LA CURACIÓN DE LA VIRUELA Y LA PRIMERA VACUNA


LA CURACIÓN DE LA VIRUELA Y LA PRIMERA VACUNA

Probablemente, habrás oído hablar de la viruela. Es una enfermedad que ya no se da, pues ha sido derrotada por la ciencia.

La viruela era una enfermedad terrible. La facilidad de su contagio causaba grandes epidemias. Las personas atacadas veían cubrirse su cuerpo y la cara con innumerables pústulas, que le provocaban una infección general y la muerte. Quienes se salvaban, quedaban con el cuerpo y rostro marcados por las cicatrices de las pústulas.

Durante miles de años, la humanidad estuvo desarmada frente al ataque de los microbios de la viruela. Pero todo comenzó a cambiar hace 20 años, en Inglaterra.
Una soleada mañana de mayo de 1780 un joven médico ingles llamado Eduard Jenner paseaba por el campo, no muy lejos de Londres.

Al pasar junto a un establo, el doctor Jenner se acercó a mirar cómo ordeñaban a las vacas. Vio entonces que una jovencita tenía pústulas en las manos.

- Impresionado, le preguntó:
- ¿Tienes viruela?
- No, no tengo viruela y ¡Jamás le tendré!
- ¿Cómo lo sabes? ¿Por qué estas tan segura?
- Porque a las ordeñadoras se nos contagia esta enfermedad de las vacas, y cuando a una le salen estos granos ya no le vuelven a salir y nunca tiene viruelas.

Jenner regresó a Londres, sin olvidar lo que había visto y oído. Entonces pensó que en la leche de la vaca debía haber alguna sustancia que producía la viruela y al mismo tiempo la evitaba.

Durante varias años estudio casos de ordeñadoras que habían sufrido esta enfermedad “vacuna” que no habían sufrido jamás de viruela, a pesar de las epidemias.

Uno de los experimentos que hizo fue extraer líquido de las pústulas de las vacas, y aplicarlo a personas sanas haciéndoles un ligero rasguño en la piel, ahí crecía un grano que poco después se secaba. Comprobó que esas personas quedaban inmunizadas contra la viruela.

Jenner rasguñó con una aguja el brazo del niño y aplicó en la herida un poco de líquido de las pústulas de una ordeñadora. El niño cayó en cama, con malestar y fiebre, mientras en su brazo formaba un enorme grano. Semana y media después, el niño de restableció completamente, sin mostrar ningún malestar. Y cuando llegó la epidemia, ese niño y otras personas que habían sido tratadas de esa manera, no fueron atacados por el mal.

Fue así como el doctore Eduard Jenner descubrió hace dos siglos el remedio preventivo contra la viruela, y se generalizó el nombre de “vacuna”.

Actualmente, existen vacunas para muchas enfermedades, como tos convulsiva, sarampión, tifoidea paludismo, poliomelitis, etc. Hay vacunas también para enfermedades de los animales, como la vacuna antirrábica que se pone a los perros.

ELMO DEDESNA ZAMORA

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