.
Cuerpos del Ejército solicitaron a San Martín que les destinase a Alcedo como, mayor; pero él optó por el batallón 4 de Chile. Cuarenta años pasó al, como maestro de capilla de la Catedral hasta 1864.
Entonces, el Perú lo hizo venir para confiarle la organización de un Conservatorio, que no llegó a erigirse por la inestabilidad de nuestros políticos.
Pero Alcedo, como director de bandas militares disfrutó hasta su muerte -en 1879- el sueldo de doscientos soles al mes.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LA LLORONA DEL VIERNES SANTO - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LA LLORONA DEL VIERNES SANTO
Había en lima una asociación de mujeres garabateadas de arrugas, cuyo oficio era gimotear y echar lagrimones como garbanzos.
Viejas como el pecado, feas como un chisme y con pespuntes de bruja y rufiana.
En España las llamaban plañideras; en el Perú, lloronas. No bien fallecía uno, sus deudos se echaban en busca de la llorona más famosa, la cual contrataba a las comadres de compañía. El estipendio era de cuatro pesos para la jefa y dos para cada subalterna. Añadiendo algunos realejos más, debían hacer algo extra como patatuses y convulsiones epilépticas. Esperaban en el templo el paso del cadáver para dar rienda suelta a su aflicción de contrabando.
Parecía que llevaban en el cuerpo un almacén de lágrimas o lo fingían, pasándose por los ojos zumo de ajos y cebollas. Y mentían, al exaltar las virtudes del muerto:
- ¡Ay! ¡Tan generoso! - y el del cajón había sido usurero.
- ¡Ay! ¡Tan valiente! - y el infeliz había muerto de espanto.
- ¡Ay, ay! ¡Tan honrado! - y el difunto merecía la horca.
Quedaba aún el lobo por desollar: recibir el duelo en casa y por treinta noches.
Cubrían de negro la sala, haciendo más terrorífica la escena. Desde las siete, el duelo parecía cita de mudos. Sólo ellas podían sonarse con fuerza y lanzar un “¡Ay Jesús!”, similar a una queja del otro mundo.
De pronto, un travieso largaba varios ratoncillos, generando gritos y pataletas. A las ocho terminaba todo.
Pero entre todas había una que era la nom plus ultra, la que sólo asistía al entierro del virrey, del obispo u otros encumbrados. Distinguíase como la llorona del viernes Santo.
Lo ven. Si había en lima oficio productivo era el de las lloronas. Pero vino la Patria con sus impiedades y ahora da grima morirse; pues ya no nos lloran en regla. Se remplazaron con algo peor si cabe: las necrologías de los periódicos.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

EL CLARÍN DE CANTERAC - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

EL CLARÍN DE CANTERAC
Recio batallar de caballerías patriotas y realistas en Junín. Combate de centauros más que de hombres.
Canterac, seguido de su clarín de órdenes, recorría el campo y tocaba “a degüello”. Se le oía en todas partes. Como la trompeta del juicio final, hacía dudar el éxito.
Necochea y Miller enviaron sus unidades, sin más encargo que el de hacer enmudecer el clarín español. Empeño inútil. Sus ecos eran cada vez más siniestros para la caballería patriota, comenzando a cundir el desorden.
Necochea, acribillado, caía del caballo diciendo al capitán Hernán: “Déjeme morir; pero acalle ese clarín”. La caballería realista ganaba terreno y un sargento Soto capturaba a Necochea. La derrota parecía inminente. El sol incaico se eclipsaba y la estrella de Bolívar palidecía.
De pronto cesó el clarín. ¿Qué había pasado?
Un escuadrón peruano recién formado o “recluta”, carga bizarramente por la retaguardia; el combate se restablece, se rehacen y se vuelven sobre los españoles.
- ¡Victoria por la patria! - dice Necochea a los realistas.
- ¡Victoria por el rey! -contesta el sargento Soto.
- ¡No! -dice Necochea - Ya no se oye el clarín de Canterac.
La victoria era para el Perú y rescataban a Necochea.
- ¡Vivan los húsares de Colombia! -gritó un jefe a Bolívar.
- ¡La pimpinela! -dijo Bolívar- ¡Vivan los húsares del Perú!
Hernán capturaba al infatigable clarín de Canterac, y lo presentaba rendido ante Necochea, quien le dijo:
- ¡Que lo fusilen... o que se meta de fraile!
- Mi general, me haré fraile -contestó el prisionero.
- Pues estás libre. Haz de tu capa un sayo.
Terminada la guerra de la Independencia, el clarín de Canterac vistió en Bogotá el hábito, en el convento de San Diego. La historia lo conoce como “el padre Tena”.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

EL PEJE CHICO - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

EL PEJE CHICO
En 1575 vivió en Trujillo un cacique conocido entre los españoles como Antonio Chayhuac y entre los indios, como el rico heredero de Chimú Chumamanchu, último cacique de Mansiche. Era creyente y cultivaba la tierra.
Por entonces, el buhonero español Garci -Gutiérrez de Toledo hacía viajes de Lima a Trujillo. Huésped del cacique, el indio llegó a estimarlo tanto que lo hizo padrino de dos de sus hijos. Amargado, el vendedor era ambicioso y su trabajo no lo enriquecía. Antonio le aconsejaba, pero Garci - Gutiérrez quería monedas... no palabras.
- Pues bien, -le dijo Antonio- ya que tu dicha es el oro voy a hacerte rico, pero júrame que serás caritativo...
Codicioso, prometió. Antonio lo condujo Q una huaca oculta en ruinas trujillanas, asomando ídolos de oro macizo. Garci - Gutiérrez enloqueció: reía, lloraba y abrazaba al indio.
En el centro había un pez de oro, con ojos de esmeraldas.
- Es tuya -le dijo Antonio- la huaca del Peje chico. Sé feliz y si cumples te llevaré a la del Peje grande.
Corrieron los años, y el buhonero vio esfumarse su fortuna en banquetes y en regalos a la nobleza. En cuanto a la caridad y las limosnas para el culto, nada.
Entonces se acordó de su compadre y fue a Mansiche:
- ¡Estoy arruinado! -clamó-. Bríndeme el Peje Grande.
- Ni loco -dijo Antonio-. Me iré con el secreto a la tumba.
Lloró, suplicó; pero se impuso la tenacidad del indio. En Lima buscó a su primo, el virrey, pero había partido a España. Pobre, sus otrora amigos le huían, y por renegar de su cuna, fue despreciado por el pueblo. Enfermo y viejo, logró una celda y pan en el convento franciscano.
Atahualpa ofreció a Pizarro pagar en oro su rescate y envió emisarios para incrementar el tesoro que esperaba en Cajamarca.
Pero asesinaron al Inca. Al enterarse, los emisarios enterraron el oro que conducían. Tal sería el origen de las huacas del Peje grande y del Peje chico.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LA ÚLTIMA FRASE DE BOLÍVAR - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LA ÚLTIMA FRASE DE BOLÍVAR
Sucedió en la hacienda San Pedro Alejandrino, en una tarde de diciembre de 1830.
En el espacioso corredor y sentado en un sillón, veíase a un hombre demacrado, a quien una tos tenaz convulsionaba de hora en hora. El médico le propinaba una poción calmante, y dos viejos militares, que silenciosos y tristes paseaban en el salón, acudían solícitos al corredor.
Más que de un enfermo, se trataba ya de un moribundo; pero de inmortal renombre.
Pasado un fuerte acceso, el enfermo se sumergió en profunda meditación, y luego dijo con voz muy débil:
- ¿Sabe usted, doctor, lo que me atormenta al sentirme ya próximo a la tumba?
- No, mi general.
- la idea de que tal vez he edificado sobre arena movediza y arado en el mar.
Una sonrisa tristísima se dibujó en su rostro y...
- ¿No sospecha usted, doctor, quiénes han sido los tres más insignes majaderos del mundo? -dijo pausadamente.
- Ciertamente que no, mi general.
- Acérquese usted, doctor... se lo diré al oído. Los grandísimos majaderos del mundo hemos sido Jesucristo, Don Quijote y... yo.

Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

SECRETO DE CONFESIÓN - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

SECRETO DE CONFESIÓN
Fray Pedro Marieluz nació en Tarma, en 1780. Educose en el noviciado y en, 1805 recibió las órdenes sacerdotales.
Estábamos en vías de “independizarnos” y la moda era ser patriota; pero él era más realista que el rey. Cuando en julio de 1821 abandonó.
La Serna la capital, fue Maneluz uno de los que siguieron al ejército español y el Virrey lo hizo capellán. Posesionado Ramón Rodil de los castillos del Callao, se le unió como vicario castrense.
Derruido el poder español en la batalla de Ayacucho y sitiado el Callao, el padre resistió en el Real Felipe; pero en setiembre de 1825, la conspiración cundía entre ellos.
Una noche, Rodil se entero que estallaría una revolución liderada por el oficial Montero. Los apresó, pero ellos se negaron a hablar. Ordenó fusilarlos a todos, llamando Maneluz para que proceda a confesarlos.
Algunos de los fusilados dejaban esposa, madre o hermana. Rodil hizo que llegasen al bando patriota para dar a saber su ferocidad al derrotar revoluciones. Nadie, en los cuatro meses que duró el sitio, volvió a conspirar.
- ¿Quién sabe -pensaba Rodil- si vivirán otros rebeldes? El confesor ha de saberlo ... ¡Ea, que llamen a Marieluz! Y venido este, encerrose con él y le dijo:
- Seguro, que en la confesión le han revelado sus planes. En nombre del rey exijo que lo cuente todo.
- ¡No sacrificaré mi salvación revelando ese secreto! -dijo el fraile.
- ¡Fraile, -amenazó Rodil- o lo cuentas todo o te fusilo!
- Si Dios ha dispuesto mi martirio, hágase su voluntad.
- ¡Capitán Iturralde!.. Aquí cuatro “budingas” con bala... ¡De rodillas, fraile!
- rugió la fiera del castillo. ¡Apunten! – Gritó - ¡Por fin, le intimo a que declare!
- En nombre de Dios me niego a declarar -contestó.
- “¡Fuego!” y Fray Pedro Marieluz, doble mártir de la religión y del deber, cayó destrozado por las balas.

Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

UNA CHANZA DE INOCENTES - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

UNA CHANZA DE INOCENTES
El escritor boliviano D. C. Balsa relata la broma que tres lindas chuquisaqueñas le dieron al libertador Bolívar. Ese día evoca la cristiandad la degollina de los “Inocentes”, cuyo número (según San Juan) subió a ciento cuarenta y cuatro mil parvulitos, en edad del destete.
EI 28 de diciembre es lícito pegar un petardo, cuya grosería se disimula con una décima o un romancillo:
“Sea constante y corriente / y quede ejecutoriado, / sin correrse más traslado, / que es usted un inocente”.
Días llevaba en Chuquisaca, cuando el 28 de diciembre de 1825 visitó a Bolívar un indio con una sopera de plata.
“Mis señoritas Calvimontes, - le dijo - le envían a su merced este chupe de leche para el almuerzo”.
Pertenecían a una rica familia y Bolívar, que se pirraba por las hijas de Eva, feas o bonitas, sonriose y dijo:
- Di a tus patronas que estimo el cariño.
Llegó el momento de embestir al chupe y destapada la sopera, viose que era de imposible masticación: una guirnalda de filigrana de plata con flores de oro.
- Estas niñas son tan lindas como traviesas - dijo Bolívar.
Pero en el fondo había una tarjeta, y Bolívar, conforme la leía, su fisonomía alteraba. La estrujó, lanzando un sonoro: “¡La pimpinela!”. Se levantó con mal humor y se dispuso, no a visitar a las jóvenes, sino a dejar Chuquisaca, ordenando devolver la guirnalda. Esto decía la tarjeta: “Aquí yace la inocencia / en un letargo profundo: no se la busque en el mundo, / porque perdió la existencia. Pasajero, tu presencia / puede causarle rubor, no perturbes el sopor, / de tus generosos manes; auséntate, no profanes / este túmulo de honor”.
Los dos últimos versos, dice Balsa, Bolívar no los pudo pasar, pues no era una chanza de “inocentes angelitos”.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LOS INCAS AJEDRECISTAS - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LOS INCAS AJEDRECISTAS
Hernando de Soto, Juan de Rada, Francisco de Chávez, Blas de Atienza y el tesorero Riquelme se reunían todas las tardes en Cajamarca, donde estuvo preso Atahualpa desde el 15 de noviembre de 1532 hasta su muerte, el 29 de agosto de 1533. Jugaban ajedrez en dos tableros, toscamente pintados, y las piezas eran del barro empleado para la alfarería.
El Inca, aunque permanecía sentado junto a su amigo de Soto, no daba señales de saber el juego. Pero en una partida entre de Soto y Riquelme, intentó Hernando mover el caballo y el Inca, tocándole el brazo, le dijo: “No, no... ¡El castillo!”.
De Soto jugó la torre y sufría Riquelme inevitable mate. Desde entonces, Hernando invitaba alinea Atahualpa a jugar, siendo digno discípulo del maestro, jugando de igual a igual; pero el inca pagaría con su vida el mate de Riquelme.
De los 24 jueces convocados por Pizarro, se le condenó por 13 votos contra 11. Riquelme firmó por su muerte.
En 1534, Pizarro viajó al Cuzco ciñendo la insignia imperial a Inca Manco, hijo de Huáscar; quien huyó, instalándose en los Andes. En la pelea de pizarristas y almagristas, Manco ayudó a los últimos. Muerto Almagro el Mozo, Diego Méndez y Gómez Pérez se refugiaron a su lado, en Vilcapampa,
Allí se entretenían con el ajedrez. El Inca se hizo diestro y, como a Atahualpa, le sería fatal. Una tarde jugaba con Gómez Pérez. Manco se lanzó con un enroque indebido:
- ¡Es tarde para eso, señor fullero! -arguyó Gómez.
El Inca insistió, Gómez se volvió a Méndez y le dijo:
- ¡Mire, capitán, con la que me sale este indio pu... erco!
El Inca diole un bofetón. Gómez cogió su daga y le asestó dos puñaladas, matándolo. Los indios hicieron pedazos de él y de los otros españoles. Todo por un desacuerdo en el ajedrez.

Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

LA ENTRADA DEL VIRREY - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA

LA ENTRADA DEL VIRREY
Seríamos distraídos si no describimos la entrada a la ciudad de un virrey. El primero que entró con ceremonial fue don Andrés Hurtado de A Mendoza. Llegados de México o España recalaban en Paita y a caballo hasta Santa; de allí, enviaban los pliegos y títulos para el virrey saliente o la Audiencia.
La Audiencia los pasaba al Cabildo y al otro día, autoridades y vecinos ilustres salían a la plaza, y entre música y cohetes se pregonaba la noticia. El día de la entrada, a las doce, montaba el virrey en un lujoso coche. La procesión iba por la calle de las Mantas hasta San Sebastián, y luego Monserrate.
Allí se le acercaba el mayordomo de la ciudad, y ofrecía le el caballo. Descendía el virrey, subía al tablado y (con su esposa, si la había) sentábase para presenciar el desfile. Llegaban la Inquisición, el Cabildo y aguardaba la Real Audiencia.
Parábase el virrey y uno de los regidores, comisionado por el Cabildo dirigíale el discurso de saludo, que finalizaba llamándolo a juramento. El virrey se arrodillaba y el escribano del Cabildo decía: “¿Vuecencia, jura por Dios, Santa María, los Evangelios; por el crucifijo y señal de la cruz, que guardará a la ciudad los fueros que los reyes le han concedido?”.
- Así juro y prometo -contestaba el virrey.
- Si así lo hiciere, Dios le ayude -decía el más anciano de ellos.
Y el pueblo, humildísimo, vasallo, prorrumpía en vítores. Una salva de artillería anunciaba urbí et orbí que el virrey acababa de jurar. La Audiencia se acercaba y montaba el virrey a caballo. De los balcones arrojaban las señoras flores sobre él.
En el atrio de la Catedral, el clero lo recibía y se cantaba un Tedeum. Luego, con los oidores y personalidades entraba en palacio, donde lo recibía el virrey cesante.
Las candeladas en las calles, corridas y demás regocijos no se ceñían a programa alguno.
La huelga duraba tres días.
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.