NO SEAS AMBICIOSO - SECRETOS PARA SER FELIZ


NO SEAS AMBICIOSO - SECRETOS PARA SER FELIZ

No se puede negar el derecho a cada persona de tener sus ambiciones, de aprovechar la oportunidad de vida que se le ha concedido. Pero uno no se debe dejar atrapar por la ambición, sobre todo cuando puede dañar a otros, ya que si esta no se sabe manejar puede darle rienda suelta al poder y a querer controlarlo todo.

Era un emperador ya de edad, algo cansado. Una pena secreta lo carcomía: no tenía hijos. A menudo se ausentaba de la corte e iba con unos cuantos siervos fieles y discretos a casa de un eremita. Este vivía no lejos de la capital, en una simple cabaña de ramas cerca de una pagoda en ruinas. Sentado en un tronco de árbol, el emperador observaba al monje rezar, meditar, cortar madera y el brillo del hacha al ritmo de sus golpes bajo el sol.

-Contemplo desde hace años cómo vives; eres activo, enérgico, generoso y sabio. Yo me estoy haciendo viejo y no tengo hijos. ¿Quieres sucederme?

¿Quieres ser emperador?

Ante aquella pregunta asombrosa, el monje no respondió palabra.

- Imagínate los placeres, la riqueza, el poder absoluto, el derecho de vida y muerte sobre todo cuanto respira en este país. Podrías hacer construir aquí un palacio o un templo. ¿No te tienta?

El monje dejó el hacha, se recompuso las ropas y dijo:

- Voy a ir a la orilla del río a lavarme los oídos manchados por sus palabras.
Se fue al río donde se encontró a un campesino, que solía acudir allí con su vaca para que esta bebiese.

- ¿A esta hora te lavas las orejas? -le preguntó el campesino.
Sí, me las han ensuciado las palabras del emperador. Me ha propuesto que lo suceda y suba al trono.

- ¡Comprendo que te laves! -dijo el campesino-, y en estas condiciones no voy a dejar que la vaca beba de esta agua contaminada.

En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra.

Voltaire

Como Ser Feliz, No Seas Ambicioso, Secretos Para Hacer Feliz

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada