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EL FLAUTISTA DE HAMELIN - Resumen

EL FLAUTISTA DE HAMELIN
Hamelín era una localidad tranquila y hospitalaria, con un alcalde que pasaba el día contando sus bienes y riquezas, olvidando sus tareas de la comunidad. Pero una tarde su gente sufriría un ataque de espanto.
Cientos de animales de ratones habían invadido las calles y casas de la cuidad, causando pavor entre la población. Atormentados por la terrible plaga, la gente se acercó en masa hasta el local municipal en son de protesta, obligando a que el alcalde olvide por un rato la manía de contar las monedas de oro. Fue el pregonero del municipio quien leyó el dispositivo que buscaba frenar la plaga roedora, el mismo que decía: “Se dará una jugosa recompensa a la persona que acabe con la plaga de ratones que han invadido nuestra cuidad. El alcalde de Hamelín”
Se presentó un gran número de postulantes y todos fallaron. Mientras que el alcalde era pifiado, los ratones hacían de las suyas en toda la ciudad.
Ya iba a presentar su renuncia cuando el alcalde recibió ha visita de un raro y pintoresco personaje.
- Yo le prometo acabar con todos los ratones -le dijo- a cambio de la recompensa.
- Si lo hace -dijo el alcalde- tendrá derecho a ella, ¿pero cómo logrará esa hazaña?
- Con una técnica propia - dijo el hombre y comenzó a tocar su reluciente flauta.
El alcalde lo dejó ir y al mirarlo por la ventana que bailaba con la música de su flauta, pensó: "Está loco”. Pero su duda se volvió asombro al ver que todos los ratones perseguían al extraño flautista, como si estuviesen hipnotizados.
Así se los llevó hasta las afueras del pueblo y al cruzar el río, todos los ratones se ahogaron. Cuando el flautista volvió a la ciudad para cobrar la recompensa, le dijo el alcalde: - Ha sido un trabajo muy fácil y no merece tanto dinero. El noble flautista, sin perder el aplomo, contestó:
- Muy bien, quizás algún día me necesite. Adiós.
Y se fue danzando con su pegajosa melodía. Al rato otra turba irrumpió en el municipio:
- Los niños han desaparecido – dijeron - y un testigo dice que siguieron la música del flautista. Cientos y miles de ratones habían, invadido las calles y casas de la ciudad,
Así fue. Se los llevó a una cueva, la que se cerró como por encanto. Fueron días muy tristes y el alcalde, al sentirse culpable, rogó: "Perdóname noble flautista y daré justo pago por el bien que nos hiciste, pero devuélvenos a los niños". Al día siguiente los niños le devolvían la vida y la alegría a Hamelin y el buen flautista se despedía feliz sabiendo que dejaba una gran enseñanza. Fin
MORALEJA: Todo esfuerzo merece su recompensa
Los Hermanos Grimm

EL CARACOL Y EL ROSAL - Resumen

EL CARACOL Y EL ROSAL
En las praderas pastaban ovejas y vacas. Y en el centro del jardín crecía un rosal lleno de flores. A su abrigo vivía un caracol, cargando su inmenso caparazón.
- ¡Calma! -decía el caracol-. ¡ya llegará mi hora!
- Esperamos mucho de ti dijo el rosal-. Dinos cuándo...
- Me tomo mi tiempo -contestó-; así se preparan las sorpresas.
Al año, el caracol tomaba sol allí mismo, y el rosal echaba capullos y tenía la lozanía de sus rosas.
-¡Nada cambió! -dijo el caracol-. No habido el más ínfimo progreso
Pasó el verano, vino el otoño y el rosal siguió dando capullos y rosas hasta el invierno, cuando nevó en el prado. El rosal se inclinó y el caracol se cobijó, enterrándose. Meses después, con la primavera, las rosas salieron y el caracol también.
- Ya eres un rosal viejo -dijo el caracol-. Pronto morirás y no hiciste nada por tu desarrollo interno, ¡no distes otros frutos!
-Me asustas -dijo el rosal-.
Nunca lo pensé. Florecía de contento, ¡no podía evitarlo! Bebía del rocío y de la lluvia generosa; respiraba, ¡vivía! De la tierra y el cielo ganaba la fuerza. Sentía una dicha renovada. ¡No podía hacer otra cosa!
- Tu vida fue demasiado fácil -dijo el caracol.
-Cierto -dijo el rosal-. Pero tú tuviste más suerte aún. Eres un ser de gran inteligencia, que podría asombrar al mundo. Es cierto que no te he dado sino rosas; pero tú, en cambio, que posees tantos dones, ¿qué le has dado al mundo?
- ¿Darle yo al mundo? Anda, sigue cultivando tus rosas; deja que los castaños produzcan frutos, deja que las vacas y las ovejas den su leche; cada uno tiene su público, yo tengo el mío dentro de mí mismo. El mundo no me interesa. Y el caracol se metió dentro de su casa y la selló. -¡Qué pena! -dijo el rosal-. Yo no puedo esconderme. Cierta vez vi cómo una madre guardaba una de mis rosas en su oratorio, y cómo una joven se prendía otra en el pecho, y cómo un niño besaba otra con emoción. Eso me alegró, ¡fue una bendición! y pasaron los años. El caracol se había vuelto polvo, y el rosal igual; y la memorable rosa del oratorio desapareció. Pero, en el jardín brotaban los rosales nuevos, y los nuevos caracoles se arrastraban dentro de sus casas y escupían al mundo. ¿Empezamos otra vez nuestra historia desde el principio? No vale la pena... siempre sería la misma. FIN

Hans Christian Andersen

EL REY CUERVO - Resumen

EL REY CUERVO


Había un rey que tenía una bellísima hija, pero era tan engreída que no conseguía casarse.
Un día, el rey invitó a los nobles solteros de la corte; pero a todos la princesa desdeñó.
-¡Dios! -se burló de uno-, ese tiene mentón de pico de cuervo. y lo apodaron «rey cuervo». El rey, molesto, juró casarla con el primer mendigo que pasara por palacio. Días después, un infeliz se puso a cantar en el portón pidiendo una limosna: -Cantas tan bien -le dijo el rey- que te casaré con mi hija. Ella se asustó pero el rey fue enfático, celebrándose la boda a toda prisa. Y el soberano se despidió así de su hija: -Un mendigo no puede vivir acá, así que sigue a tu esposo.
Se fueron a pie; hasta que ella, cansada, le preguntó:
-¿A quién pertenece este magnífico bosque?
-Al «rey cuervo» -le dijo- Pudo ser tuyo, pero te - burlaste de él. Y se lamentaba ante tantas riquezas del «rey cuervo».
Llegaron así a su pobre choza. Al otro día, el mendigo le pidió que le preparase algo; pero todo lo hacía torpemente.
-¡No sirves para nada! -le gritó-Ojalá puedas vender estos frascos de ungüento en el mercado del pueblo.
-¡Dios! -gritó ella-. ¡Si me ven así, se burlarán despiadadamente! Al inicio le fue bien; pero un borracho casi la atropella con su caballo, cayendo los frascos y quebrándose en mil pedazos.
Llorando, volvió a casa y le contó al esposo lo ocurrido.
-¡Inútil! -le gritó- En el castillo piden una criada, ¡ve allí ahora! y tuvo que realizar los más humillantes servicios.
Al día siguiente, presenció una gran fiesta del rey. Ante tanto lujo, maldijo su orgulloso engreimiento. De pronto, entró el famoso «rey cuervo», quien al verla tan bella la invitó a bailar. Ella se negó avergonzada, evocando su ofensa. Y corrió a la salida, dejando caer los alimentos que llevaba para su esposo. Y eso, provocó la burla de la gente. Quiso huir, pero alguien la frenó. Al elevar la vista, vio nuevamente al «rey cuervo»:
-No temas, -le dijo tiernamente- el mendigo que te desposó y yo, somos la misma persona. El borracho que quebró tus frascos, también fui yo. Todo lo hice para castigar así tu altanería.
-Muchas quejas debes de tener en mi contra -dijo ella sollozando- y, desde luego, soy muy indigna de ser tu esposa.
- Yo te perdono porque te amo. Ahora, seremos felices. Le restituyeron sus vestiduras y el rey llegó con su corte para retirar el castigo. Fin
Los Hermanos Grimm

RUMPELSTIKIN - Resumen

RUMPELSTIKIN


Érase un pobre molinero que tenía una bellísima hija; pero como era muy presumido, un día le mintió al rey: -Mi hija, además de hilar, convierte la paja en oro. y el rey la invitó a su palacio.
Al llegar, la condujo a un cuarto lleno de paja. Le dio una rueca y un carrete, diciéndole: -Si mañana toda esta paja no es oro, morirás -y se marchó.
La pobre, muy sola, se echó a llorar. De pronto asomó un extraño hombrecito, quien le preguntó la causa de su pesar: - Tengo que hilar toda esta paja -dijo ella- y convertirla en oro. Prometió ayudarla, pero si a cambio le daba su collar. La joven le entregó el collar, y el hombrecito se sentó ante la rueca y no paró hasta convertir toda la paja en oro. Al día siguiente llegó el rey, y al ver tanto oro enloqueció.
La llevó a una sala más grande, repleta de paja, y le ordenó lo mismo. Al dejarla sola, reapareció el hombrecito. Esta vez ella le dio su sortija. y el hombrecito llenó la sala de oro. Pero, al otro día, el rey quiso más. La llevó a un patio lleno de paja. “Si lo llenas de oro -le dijo- serás mi esposa”.
Volvió el hombrecito, pero ella ya no tenía nada que darle. “Te ayudaré - -dijo- pero me darás a tu hijo cuando seas reina”. Ella pensó que nunca sería madre y, para salir del paso, aceptó la propuesta. El hombrecito, feliz, trabajó nuevamente el oro. Y al ver los resultados, el rey se casó con la molinera.
Un año después nació un bello príncipe. La reina había olvidado al hombrecito. Más -de pronto- lo vio entrar, reclamando lo prometido. La reina le lloró, ofreciéndole mil riquezas: -No, -contestó- el niño vale más que cualquier tesoro; pero si adivinas mi nombre te dejaré al niño. Tienes tres días de plazo. La reina movilizó a toda la corte, y al empezar a mencionarle miles de nombres la respuesta siempre fue negativa. Al tercer día, ella seguía preguntando: “¿Te llamas Arbilino, Patizueco o Trinoboba?”. Y el hombrecito lo negaba rotundamente. Sintiéndose perdida llegó su ujier, contándole que al subir a una cuesta llegó a una casita, en cuyo interior el hombrecito cantaba: Hoy tomo vino y mañana cerveza, después al niño sin falta traerán. Nunca, se rompan o no la cabeza, el nombre Rumpelstikin adivinarán. y la reina, feliz, se lo gritó al oído: “¡Eres Rumpelstikin!”. -¡Te lo dijo la bruja! -gritó el hombrecito y se marchó, furioso, al saber que había trabajado mucho sin lograr su vil objetivo. Fin
Los Hermanos Grimm

EL SOLDADITO DE PLOMO - Resumen

EL SOLDADITO DE PLOMO

Jorgito obtuvo buenas calificaciones escolares y recibió como premio una caja de juguetes con trenes, un arlequín, una danzarina y soldaditos de plomo.

Con tristeza, Jorgito se dio cuenta que a uno de sus soldados le faltaba una pierna, pero lo quiso más porque ello indicaba que la había perdido heroicamente en una batalla. Ya muy noche y cuando todos dormían, sonó el clarín de los juguetes y uno por uno empezaron a cobrar vida. El soldadito de plomo quiso estar más cerca de la muñeca danzarina que no paraba de sonreírle, pero el malvado arlequín negro se interpuso entre ellos tratando de evitar su cercanía. Y fue tanto su rencor que al abrir la ventana logró que un fuerte viento lanzara por los aires al soldadito que apenas si podía mantenerse con una sola pierna.
La danzarina sollozó y el arlequín se burló al ver que el soldadito caía en una charca y que un vagabundo lo alejaba en un endeble barco de papel. Pero, lejos de sentirse vencido, el valiente soldadito de plomo al percibir el llanto de su amada danzarina se armó de valor y blandiendo su espada, decidió enfrentar al malvado arlequín y a los que no querían verlos juntos.
El barquito de papel tomó el curso de una alcantarilla y en medio de la oscuridad, el soldadito pudo presentir la presencia del enemigo. Esta vez era una inmensa y voraz rata que trató de atacarlo, pero gracias a la hábil maniobra de nuestro héroe pudo alejarse de la orilla, al tiempo que el hambriento roedor le gritaba:
“¡Maldito soldado de plomo!, pero si yo no he podido acabar contigo, más allá te llevarás una amarga sorpresa. ¡De esta no sales vivo, soldadito mutilado, ja, ja, ja, ja...!”
No le hizo caso y siguió navegando en busca de su amada muñeca danzarina.
Pero la amenaza del roedor se hizo realidad: el barquito se dejó llevar por la corriente que anunciaba la presencia de un río. El barco naufragó, el soldadito se hundió muy profundo y allí un salmón se lo trago apuradamente. Ya dentro, una especie de sismo lo lanzó contra el espinazo del pez y quedó desmayado. Al despertar no podía creerlo: estaba en casa de Jorgito, adonde llegó pues el salmón había sido pescado para cenarlo. El soldadito corrió en busca de su amada danzarina. Se abrazaron felices e iban a casarse, pero el malvado arlequín atropelló al soldadito, enviándolo a las brasas de la chimenea. Sin pensarlo dos veces, la bella danzarina fue tras él y algo maravilloso ocurrió. El cielo los llamó y juntos se elevaron para ser felices durante toda su vida. Fin
MORALEJA: La envidia es propia de los inferiores
Hans Christian Andersen.

LA BELLA DURMIENTE - Resumen

LA BELLA DURMIENTE

L os reyes estaban felices con el nacimiento de su princesita. Era una linda niña y ofrecieron una cena de gala, olvidando por error invitar a la malvada Hada de las Colinas, quien juró vengarse de tan grave ofensa.
La misma Hada llegó al palacio y lanzó su conjura: "Cuando la princesa cumpla quince años, dormirá para siempre, herida por la aguja de un telar". Aterrados por esa maldición, el rey ordenó destruir todas las agujas del reino y contrató servidores que se encargarían de cuidar celosamente a la bella niña. "
Pasaron quince años y en el reino habían olvidado la terrible maldición. Sin embargo, la princesita se alejó de sus guardianes y llegó hasta un recinto del castillo que jamás había visitado. Le llamó la atención el viejo telar que tejía sin que nadie lo estuviese operando, se acercó y cuando trató de tomar una madeja, la punta aguzada de la aguja cayó pesadamente sobre una de sus manitas, produciéndole la mortal herida que iba a ocasionarle la muerte. Su grito de dolor alertó a todos.
Los reyes, centinelas y las nodrizas corrieron a su encuentro, pero era tarde: la niña se transformó en una Bella Durmiente, la más hermosa del mundo, aunque sus padres estaban muy tristes y acongojados. Llamaron al Hada buena y les dijo que su hija no había muerto, pero que dormiría por cien años. Dicho esto la maldición se extendió al castillo y sus habitantes quedaron sumidos en el más siniestro sueño, cerrando sus puertas al mundo viviente.
Pasaron muchos años y la leyenda de la Bella Durmiente se extendió a otros reinos, aunque nadie había logrado ingresar en el castillo embrujado.
Sin embargo, fue un joven y valiente príncipe de Holanda quien se propuso vencer la maldición del castillo encantado y poder comprobar la presencia de una reina durmiente.
Al tratar de ingresar al castillo, guardias fantasmas y enredaderas embrujadas le salieron al paso para cortar sus intentos; pero el príncipe logró vencerlos luego de un violento enfrentamiento.
Descendió de su caballo e ingresó a un castillo que lucía fríamente desolado.
Su corazón latió aprisa cuando su vista se dirigió a una habitación iluminada. ¡Allí estaba la princesa! Era hermosísima y estaba durmiendo. Sin poder contenerse se acercó hasta su lecho y besó tiernamente sus mejillas. El castillo se iluminó y el príncipe sonrió feliz, pues despertar la princesa, todos en el castillo volvían a la vida.
La Bella Durmiente miró a los ojos de su héroe y entendió que lo amaba. Se tomaron de las manos y el rey concedió su permiso nupcial al pedido del príncipe. Viajaron a otro país fueron muy felices. La pesadilla había terminado. Fin
Moraleja: La Justicia Tarda Pero Llega
Charles Perrault

LA BELLA Y LA BESTIA - Resumen

LA BELLA Y LA BESTIA


Era un rico mercader con tres hijas: las dos mayores nada agraciadas, además de ociosas, y la tercera tan bonita, a quien llamaban Bella. El mercader empobreció y se vio obligado a vender sus propiedades. Se mudaron a vivir a una humilde y precaria cabaña, despidiéndose de los criados y amas que antes les habían servido.

Pero si las hermanas mayores no olvidaban su ociosa forma de vivir sin reparar en la realidad, la menor Bella realizaba las labores de casa y se sentía muy bien porque con esto ayudaba a su padre caído en desgracia. Por esos días llegó una carta al padre de Bella, en la que le ofrecían un empleo en una ciudad lejana. Esto le alegró la vida, por lo que se animó a decirle a la más hermosa de sus hijas: "Bella mía, ¿qué regalo te traeré cuando vuelva?". Iba a pedir, pero sus hermanas la atropellaron: "¡Para nosotras unos lindos vestidos!", Después, Bella añadió: "Padre, yo sólo quiero la rosa más linda del mundo". Luego de realizar su trabajo, y volviendo a casa, el mercader se extravió en el bosque. Se subió a un árbol y observó un gran castillo. Llegó y sus puertas estaban abiertas. Ingresó, hallando la cena servida y una alcoba para reparar su cansancio. Al otro día, el desayuno estaba servido. Paseó por el jardín de donde arrancó la rosa más hermosa. Fue allí que asomó la presencia de un ser monstruoso: "¡Maldito! -gritó- te doy comida y reposo, y tú me pagas robando mis rosas". Lo sentenció a muerte; pero luego desistiría: "Te perdonaré -le dijo el monstruo- si me traes al primer ser que salga a recibirte al llegar a casa". Pensó timarlo y aceptó. Al retornar a casa, fue Bella quien salió a recibirlo. El mercader se lo contó todo y su hija le dijo que debía cumplir con lo prometido. Conoció al monstruo y Bella le expresó su rechazo, pero respetó el trato y se quedó a vivir con él. Fueron unos días hermosos, porque el monstro exhibió su gran corazón y la: trató como a una reina.
Pero huía de él si quería hablarle de amor. Avisaron a Bella que su padre estaba grave y suplicó al monstruo le permita verlo. Él aceptó, dándole un anillo con virtudes mágicas. Su padre sanó con sólo ver a su hija. Pasaron los días y Bella sintió que extrañaba la presencia del adorable monstruo. Frotó el anillo y vio una tumba. Corrió al castillo y lo halló muriendo de pena ante su ausencia. Lo besó diciéndole que lo amaba y, reviviendo, el monstruo se transformó en un bello príncipe azul. Se casaron tuvieron muchos hijos y fueron muy felices. Fin
Moraleja: La belleza la vemos en los corazones.
Madame Le Prince de Beaumont

ALADINO Y LA LÁMPARA MARAVILLOSA - Resumen

ALADINO Y LA LÁMPARA MARAVILLOSA

Aladino era un jovencito humilde, bueno y colaborador. Vivía en Arabia con su madre, pues su padre había fallecido cuando era muy pequeño. Pero a Aladino le gustaba recordarlo. «Tu padre se llamaba Mustafá -le decía su madre, un hombre trabajador y honesto, pero guardaba celosamente un extraño secreto».
Una mañana, cuando acudió al mercado a hacer compras, un misterioso sujeto lo detuvo en su camino, diciéndole que sabía de su padre. “¿Conoció usted a papá?”, le preguntó con inusitada curiosidad.
El hombre le contestó: “Mustafá era mi primo, yo soy tu tío”, y lo acompañó a casa colmándolo de regalos. A su madre le pareció algo sospechoso porque Mustafá nunca le habló de tal pariente, pero al ver que se mostraba generoso con Aladino, accedió a que saliesen a dar un paseo por el bosque. Caminaron hasta llegar a la entrada de una cueva desolada. “Tienes que entrar le ordenó el sujeto porque allí hay una lámpara mágica que nos hará muy ricos”. Pero Aladino se rehusó, forcejearon y el hombre lo hizo ingresar a la fuerza, tapiando la entrada con una enorme roca. Quiso llorar, pero lo que vieron sus ojos lo dejó pasmado: “¡Cáspita, es un fabuloso tesoro!”. Eran cofres llenos de monedas, joyas de oro y brillantes; pero su vida corría peligro. 

Entonces divisó la lámpara. “Sería en verdad mágica” pensó, y al limpiarla del polvo, un ruido atronador lastimó sus oídos, asomando la imagen de un genio, quien con su poderosa voz le dijo: «Amo, estoy para servirte. Pídeme lo que quieras y serás atendido». Aladino no podía creerlo y sin embargo ya sentía que le faltaba el aire. Entonces ordenó al genio: «Llévame donde mi madre». Y se vio transportado a casa. Se lo contó todo a su madre, quien le dijo: «Te quiero vivo antes que todo el oro del mundo». Por su parte, el supuesto tío huyó al África, aunque pronto volvería. Aladino repartió el oro entre los más pobres y pidió al genio que le concediese el amor de la hija del sultán. Cuando lo consiguió, se sintió el hombre más feliz de la Tierra. El supuesto tío era en verdad un antiguo enemigo de Mustafá y volvió para robar la Lámpara Maravillosa. Así lo hizo, pero el genio, cansado de sus abusos retornó donde Aladino. El ladrón, al ingresar a la casa del hijo de Mustafá en busca del tesoro, se tropezó con los gendarmes que lo buscaban desde hacía mucho tiempo. 

Aladino y su bella esposa recorrieron el mundo en la alfombra mágica que le concedió el bondadoso genio y fueron muy felices. Fin.
MORALEJA: Tener cautela frente a los extraños
Anónimo.

EL GIGANTE EGOÍSTA - Resumen

EL GIGANTE EGOÍSTA
Todas las tardes los niños solían ir a jugar al precioso jardín del gigante. “¡Somos muy felices!”, se decían. Pero una tarde el gigante regresó, luego de vivir durante siete años con su amigo el ogro Cornualles. Y vio a muchos niños jugando en su jardín: “¡¿Qué hacen aquí?!“-les gritó y los niños huyeron. “¡Este jardín es mío!”. Construyó un muro con un cartel que prohibía el paso y los niños ya no tuvieron donde jugar.
Llegó la primavera, y sólo en el jardín del gigante seguía el frío. Desde que faltaban niños, los pájaros dejaron de cantar y los árboles dejaron de florecer. Los únicos felices eran la Nieve, la Escarcha, los Vientos y el Granizo. “¿Por qué tarda tanto en llegar la primavera?”, decía el gigante muy triste y solo. Una mañana de sol, el gigante vio algo raro. Los niños habían entrado al jardín y se subieron a los árboles; pero al otro lado proseguía el frío y un niño que no llegaba a un árbol lloraba amargamente. El árbol cedió, pero el niño era muy chiquito y el gigante se quebró al verlo. “¡Qué egoísta soy! -pensó-. Tiraré el muro y mi jardín volverá a ser de los niños” Salió al jardín, pero los niños se asustaron tanto que huyeron. El chiquitín no lo hizo porque las, lágrimas lo cegaban. Y el gigante lo subió al árbol y el niño tendió sus bracitos, lo rodeó y lo besó tiernamente. Al ver que el gigante no era malo, volvieron los niños con la primavera, y se abrió el jardín para todos. “¿y el niño que lloraba?”, preguntó el gigante. “No sabemos su nombre ni el lugar donde vive”. Por las tardes los niños iban a jugar con el gigante, pero el chiquitín no volvió más y él suspiraba triste. Pasó el tiempo y el gigante envejeció. Dejó de jugar, pero solía cuidarlos. Una fría mañana miró por la ventana y se frotó los ojos. Debajo de un árbol con flores blancas, ramas de oro y frutos de plata, estaba el niño que amó tanto.

El gigante corrió lleno de alegría y cuando estuvo a su lado, gritó: “¡¿Quién se atrevió a herirte? Dímelo para que pueda matarle!” “No -dijo el niño, porque son las heridas del amor”. “¿Quién eres tú?”, dijo el gigante; un extraño temor le invadió y se arrodilló ante el niño. Y el niño le sonrió diciéndole: “Tú me dejaste una vez jugar en tu jardín; hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso”. Y cuando por la tarde llegaron alegres los niños, encontraron al gigante muerto debajo del árbol, con una tenue sonrisa y enteramente cubierto de flores blancas.

Fin
MORALEJA: Sé generoso y ganarás la gloria.
Oscar Wilde

ARTURO Y EL MAGO MERLÍN - Resumen

ARTURO Y EL MAGO MERLÍN


En un reino llamado Britania, sumido en el caos, hace varios siglos nació el príncipe Arturo, hijo del rey Uther. Su reina madre había muerto poco después del parto; por eso, el rey entregó el bebé al fiel mago Merlín, con el fin que lo educara. Merlín optó por llevar a Arturo al castillo de un hidalgo, que tenía un pequeño hijo llamado Kay. Para cautelar la seguridad del príncipe, el mago ocultó la identidad de su protegido. Cada día, el leal Merlín enseñaba al pequeño Arturo todas las ciencias y, con sus dotes de gran mago, le explicaba los inventos del futuro y muchas fórmulas mágicas más.

Pasaron los años y el rey Uther murió sin dejar descendencia conocida. Los hidalgos fueron en busca de Merlín: - Hemos de elegir al nuevo rey -dijeron; y el mago, haciendo aparecer una espada clavada a un yunque de hierro, les dijo: Esta es la espada Excalibur. Quien logre sacarla ¡será el rey!
Los hidalgos probaron pero, a pesar de todo su empeño, no lograron moverla.
Arturo y Kay, que eran ya dos vigorosos mozos, iban a participar en un torneo de la ciudad. Al acudir al evento, Arturo reparó que había olvidado la espada de Kay en la posada. Corrió allí pero el local ya estaba cerrado. Arturo se desesperó. Sin su espada, Kay estaría eliminado del torneo. Descubrió así la espada Excalibur. Tiró de ella y un rayo de luz cayó sobre él, extrayéndola con toda facilidad. Kay vio el sello de la Excalibur y se lo contó a su padre, quien ordenó a Arturo que la devolviera. Los nobles intentaron sacarla de nuevo, pero fue inútil. Arturo tomó la empuñadura, volvió a caer un rayo de luz, y la extrajo sin el menor esfuerzo.
Todos admitieron que aquel joven, sin título alguno, debía ser el rey de Britania; y desfilaron ante él, jurándole fidelidad. Merlín, feliz y humilde por su accionar, se retiró a su morada.
Pero no pasó mucho tiempo cuando un grupo de traidores se levantaron en armas contra el joven monarca. Merlín intervino, confesando que Arturo era el único hijo del rey Uther; pero los desleales siguieron en guerra hasta que, al fin, fueron derrotados, gracias al valor de Arturo y a la magia de Merlín. Para evitar que la traición se repitiera, Arturo creó la gran Mesa Redonda, integrada por los hidalgos leales al reino. Se casó con la princesa Ginebra, viviendo años dé dicha y prosperidad.
- Ya puedes reinar sin mis consejos, - le dijo Merlín en su despedida- y sigue siendo un rey justo, que la Historia te premiará.
Geoffrey de Monmuth

SIMBAD EL MARINO - Resumen

SIMBAD EL MARINO

Hace muchos años: en Bagdad, Simbad era un joven muy pobre, que para sobrevivir trasladaba pesados fardos; por lo que le decían “el cargador”, lamentándose de su suerte.
Sus quejas fueron oídas por un millonario, quien lo invitó a compartir una cena. Allí estaba un anciano, que dijo lo siguiente: - Soy Simbad, el marino. Mi padre me legó una fortuna, pero la derroché; quedando en la miseria. Vendí mis trastos y navegué con unos mercaderes. Llegamos a una isla, saliendo expulsados por los aires, pues en realidad era una ballena. Naufragué sobre una tabla hasta la costa, tomando un barco para volver a Bagdad.
Y Simbad, el marino, calló. Le dio al joven 100 monedas, rogándole que volviera al otro día. Así lo hizo y siguió su relato: -Volví a zarpar. Al llegar a otra isla me quedé dormido y, al despertar, el barco se había marchado. Llegué hasta un profundo valle sembrado de diamantes y serpientes gigantescas. Llené un saco con todas las joyas que pude, me até un trozo de carne a la espalda y esperé a que un águila me llevara hasta su nido, sacándome así de este horrendo lugar. Terminado el relato, Simbad, el marino volvió a darle al joven 100 monedss, rogándole que volviera al día siguiente.
- Con mi fortuna pude quedarme aquí -relató Simbad-, pero volví a navegar. Encallamos en una isla de pigmeos; quienes nos entregaron al gigante con un solo ojo, que comía carne humana. Más tarde, aprovechando la noche, le clavamos una estaca en su único ojo y huimos de la isla, volviendo a Bagdad. Simbad dio al joven nuevas monedas, y al otro día evocó: - Esta vez, naufragamos en una isla de caníbales. Cautivé a la hija del rey, casándome con ella; pero poco después murió, ordenándome el rey que debía ser enterrado con mi mujer. Por suerte, pude huir y regresé a Bagdad cargado de joyas. Simbad, el marino, siguió narrando y el joven escuchándolo: - Por último - dijo- me vendieron como esclavo a un traficante de marfil. Yo cazaba elefantes y un día, huyendo de uno, trepé a un árbol; pero el animal lo sacudió tanto, que fui a caer en su lomo, llevándome hasta su cementerio. ¡Era una mina de marfil! Fui donde mi amo y se lo conté todo. En gratitud, me dejó libre, regalándome valiosos tesoros. Volví y dejé de viajar. ¿Lo ves?, sufrí mucho, pero ahora gozo de todos los placeres. Al acabar, el anciano le pidió al joven que viviera con él, aceptando encantado; siendo muy feliz a partir de entonces
De Las Mil y Noches.

LOS TRES CERDITOS - Resumen

LOS TRES CERDITOS


Eran tres hermanitos, tres chanchitos muy unidos y sin embargo dos de ellos no eran tan responsables como el mayor, llamado Práctico, pues los menores Violinista y el simpático Flautista, se pasaban la vida en juergas y diversiones. Sucedió que por esos tiempos el Lobo malo no tenía otra ocupación que andar en busca de carnes para calmar su apetito.
Al saber de tan grave amenaza, Práctico llamó a sus hermanos y les dijo: "Debemos estar listos para hacer frente al Lobo malo, pues sé que ha preparado sus pulmones para acabar con todo lo que le salga al frente". “¿y qué debemos hacer, hermano Práctico", preguntó Violinista.
El hermano mayor les dijo que, de inmediato, debían reconstruir sus viejas y precarias viviendas o, de lo contrario, el Lobo malo los devoraría. "Yo empiezo hoy día y espero que ustedes hagan lo mismo", dijo Práctico y les repitió que debían ser muy responsables porque la amenaza se los exigía. Pero, mientras que el mayor tenía casi lista su casita, los dos hermanos se divertían de fiesta en fiesta y sus casas seguían siendo las covachas de toda la vida. Cuando Flautista le recordaba a su hermano el pedido de Práctico, Violinista le decía que el Lobo malo ya estaba viejo y debilucho.
Pero sin reparar que el Lobo estaba muy cerca de él y se burlaba de lo que comentaba el irresponsable cerdito. Fue así que el Lobo decide atacarlos: "¡Salgan o volaré la casa como si fueran naipes!", gritó la voraz fiera y los cerditos lloraron ante la amenaza. Trataron en vano de colocar tablas y ladrillos, pues el primer soplido del Lobo malo fue suficiente.
Los cerditos volaron por los aires y el malvado quiso hacer con ellos su mejor menú del día.
Sin embargo, pudieron eludirlo y se fueron casi volando a la casa de su hermano Práctico.
El hermano mayor que estaba fortificado en su casa, se sorprendió al verlos con el rostro pálido del miedo y ellos no demoraron en contarle lo que les había sucedido.
"Los irresponsables no tienen perdón de Dios", dijo Práctico, contándoles su plan para vencer al Lobo malo, quien no tardó en llegar a atacarlos. Dio uno, dos, hasta tres fuertes soplidos, pero no podía doblegar los muros de acero, optando a entrar por la chimenea. Jamás imaginó lo que le pasaría. Práctico colocó abajo una olla con agua hirviendo y quemó la cola del Lobo, haciéndolo huir del lugar. Los hermanos de Práctico, arrepentidos, le suplicaron su perdón y fueron muy felices. Fin
Charles Perrault

LOS FRIJOLITOS MÁGICOS - Resumen

LOS FRIJOLITOS MÁGICOS

Periquín vivía con su viuda madre en una cabaña muy pobre. Por eso, ella lo mandó al pueblo para vender la única vaca que tenían. En el camino, el niño se cruzó con un hombre: Te cambio mis frijolitos mágicos por tu vaca -le propuso. Periquín aceptó y volvió feliz a casa. Pero la viuda, molesta, arrojó los frijolitos y lloró desolada. Por la mañana, el niño se asustó al ver que los frijoles habían crecido hasta el infinito. Trepó y llegó a un país extraño. Allí vio a un ogro y a su gallina que ponía un huevo de oro con sólo ordenarlo. Esperó a que el gigante se durmiera, tomó a la gallina y huyó con ella.
Llegó a las ramas, bajó, tocó el suelo y entró en la cabaña. La madre agradeció a Dios el hallazgo. Así, vendiendo los huevos de oro, vivieron tranquilos mucho tiempo; hasta que la gallina se murió y Periquín tuvo que ascender otra vez al castillo del gigante. Se escondió, observando cómo el ogro contaba monedas de oro que extraía de un bolsón de cuero. En cuanto se durmió, salió Periquín y, recogiendo la talega, corrió hacia la planta y bajó a su cabaña. Así, tuvieron dinero para mucho tiempo. Pero llegó un día en que el bolsón de cuero quedó completamente vacío. y el niño tuvo que subir de nuevo al misterioso castillo.
Entonces, vio al ogro guardar un cofre que cada vez que se destapaba dejaba caer monedas de oro. Cuando el gigante salió, el niño cogió el cofre mágico y se lo guardó. El gigante fue a tumbarse en su camastro y un arpa, ¡oh maravilla!, tocaba sola bellísimas notas musicales. El ogro, al oír esas melodías, fue cayendo en un sueño profundo. Apenas lo vio el niño, tomó el arpa y echó a correr. Pero el arpa estaba encantada y, al sentirse raptada, empezó a gritar sonoramente: “¡Mi amo, despierte, que me están robando!». Y el gigante despertó muy asustado, continuando los gritos acusadores del arpa encantada.”¡Amo, me roban!”. Rabioso, el ogro corrió a perseguir al niño, quien escuchaba los pasos del gigante; cuando, ya cogido a las ramas empezó a bajar. Pero se angustió aún más, al ver que también el ogro descendía en su busca. Asustado, le gritó a su madre, que abajo lo esperaba: “¡Mamá deme el hacha de papá, que el gigante quiere matarme!”. Acudió la madre y el niño, de un certero golpe, cortó el tronco del árbol; estrellándose mortalmente el ogro. Pagaba así su malvada avaricia. Desde entonces, Periquín y su madre vivieron felices con el producto del cofre mágico. Fin

Hans Christian Andersen

EL PRÍNCIPE PERVERSO - Resumen

EL PRÍNCIPE PERVERSO


Érase una vez un príncipe perverso, cuya única ambición era conquistar todos los países del mundo y hacer que su nombre inspirase terror. Sus tropas pisoteaban los campos e incendiaban las casas de los labriegos. Ni el demonio hubiera procedido con tanta perversidad.
De las ciudades conquistadas se llevaba grandes tesoros, con los que acumuló una gran riqueza. Mandó a construir magníficos palacios, y la gente exclamaba: “¡Qué príncipe más grande!”. Pero no pensaban en la miseria que había llevado a otros pueblos, ni oían las lamentaciones de los pueblos de las ciudades calcinadas “Aún quiero más, -decía- y no deseo que haya otro ser igual al mío”. A todos los derrotó, ordenando que los reyes vencidos fuesen atados a su carroza con cadenas de oro corriendo detrás de ella a su paso por las calles. Los arrojaba a sus pies, obligándoles a recoger las migajas que él lanzaba. Luego, dispuso que se erigiese su estatua en las plazas y en los palacios reales. Incluso pretendió tenerla en las iglesias, frente al altar del señor. Pero los sacerdotes dijeron: -Eres grande, pero Dios es más que tú. No oses hacerlo.
-Pues bien! -dijo el perverso-, ¡Entonces, venceré a Dios! y en su soberbia y locura construyó un ingenioso barco, capaz de navegar por los aires. Sólo tenía que oprimir un botón y mil balas salían disparadas. Pronto emprendió el vuelo hacia el Sol. Entonces, Dios envió a uno de sus ángeles y el perverso lo recibió con una balacera. Una gota de sangre, una sola, brotó de aquellas blanquísimas alas, yendo a caer en el barco y dejándole una avería que pesó como mil quintales de plomo, y precipitó la nave hacia tierra. Medio muerto yacía el príncipe en el barco, el cual quedó suspendido en los árboles. -¡Quiero vencer a Dios! -gritaba- ¡Lo he jurado! Construyó poderosas naves, pues quería derribar el cielo. Se disponía a embarcarse, cuando Dios envió un enjambre de mosquitos; los que rodearon al príncipe y le picaron en la cara.
Desenvainó la espada, sin acertar uno solo. Ordenó que le tejiesen tapices y lo envolviesen con ellos; pero uno quedó dentro, se introdujo en su oreja y le clavó el aguijón, causándole espantoso dolor e ingresando el veneno en su cerebro. Como loco rasgó sus ropas y se puso a bailar desnudo ante sus soldados, quienes estallaron en burlas contra el insensato que quiso vencer a Dios, y fue vencido por un ínfimo mosquito.
Hans Christian Andersen

LOS VIAJES DE GULLIVER - RESUMEN

LOS VIAJES DE GULLIVER

Gulliver estudió para médico, pero le fascinaban los viajes de aventura. Fue así que decide embarcarse en el barco Antílope del capitán Prichard. Se produce una terrible tempestad y el barco se estrella contra las rocas.

Gulliver logra salvar su vida luchando contra las olas, hasta llegar a tierra firme y caer muy cansado en las arenas de un país desconocido.

Despertó sin poder moverse. Sus brazos, sus piernas y sus cabellos estaban atados a tierra. Sólo podía mirar al cielo, oía un gran bullicio y se asustó al sentir que algo le caminaba por la pierna izquierda, subía por el pecho y llegaba hasta la barbilla. ¡Se trataba de un hombrecito diminuto de unos quince centímetros!, con otros que lo seguían.

Quiso desatarse, pero sintió que miles de flechitas se prendían en su cuerpo, y aunque no le hacían daño, optó por quedarse quieto. Luego, quien parecía el rey, le habló cortésmente al decirle que había llegado al pacífico reino de Liliput.

Gulliver le respondió señalando su boca y Hurgo (así se llamaba el rey) lo entendió bien y llegaron lomitos, piernas y bifes que consumió en un tris. De beber le alcanzaron más de tres mil litros liliputienses de vino y calmó su sed.

Le llamaron Hombre-Montaña y al ganarse la confianza de los reyes, le contaron que había una lucha interna entre los tramecsán y estamecsán, pero que les preocupaba más el peligro de invasión del reino de los Blefuscu.

La vieja pelea se inició por una situación absurda, cuando años atrás uno de los príncipes se cortò el dedo por romper un huevo por el lado mas ancho. Ante ello, el rey ordenó que todos debían cortar los huevos por el lado más delgado, bajo pena de sufrir grandes castigos.

Esto causó la rebelión de muchos liliputienses que fueron al destierro, siendo bien recibidos por los reyes de Blefuscu, quienes se apresuraron a iniciar la invasión armada.

Gulliver juró defender a Liliput y le bastó lanzarse al mar para apresar a toda la marina, atando sus naves con cordeles entre sí. Lo atacaron con flechas, pero estaba muy bien protegido.

Sellada la paz, Gulliver se negó a tomar venganza contra los Blefuscu y llegó hasta su isla donde la gente le gritaba enfervorizada: "¡Quédate en nuestra isla!" y él sonreía agradecido.

Una tarde, en la playa, por seguir a un extraño pez, se internó, en las aguas, divisando el barco que lo llevaría de regreso a su tierra. El adiós fue triste, pero Gulliver iba a proseguir su vida llena de aventuras. Fin

Jonathan Swift

EL DUENDECILLO Y EL ESTUDIANTE - Resumen

EL DUENDECILLO Y EL ESTUDIANTE

Érase un estudiante pobre que vivía en una buhardilla, y un tendero -dueño de la casa- que tenía como huésped a un duende; al cual en Navidad, le obsequiaba papas con mantequilla. Llegó el estudiante a comprar queso. Leyó el papel de la envoltura y descubrió -con estupor- que era la hoja de un libro de poesía. “Llevaré el libro y no el queso -dijo el chico-.Es un crimen. De poesía sabe menos que ese balde”.
Al duende le molestó esto. Por la noche, cuando todos dormían, entró el duende y encantó a todos los objetos de la tienda. Tocó al balde y le dijo: “¿No sabes lo que es poesía?”.-Claro que lo sé -respondió el balde-. Es una cosa que ponen en la parte inferior de los periódicos y que la gente recorta.
Todos los demás objetos apoyaron al pobre balde. -¡Y ahora, al estudiante! -pensó el duende; y subió a la uhardilla. Miró por el ojo de la cerradura y lo vio que estaba leyendo eI libro adquirido la tienda. ¡Qué claridad irradiaba de él! Del libro emergía un vivísimo rayo de luz que iba transformándose en un poderoso árbol que cobijaba adolescente.
-¡Asombroso! dijo el duende nunca lo hubiera pensado! A lo mejor me quedo a con el estudiante.
-¡Pero él no tiene papas, ni mantequilla! -resolvió.
Pero desde ese día ya no pudo estar en paz. Apenas veía brillar la luz en la buhardilla, subía a mirar por la cerradura; y siempre se sentía rodeado de una luz divina. ¡Qué dicha sería estar junto al estudiante! Quiso quedar con él, pero al pensar en las papas y la mantequilla decidió a favor del tendero. Una noche despertó al duendecillo un alboroto horrible.
Había estallado un incendio. La alarma era espantosa. La mujer del tendero estaba tan consternada, que se quitó los aretes de oro y se los guardó en el bolsillo para salvar algo. El tendero tomó sus billetes; y la criada, su mantilla de seda. El duende corrió, se metió en la habitación del estudiante, cogió el libro y -metiéndoselo en el gorro rojo- lo sujetó con sus manos: el gran tesoro estaba a salvo. Luego subió a la punta de la chimenea y allí estuvo, iluminado por las llamas.
Entonces, reparó dónde tenía su corazón; a quién le pertenecía. Pero cuando el incendio cesó y hubo vuelto a sus cabales, pensó: «No, puedes irte de aquí: las papas, la mantequilla».
Entonces, fue un auténtico ser humano. Todos procuramos estar bien con el tendero: por las papas la mantequilla.
Hans Christian Andersen

CUENTO EL NIÑO HÉROE - RESUMEN

EL NIÑO HÉROE


Madre, figúrate que vamos de viaje; que atravesamos un país extraño y peligroso. Yo monto un caballo rubio al lado de tu calesa. El sol se pone; anochece. El desierto de ese misterioso campo, gris y desolado, se extiende ante nosotros. El miedo se apodera de ti, y piensas: “¿Dónde estamos?”. Pero yo, mostrándome seguro, te digo: -No temas madre. La tierra está erizada de cardos y la cruza un estrecho sendero. Todos los rebaños han vuelto ya a los establos de los pueblos, y en la vasta extensión no se ve ningún ser viviente.
La oscuridad crece, el campo y el cielo se borran y ya no podemos distinguir nuestro camino. De pronto, me llamas y me dices al oído: “¿Qué es aquella luz, allí, junto a la orilla?”. Se oye, entonces, un terrible alarido y las sombras se acercan corriendo hacia nosotros. Tú te acurrucas en tu calesa e invocas a los dioses. Los caminantes, temblando de espanto, se esconden en las zarzas. Pero yo te grito: -¡No tengas miedo, madre, que yo estoy aquí! Armados con largos bastones, los cabellos al viento, los bandidos se acercan. Yo les advierto: -¡Deténganse malvados! ¡Un paso más y estarán muertos! Sus alaridos arrecian y se lanzan sobre nosotros. Tú coges mis manos y me dices: “¡Hijo mío, te lo suplico, escapa de ellos!”. Y yo contesto: “Madre vas a ver lo que hago”. Entonces, espoleo a mi caballo y, lo lanzo al galope. Mi espada y mi escudo entrechocan ruidosamente. La lucha es tan terrible, madre, que morirías de terror si pudieras verla desde tu calesa. Muchos huyen, muchos más son despedazados. Tú, inmóvil y sola, piensas sin duda: “Mi hijo habrá muerto ya”.
Pero yo llego, bañado en sangre, y te digo: “Madre, la lucha ha terminado”. Tú desciendes de la calesa, me besas, y estrechándome contra tu corazón dices: “¿Qué habría sido de mí, si mi hijo no me hubiera escoltado?”Cada día suceden mil cosas inútiles. ¿Por qué no ha de ser posible que ocurra una aventura semejante? Sería como un cuento de los libros. Mi hermano diría: - ¿Es posible? ¡Siempre lo tuve por tan poca cosa! y la gente del pueblo proclamaría: -¡Qué suerte la de aquella madre, al tener ese hijo a su lado! Fin.
Rabindranath Tagore

EL PATITO FEO (Resumen)

EL PATITO FEO
La señora Pata le disgustó mucho que su eI tercer patito demorara en nacer. Pero su molestia se encendió al comprobar que era realmente feo y que sus otros patitos empezaran a burlarse de él. Lo llamaron Patito Feo y desde entonces fue marginado, no sólo por los vecinos de la granja sino por su propia familia. Y eran muy crueles, pues lo agredían, insultaban y hasta escupían sin compasión.
Desolado y triste, optó por alejarse de la granja en pleno invierno. No pudo avanzar mucho y cayó desvanecido. De no ser por el auxilio que le brindó una caritativa ardilla, el patito Feo hubiera muerto congelado. Pero luego de ayudarle, el pequeño roedor huyó asustado al notar que era muy feo. Esperanzado en hallar un poco de amor, siguió su camino. Llegó así a una casita donde lo recibió una mujer que vivía con un gato y una gallina. Antes de acercarse, la mujer le susurró al minino: “Si lo engordamos quizás podamos venderlo”.
Pero el Patito Feo comía y comía y nunca engordaba, por lo que la ambiciosa mujer empezaba a desesperarse, mientras que el gato y la gallina, celosos por las atenciones brindadas, tiraban de sus plumas, le pisaban las patas y escondían su comida, al tiempo que le gritaban: “¡Patito feo, refeo, recontrafeo!” Riéndose a carcajadas.
Una tarde, al tratar de huir de las agresiones del gato, tropezó con un valioso jarrón y lo hizo trizas. Fue suficiente. La ambiciosa mujer lo expulsó a escobazos.
Lloroso, caminó horas de horas. “¿Por qué, Dios mío, nadie me quiere, por qué soy tan feo?”, se preguntaba. Llegó así al borde de una laguna donde se le acercó un hermoso cisne para preguntarle: “¿Qué haces aquí, pequeño granuja?”
“No, no soy granuja, señor -respondió asustado- yo me llamo Patito Feo…”, y el cisne le aclaró: “¡Qué pato ni nada!, ¿es que no te has mirado en un espejo?”.
El Patito se excusó: “Dicen que soy muy feo”

“¡Bah, pamplinas! -dijo el cisne- y mírate en las aguas de esta laguna”.

El Patito Feo se miró en las aguas y se vio igual de horrible. En eso llegó otro cisne y dirigiéndose al Patito le dijo
“¡Hasta que apareciste! Tus padres andan como locos buscándote”.
Ahora lo entendía. Los huevos se habían confundido. ¡Era un cisne y no un Patito Feo! Sin embargo, jamás renegó de su pasado y ahora, ya adulto, lucía su belleza como un hermoso cisne. ¡Y fue muy dichoso! Fin
Moraleja: Quien sufre, aprende y se supera
Hans Christian Andersen


ALÍ BABÁ Y LOS 40 LADRONES - Resumen

ALÍ BABÁ Y LOS 40 LADRONES.

Alí babá era honesto y humilde; tenía una buena mujer: Luz de la noche. Su hermano Kassim era deshonesto y malvado.
Un día que estaba en el bosque oyó un ruido atronador.
Asustado trepó a un árbol, viendo 40 jinetes cabalgando, cada uno con una bolsa llena de oro. ¡Eran ladrones! Y al llegar frente a una gran roca, el jefe gritó: “¡Ábrete sésamo!”. Se oyó un trueno y la roca se abrió como por encanto. ¡Increíble!
Los ladrones entraron y ya dentro, el jefe gritó: “¡Ciérrate sésamo!”. Y la roca se cerró. Era su guarida. Al rato salieron, la roca se cerró y los ladrones se alejaron a todo galope. Alí 8abá bajó del árbol y, frente a la roca, gritó: “¡Ábrete sésamo!”, Y se abrió. Raudo entró, hallando un fabuloso tesoro. “¡Ciérrate sésamo!”Dijo, recogiendo una gran cantidad de monedas y rubíes; asegurando su vida por mucho tiempo. Ya en casa su mujer saltó de alegría, acordando guardar el peligroso secreto. Iban a pesar el oro, teniendo la mala idea de pedir la balanza a Kassim. La mujer de éste sospechó y se lo dijo a su marido, quien obligó a Alí 8abá a contárselo todo. Kassim corrió a la cueva y, luego de gritar los «sésamos» ingresó a ella, estando muchas horas recolectando su propio tesoro. Pero, al querer salir, olvidó las palabras mágicas; siendo sorprendido por los ladrones, que no dudaron en matarlo. Alí Babá lloró al ver a Kassim muerto. Lo llevó al pueblo para sepultarlo, pagándole al enterrador para que no dijera nada. Al volver, los ladrones repararon que el cadáver ya no estaba, por lo que decidieron buscar a Alí Babá. Uno de ellos amenazó al enterrador, quien prometió llevarlo a la casa de este. Para ubicar el lugar marcó la puerta con ceniza. Pero Luz de la noche, que lo había visto, pintó todas las casas del vecindario.
Burlado, el jefe montó en cólera, matando al torpe ladrón. El mismo jefe halló la casa y trazó su plan. Entraría como falso vendedor de aceite, con 38 tinajas: allí irían sus ladrones.
La noche fijada llegó a casa de Alí Babá pidiendo posada. Alí aceptó. Cuando todos dormían Luz de la noche despertó: - Necesito aceite para tres lámparas, -pensó- veré en las tinajas.
Tomó un pesado cucharón, abrió la primera tinaja y un ladrón asomó. Ella le dio un cucharonazo. Así pasó con los otros. Furiosa despertó al jefe, a quien también le hizo lo mismo.
Alí Babá llegó asustado. Se había salvado gracias a Luz de la noche. A partir de entonces, fueron felices toda la vida. Fin
De Las Mil y Noches.

EL LOBO Y LOS 7 CABRITOS - RESUMEN

EL LOBO Y LOS 7 CABRITOS


Había una vez, una cabra que tenía 7 cabritos. Un día debía ir al bosque a buscar comida. Llamó a sus hijos y les dijo: -Hijitos voy a ir al bosque; tengan cuidado con el lobo, porque si entrara se los comería a todos. A veces se disfraza, pero es conocido por su voz ronca y por sus negras pezuñas. -Mamá -dijo el mayor- ve tranquila, porque nos cuidaremos. Y la madre emprendió el camino hacia el bosque. No había pasado mucho tiempo, cuando alguien llamó a la puerta diciendo: -¡Abrid, hijitos, que ha llegado mamá y les ha traído comida! - Tú no eres mamita, ella tiene la voz dulce. Tú eres el lobo. Entonces, el lobo fue en busca de un buhonero y le compró tiza. Se la comió y así logró suavizar la voz. Volvió, tocó y dijo: -¡Abran, hijitos, que mamá ha traído comida para todos! Pero apoyó una de sus negras pezuñas en la ventana. -Mamita no tiene la pezuña negra como tú. Tú eres el lobo.
El lobo corrió donde el molinero y le dijo: “Échame harina en la pezuña”. Como este se negó, lo amenazó con devorarlo. Ya enharinado, corrió a casa de los cabritos y les dijo: -¡Abran, que mamita ha vuelto y ha traído comida para todos!
-Enséñanos la pezuña, para ver si eres nuestra madre El lobo mostró su pezuña por la ventana y los cabritos, confiados, abrieron la puerta. ¡Fue atroz! Corrieron a esconderse; pero los halló y fue devorándolos uno a uno. Sólo el más pequeño, que se escondió en la caja del reloj, consiguió salvarse.
Al rato volvió la cabra. ¡Qué escena tan dolorosa! Llamó a todos y nadie contestó. Gracias a Dios, pudo oír al más pequeño: “Mamá, estoy aquí”. Le contó todo y ella lloró inconsolablemente. Salieron de la casa y al llegar al bosque, hallaron al lobo dormido junto a un árbol. Lo miró y vio que su vientre se movía y pateaba: “¡Dios! -pensó-, ¿mís hijitos vivirán todavía?”.
Entonces, ella abrió la barriga al monstruo y los cabritos fueron saliendo dando brincos, sin haber sufrido daño alguno.
-Ahora id a buscar unas grandes piedras -dijo la madre. Metieron las piedras en la barriga del lobo, y ella la cosió pacientemente. Al despertar, el lobo se dijo: “¿Qué me pasa? ¿Sólo 6 cabritos he comido, y en piedras se han convertido?”.
Se inclinó en el río para beber, pero el peso de las piedras lo arrastró al fondo, ahogándose por ser tan malvado. -¡El lobo ha muerto!, -gritaron los cabritos- ¡el lobo ha muerto!
Y, dichosos, bailaron con mamá por haberles salvado la vida.
Los Hermanos Grimm