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CUENTOS INFANTILES CON MORALEJA EL ERIZO PEREZOSO

CUENTOS INFANTILES CON MORALEJA EL ERIZO PEREZOSO

Un erizo, generoso por naturaleza, regalaba sus púas a los animales del monte, a tal punto que la última la obsequió a un ratoncito.

En las tertulias con sus amigos, les decía:
-Los azares del destino deben aceptarse tal cual son. ¿Para qué inmutarse?

Luego, una mañana, carente de púas, se encontraba tirado disfrutando del sol primaveral, sin advertir que una hambrienta serpiente se le acercaba.

El ratón, al percatarse del peligro, dio un grito de alarma ......, y los animales salieron a dar muerte a la sierpe traidora.

-¡Gracias, amigos! –exclamó el erizo-. Jamás dudé de su lealtad. Les entregué mis defensas por amor y amistad y ustedes me salvaron la vida. ¡Gracias muchas gracias!.

Del que bien has recibido, muéstrate agradecido.

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CUENTOS INFANTILES PARA NIÑOS EL CABRERO Y LA CABRA

CUENTOS INFANTILES PARA NIÑOS EL CABRERO Y LA CABRA

Un muchacho cabrero que reunía su rebaño para llevarlo al aprisco, advirtió que una cabra se entretenía comiendo, en un pradillo, la hierba tierna.
Impaciente el pastorcillo, por regresar a tiempo, cogió una piedra y la arrojó a los cuernos del animal, uno de los cuales quedó partido en el acto.
Asustado el cabrero por tan funesta acción, y temiendo ser castigado en casa, se puso de rodillas delante de la cabra y le rogó de esta manera:
-Te suplico perdones mi ligereza- y casi llorando, añadió: -no dirás nada, al patrón, de lo ocurrido.
-Descuida –dijo la cabra indulgente-, yo nada diré al amo. Pero ¿crees que guardará la misma reserva el cuerno malogrado?

Tu secreto, sólo a uno; y, mejor, a ninguno.

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CUENTOS SOBRE LOROS - EL LORO Y LA GATA

CUENTOS SOBRE LOROS - EL LORO Y LA GATA

Un hombre compró un loro y lo dejó suelto en su casa. El ave se encaramó tranquilamente sobre un mueble y, muy alegre, se puso a repetir todo cuanto sabía hablar.

En esa circunstancia fue visto por la gata, engreída de la casa, la cual le increpó:

-¿Cómo te atreves, descarado animal, a lanzar semejantes gritos, siendo un recién llegado? A mí no me dan tanta libertad y mi desdicha es tal que ni siquiera puedo maullar a pesar de haber nacido en este hogar.

-Vete de paseo, preciosa –replico el loro-. No hay punto de comparación entre tú y yo; mi voz alegra al amo y, en cambio, la tuya le fastidia y aburre.

Quien pregunta lo que no debe, le responden lo que no quiere.

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CUENTO SOBRE EL VENDEDOR DE PERIÓDICOS

CUENTO SOBRE EL VENDEDOR DE PERIÓDICOS

Tomás era muy pobre. Vivía con su mamá y sus hermanos en un cerro de la ciudad. Tomás estudiaba y ayudaba a su mamá en algunos quehaceres de la casa. Por las noches se sentaba sobre una piedra y observaba las luces de la ciudad.

- Mamá, ¿habrá otras ciudades como la nuestra? – preguntaba el niño.
- Hay ciudades pequeñas y grandes en distintos países.
- David, mi amigo, es canillita. Él me dice que, en los periódicos que vende, aprende mucho del mundo. Me gustaría vender periódicos como él y poderlos leer para saber más.

- Es una idea excelente, hijo.
Tomás consiguió un trabajo de canillita.
Por cada periódico que vendía, ganaba una pequeña suma de dinero.

- Quiero leer las informaciones que traen los periódicos – le dijo Tomás al encargado de ventas.

- Me alegra mucho tu interés por aprender:
Hay que perseverar, sentir amor por el trabajo. Si en el momento no alcanzas lo que deseas, sigue intentando hasta que lo consigas – replicó el hombre.

- Gracias por el consejo, señor.
Tomás caminaba largo rato por las calles vendiendo sus periódicos. Día a día hacía su trabajo mucho mejor.
Una mañana, Tomás encontró un paquete de periódicos en la vereda.

- ¿De quién será? – pensó.
Decidió vender los periódicos y, luego, entregar el dinero al encargado de ventas.
Terminada su tarea, se encontró con David.
- ¿Qué te sucede? ¿Por qué estás triste? – le pregunto Tomás.
- He perdido un paquete de periódicos y ahora debo pagarlo.
- No tienes que alarmarte, David. Yo encontré los periódicos, los vendí y aquí está el dinero que pensaba entregar al encargado de ventas.

- ¡Qué buen amigo eres! – exclamó David mientras abrazaba a su amigo.
Tomás siguió trabajando y estudiando y cuando creció, cumplió su sueño: trabajar como reportero de un gran periódico.

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CUENTOS DE ADIVINOS - EL ADIVINO

CUENTOS DE ADIVINOS - EL ADIVINO


Cerca de la ciudad de Delfos vivía un hombre cuya fama de adivino se había extendido por la comarca.
- Una hermosa doncella aspira a ser tu consorte y la Fortuna te sonreirá gratamente- decía a unos.

– Hay gente que codicia tus bienes. Debes tener cuidado- decía a otros.
En eso, alguien se le acercó y le dijo:

- Los ladrones han entrado en tu casa y se llevaron cuanto tenías.
El advino corrió gimiendo hacia su casa. En el trayecto, unos hombres, informados del suceso, le preguntaron:

- Será posible que por adivinar la suerte de los demás hayas desechado la tuya?
Así, hay gentes en el mundo que pretenden dar consejos, descuidando sus propios negocios.

Consejo no me conviene, de quien para sí no lo tiene.

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CUENTOS CORTOS - EL VIEJO Y EL ASNO

CUENTOS CORTOS - EL VIEJO Y EL ASNO

Un viejo y su hijo llevaban al mercado un son para venderlo. Iban a pie para no fatigar al animal, pues pensaban que, al llegar descansado, se recomendaría solo en las ventas de la feria.

A poco se encontraron con unas mujeres, quienes comentaban la torpeza de caminar a pie teniendo tan buena cabalgadura.

El viejo, al oír el comentario, mandó a su hijo que montara en el burro. Después de andar algún trecho, pasaron cerca de un grupo de ancianos, quienes también criticaron la acción del mozo que iba montado, mientras que su anciano padre iba a pie.
Entonces, el viejo hizo desmontar al hijo y subioxse él sobre el jumento. Más adelante hallaron un grupo de muchachos que, al verlos pasar, trataron al viejo de inhumano, ya que iba muy cómodo sobre el pollino, mientras que el zagal apenas podía caminar por el cansancio.

Al buen viejo le pareció haber encontrado el secreto de complacer a todo el mundo, haciendo que el mozo montase al anca; cuando un hombre, dirigiéndose a ellos, les gritó:

-¿Cuál de los tres es el asno?

Sintiese el viejo muy contrariado con esta pregunta burlona; también un vecino manifestó su parecer diciendo que era una barbaridad cargar de aquella manera a un animal tan pequeño y débil.

El viejo encontró razonable la observación y, para evitar que el jumento muriera en el camino, decidió llevarlo cargado hasta la feria.

Entre él y su hijo ataron al animal con una cuerda y, tomando en hombros una extremidad cada uno, fueron trabajosamente llevando a la bestia en dirección al pueblo.

Entonces sucedió que una procesión de curiosos les seguía haciendo bromas, al ver que dos personas llevaban un asno a cuestas.

Finalmente, al pasar un puente, el burro hizo un esfuerzo para recobrar su libertad y, asustado con tanto alboroto, cayó al agua y se ahogó.

El pobre viejo, por pretender complacer a todos, perdió su asno. Por ello, conviene no ser demasiado complaciente cuando se tiene la razón.

Si a todos has de agradar, a nadie podrás contentar.

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CUENTOS CORTITOS CON MENSAJES EL LEÓN Y EL JABALÍ

CUENTOS CORTITOS CON MENSAJES EL LEÓN Y EL JABALÍ

En un verano sofocante, en que el sol quemaba duro y parejo, cierto león y un jabalí fueron a beber a la misma fuente.

Discutieron sobre cuál de los dos bebería primero, y no llegando a un acuerdo, se trabaron en terrible pelea.

De pronto, al separarse para tomar aliento, observaron que una nube de aves rapaces aguardaban para devorar al derrotado. Ante tan grave amenaza se dijeron:

-¡Vaya, qué tontos somos! Es preferible hacernos amigos a servir de comida a los buitres y a los cuervos.


Si anhelas la paz del alma ten tus pasiones en calma.

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CUENTOS SOBRE RÍOS - EL RÍO Y EL CUERO

CUENTOS SOBRE RÍOS - EL RÍO Y EL CUERO

En un recodo de su camino el río vio flotando en sus aguas un cuero de vaca.

-¿Cómo te llamas? –preguntóle el río.

El cuero, muy altanero, respondió:
-¿Yo? Me llamo Duro.
-Pues espera, que de seguro te haré cambiar de nombre. Con que Duro ¿no?

El cuero río de buena gana.
La cristalina corriente se puso a escarmentar al intruso y aumentando sus aguas lo arrastró hacía la parte más profunda... Pasados unos días preguntóle el río:

-¿Sigues llamándote Duro?
- Ya no sé ni cómo me llamo.

-Desde ahora te llamarás Blando –sentenció al río--, y permanecerás ahí abajo hasta que desaparezcas.

Quien habla para hacer eco, tiene el cerebro hueco

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CUENTOS MUY CORTOS PARA INICIAL EL PEZ Y EL ANZUELO

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Un pez inexperto cayó en la red de un pescador. Consciente del peligro, se dijo:

-A trabajar sin descanso hasta romper los cáñamos.
Carcomía, mordía y tiraba... Por fin rompió la malla y salió libremente de su momentáneo cautiverio.

-¡Vaya, vaya! De lo que me he librado –exclamó el pececillo-. Una cosa he aprendido: en adelante nadaré con los ojos bien abiertos.
Jurando y maldiciendo huyó del lugar. De pronto, divisó algo en movimiento : era una lombriz.

-No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Tengo el almuerzo a la vista –dijo con singular sonrisa.
Y, sin pensarlo dos veces, se tragó la carnada que estaba sujeta a un anzuelo. Esta voz no hubo escapatoria.

Esto es salir de las brasas, para caer en el sartén.

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CUENTOS MUY CORTOS CON MORALEJA EL MOZALBETE Y EL CABALLO

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Un hombre muy rico tenía a su servicio a un mozalbete para el cuidado de su selecta caballería.

Entre los pura sangre había uno destinado para la venta, pues ya había servido lo suficiente al amo y llevaba muchos años de trabajo.

-Este viejo alazán será vendido –dijo el dueño al mozo-. No escatimes alimentos con el animal, pues he destinado buena cantidad de cebada para él.
El mozuelo, hombre de escasos escrúpulos, comenzó a vender el grano, motivando el mejoramiento de la bestia. Para disimular el hurto lo cepillaba y aseaba todos los días, por lo que el caballo le dijo:

-Si quieres que luzca buena estampa en el momento de mi venta, no vendas la cebada destinada a mi alimentación, bribonzuelo.

Moraleja: Ama lo tuyo y respeta lo ajeno; que aquello es miel, y esto veneno.

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CUENTOS MUY CORTOS PARA NIÑOS - LAS NUECES DE COLA

CUENTOS MUY CORTOS PARA NIÑOS - LAS NUECES DE COLA

Las nueces de cola son el fruto de un árbol que crece en algunos países donde hace mucho calor.
Estas nueces se utilizan para hacer esos refrescos de cola que tanto gustan a niños y grandes. ¿Quieres saber cómo se hace un sencillo refresco de cola?
Primero, se muelen las nueces de cola hasta convertirlas en polvo.

Después, se mezcla el polvo con agua y se remueve durante un buen rato hasta que se disuelve bien.
A continuación, se añade azúcar o alguna otra sustancia dulce que haga más agradable su sabor. También se pueden echar unas gotitas de esencia de naranja, lima, limón...
Luego, se pone la mezcla a cocinar durante un buen rato.
Por último, se deja enfriar, se mete en el refrigerador y .... ¡listo!

¡Ya tienes tu refresco de cola!

¡Claro que las grandes marcas comerciales de refrescos utilizan fórmulas secretas que casi nadie conoce! ¿Qué tendrán?

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CUENTOS SOBRE TESOROS OCULTOS

CUENTOS SOBRE TESOROS OCULTOS - EL TESORO OCULTO

Todos los días se producen en el mundo toneladas y toneladas de basura. Pero no toda la basura se bota. Algunos materiales pueden aprovecharse para fabricar nuevos productos: son los materiales reciclables.

Una de los materiales que más se reciclan hoy en día es el papel. En muchos países se utiliza el papel usado para fabricar cartones y toda clase de papel reciclado.

Otro de los materiales más aprovechados es el vidrio.
Se trituran los cristales viejos para fabricar nuevos objetos de vidrio.

El reciclaje del caucho se realiza también desde hace mucho tiempo. Se aprovechan las llantas usadas para fabricar otras nuevas, o bien para elaborar una mezcla especial para llenar los baches de las carreteras.

También el plástico se recicla en algunos países. Con todos los envases de plástico usados se fabrican objetos de baja calidad, como tachos de basura.
Ya ves que la basura también puede ser un auténtico tesoro. Casi todo se puede reciclar, excepto lo que contiene sustancias tóxicas. Por ejemplo: la pintura y los desechos radiactivos.

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CUENTOS SOBRE ASTUCIA

CUENTOS SOBRE ASTUCIA - El Hombre Astuto


Los muchachos de cierto pueblo tenían la manía de correr e insultar a un pobre hombre, llamándolo borracho. Él hombre, hastiado, resolvió de una vez por todas evitarse el mote.

Reunió abundantes monedas de a centavo y salió a la calle. Buscó en seguida a los muchachos y le dijo:
- Lo que ustedes me paran diciendo me ha dan un gran gusto. Y a todo aquel que quiera repetírmelo muchas veces gritando tras de mí, le daré un centavo.

Y diciendo y haciendo, empezó a repartirles los centavos. Los muchachos creyeron volverse locos de contento, y llegaron a quedarse roncos de tanto gritar...

Al día siguiente, la misma distribución, y los mismos gritos; al tercer , igual.

Al cuarto día el hombre salió a la calle a buscar a los muchachos y les dijo:
- Hoy no tengo centavos. Pero como ustedes son tan buenos, sé que me fiarán y seguirán gritando lo mismo.
- ¡Ah, eso no! – contestaron los muchachos - ¿Piensa que somos tontos? Si no hay centavos, no hay gritos.

El hombre se alejó satisfecho.

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CUENTO DE LA MADRE Y EL HIJO LADRÓN

CUENTO DE LA MADRE Y EL HIJO LADRÓN

Cierta mujer tenía un hijo muy revoltoso que solía robar en la escuela cosas de poco valor y se las llevaba a casa, sin que su madre jamás lo castigara. Incluso colmaba de caricias al muchacho, alabando en extremo su agudeza. A medida que iba creciendo, fue haciendo robo de más consideración, y nunca fue amonestado por su madre. Al fin, cogido por la justicia en un nuevo hurto, fue llevado a la cárcel y sentenciado a muerte.

La madre deshacía en lágrimas tras el reo; pero éste, parando ante la comitiva, exclamó:
- Tú eres la causa de mi desgracia, porque si el primer robo que cometí no te hubieras reído y me hubieses castigado, ahora ya no iría a morir en un suplicio y tú no tendrías que llorar mi muerte.

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CUENTOS SOBRE COMO APRENDER UNA LECCIÓN

LECCIÓN APRENDIDA


Antonio sólo pensaba en jugar, divertirse y pasarlo bien. No podía oír hablar del colegio, ni libros, ni de maestros.
Tenía ya ocho años y apenas si sabía deletrear. Pero él no sentía la menor vergüenza. Antonio andaba lo más satisfecho, llevando a cuestas su ignorancia. Pero papá no aguantó más , y , a pesar de los lloros y pataleos del perezoso chiquillo, lo, llevó al colegio.
Al entrar en clase, por todo saludo, dice a su profesor: “Yo no quiero trabajar”.
- Bueno, bueno – le responde el maestro -, poco a poco te irá entrando las ganas.
Pero pasa la mañana, y Antonio no mira ni siquiera un libro; por la tarde, lo mismo; al día siguiente repite la función.
El profesor le promete algún regalito si se pone a trabajar: ¡Inútil! Antonio responde: “Yo no quiero trabajar”.
El asunto llega a conocimiento del señor Director, el cual hace llevar a su oficina al perezoso, recién llegado.

- ¿Qué me han dicho de ti? – le pregunta.
- Que yo no quiero trabajar.
- ¿Qué no quieres trabajar? Está muy bien, voy a darte gusto. Toma asiento, Antonio, ¡quédate ahí sin trabajar!
El chiquillo quedó satisfecho de la acogida que se le hizo y más al ver que no se le obliga a trabajar.
El señor Director trabajaba sin cesar: escribía, revisaba documentos, entraba, salía, llamaba al personal, no paraba un momento.
Así transcurrió una hora: Antonio empezaba aburrirse. El Director que lo notó, dejó caer al suelo un libro de cuentos. El niño se levantó para recogerlo; pero el Director le contuvo en el acto, diciéndole:
- No Antonio, no: no te molestes; tú no tienes que trabajar.
Y se levantó él y recogió el libro, limpiándolo con cuidado.
Pasó otra hora. Antonio se aburría grandemente. Lo notó el Director y dejó caer un lapicero que fue a pasar debajo de una mesa.
Berryer corrió a recogerlo, pero el Director lo contuvo en seguida: “No Antonio; tú no debes trabajar; quédate sentado”. Y recogió el lapicero, después de remover la mesa.
Empezó la tercera hora de clase. Antonio seguía sentado, si hacer nada. Hasta la oficina del Director llegaba al animado murmullo de todas las clases del colegio; todo el mundo trabajaba; aquello parecía colmena. Sí, una colmena con un solo zángano que era Antonio Berryer.
Pasaron breves minutos. De pronto, el Director llama a un empleado, y le habla al oído, dándole órdenes. Sale el empleado.
Momentos después aparecen en la oficina dos niños.
- Bueno días, señor Director.
- Buenos días, niños, ¿qué desean ustedes?
- Nos ha enviado el profesor para que le presentemos esta tarea.
- A ver, a ver sus trabajitos.
Examinó con interés las tareas de los niños y los felicitó por su aplicación. Ellos muy complacidos, se volvieron gozosos a sus clases.
Berryer, que no tiene nada de tonto, no puede resistir más tiempo; se levanta repentinamente, se acerca respetuoso al Director y le dice:
- “Señor Director, he comprendido la lección. Déjame volver a mi clase. Quiero trabajar”.
Berryer cumplió fielmente su palabra; fue desde ese día un alumno modelo. Llegó a ser un gran abogado y uno de los más notables oradores de su época. Fue la honra de su familia y de Francia, su patria, el astrónomo Berryer.

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EL PRINCIPITO Y EL VANIDOSO - RESUMEN

EL PRINCIPITO Y EL VANIDOSO

- ¡Buenos días! – dijo el principito-. ¡Qué sombrero más chusco tiene usted!
-Es para saludar a los que me aclaman –respondió el vanidoso-. Desgraciadamente nunca pasa nadie por aquí.
-¿Ah, sí? –preguntó sin comprender el principito.
-Golpea tus manos una contra otra –le aconsejó el vanidoso.
-El principito aplaudió y el vanidoso le saludó modestamente quitándose el sombrero.
-Esto parece más divertido que la visita al rey –se dijo para sí el principito-, que continuó aplaudiendo mientras el vanidoso volvía a saludarle quitándose el sombrero.
A los cinco minutos el principito estaba cansado de la monotomía de aquel juego.
-¿Qué hay que hacer para que el sombrero se caiga? –preguntó el principito.
Pero el vanidoso no le entendió. Los vanidosos sólo entienden las alabanzas.
-Tú me admiras mucho ¿verdad?- preguntó el vanidoso al principito.
-¿Qué significa admirar?
-Admirar significa reconocer que yo soy el hombre más guapo, el mejor vestido, el más rico y el más inteligente del planeta.
- ¡Si tú estás solo en tu planeta!
-¡Hazme ese favor, admírame a pesar de todo!
-¡Bueno! Te admiro, -dijo el principito encogiéndose de hombros- pero ¿qué te importa eso?
Y el principito se marchó.
-Decididamente, las personas mayores son muy extrañas se decía para sí el principito durante el viaje.

Antoine de Saint-Exupery
(francés)

CUENTOS CORTOS PARA REFLEXIONAR LOS DOS ASNOS

LOS DOS ASNOS

Un campesino tenía dos asnos: uno blanco y el otro, negro. Ambos eran igualmente fuertes, pero el amo prefería cargar sobre el burro negro la carga más pesada.

Cierto día cargó sobre el burro negro dos grandes cestos de sal; y sobre el otro, un atado de esponjas. El burro blanco iba retozando por el camino, mientras que el pobre pollino sudaba la “gota gorda”.
Como tenía que cruzar un río, ambos burros se pararon para reflexionar por qué parte les sería más fácil. Al fin, el burro cargado de sal entró en la corriente, pero dio un paso en falso y cayó al agua con toda su carga. El peso de su carga había disminuido, y así pudo ganar la orilla con mucha rapidez.

El otro había estado observando. Al ver tan feliz resultado se lanzó al agua con su carga. Cuando quiso levantarse, no pudo. Las esponjas pesaban cien veces más.

El río lo arrastró dando tumbos y desapareció para siempre.

En la orilla del río, el dueño se quedó pensando.

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EL ASNO Y LA ESTATUA - CUENTOS INFANTILES

EL ASNO Y LA ESTATUA

En los tiempos antiguos, un hombre, cargando a su asno con la estatua de un dios, lo encaminó a la ciudad.

Los transeúntes, viendo a la venerada imagen sobre los lomos del jumento, se arrodillaban a su paso.
Pero el muy asno creyó que era a él a quien la gente rendía culto e, inflándose de orgullo, comenzó a rebuznar, rehusando proseguir la marcha.

El arriero, adivinando su pensamiento, le dijo, mientras le apaleaba el lomo con una vara:

– ¡Pobre majadero! ¿Crees que a un asno van a venerar los hombres?

Desprecio y caridad
contra la necedad.

LOS VIAJEROS Y EL BANANO - CUENTOS CORTOS CON MENSAJES

LOS VIAJEROS Y EL BANANO

Dos viajeros, hostigados por el ardiente sol del mediodía, divisaron a lo lejos un banano frondoso y se encaminaron hacia él.

Llegados al punto, se recostaron al pie del árbol y disfrutaron largamente de su beneficiosa sombra.

Entonces, uno de los hombres, alzando la vista a lo alto de la planta, dijo al otro:

-¿Te das cuenta que este árbol es estéril y por tanto no nos proporciona beneficio alguno?

El banano, al escuchar tan ingrata acusación, completamente indignado, exclamó:

-¡Hombres desnaturalizados! ¿Se atreven a insultarme justo cuando disfrutan de los beneficios de mi sombra¡ Marchaos de aquí y que los funda el Sol!

No hagas bien al malo, pues te dará mal pago.

EL COJO Y EL CIEGO, CUENTOS PARA PENSAR

EL COJO Y EL CIEGO

Un cojo y un ciego se encontraban a la orilla de un río que, por no tener un puente que facilite su cruce, debían vadear para continuar su camino.

Preocupado por la difícil situación en que se encontraban, dijo el cojo:

- Este río no es muy profundo y no lo podría cruzar, pero temo que no podré hacerlo por causa de mi cojera que no me da estabilidad.
- Si no es muy profundo- dijo entonces el ciego- yo también podré cruzarlo, pero como no puedo ver, en cualquier momento puedo resbalar y ahogarme.

Sin embargo, el cojo no quiso darse por vencido y tuvo una idea que se la propuso al invidente:
- Ayudémonos para pasar el río juntos- le dijo- Tú tienes bien las piernas y puedes ayudar a sostenerme, y en cambio yo, como tengo buena vista te guiaré para no resbales.

Y así, el cojo se sentó sobre los hombros del ciego y ambos cruzaron el río, llegando con felicidad a la orilla opuesta.

Nos enseña esta fábula que la unión hace la fuerza y, por tanto, aunque individualmente tengamos alguna debilidad o carencia, si trabajamos en grupo, y nos ayudamos mutuamente, todo lo podremos resolver.