EL TESORO DE BARBA IRIS


EL TESORO DE BARBA IRIS

Según contaba la leyenda, Barba Iris había sido el pirata de las golosinas más increíble que había existido nunca. En algún lugar perdido almacenaba el mayor tesoro que ningún niño podría imaginar. Por eso, cuando Fernando y sus amigos encontraron un extraño y antiguo cofre con lo que parecía ser un mapa de un tesoro para niños, se llenaron de emoción y se prepararon para la gran búsqueda del tesoro de Barba Iris.

Así, siguiendo las pistas, llegaron hasta una cueva oculta junto al lago, donde encontraron otro pequeño cofre. En él encontraron unas pocas golosinas, un gran cartel con la letra D, y otro mapa con más instrucciones para encontrar el tesoro, que les ayudó a superar la decepción inicial de pensar que no se tratara de un gran tesoro. Fernando y los demás consiguieron descifrar el mapa, para lo que necesitaron algunos días y leer unos cuantos libros, y así llegaron hasta un gran árbol hueco en medio de un gran bosque, donde volvieron a encontrar un cofre con algunas golosinas, un nuevo mapa y una hoja con la letra O.

Entre muchas aventuras encontraron dos cofres más con sus golosinas, sus mapas y la letra C y B. Pero el último mapa era un tanto extraño. Más que un mapa, parecían unas instrucciones bastante incomprensibles:

“Al tesoro ya has llegado pero tendrás que encontrarlo; si juntas un buen retrato
del hijo de tus abuelos, y lo pones justo al lado de la hija de tus abuelos, si luego añades las letras que cada tesoro ha dado se desvelará el secreto
que lleva tanto guardado. Ese que acerca tus sueños para poder alcanzarlo”.

Un día cuando miraban como siempre aquellas cuatro letras. Mauricio distraído, miraba la foto de los padres de Fernando que había sobre la mesa, y entonces dio un salto:
—¡Lo tengo!

Todos le miraron con interés, pero en lugar de hablar, Mauricio se acercó a la mesa. Reordenó las letras y al final acercó la foto de los padres de Fernando.
—O... B... D... C... ¡Obedece a tus padres!— gritaron todos a la vez.

Desde ese momento comprendieron que el gran tesoro que tenían era su propia familia.
Pedro Pablo Sacristán
(Adaptación)

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