EL QUISUAR CUENTOS DE ANCASH


EL QUISUAR

Hace muchísimos años los árboles actuales eran hombres, quienes vivían en todas las regiones de nuestra patria. Pero sus corazones se sentían muy tristes por falta de amigos verdaderos.

Al ver esa nostalgia pintada permanentemente en los rostros humanos, Dios se compadeció de ellos y les prometió que a su muerte cada uno escogería una nueva vida ¡como robustos árboles!

Al conocer esta feliz noticia, cada anciano pedía al señor que lo hiciera talo cual árbol y lo colocara en talo cual lugar, siendo fielmente cumplidos sus deseos. Todos pedían vivir en lugares más o menos abrigados. Sólo uno pidió vivir en las partes frígidas de nuestro Perú: el Quisuar. El Señor lo situó sobre los tres mil metros de altura, flanqueando a inmensos cerros o como guardián de ricas cuevas. Desde esas alturas divisaba sus queridos cerros, sus bellas quebradas y amplias lomas y protegía a sus hermanos hombres y amaba cada día más a esas tierras que le daban vida y alimentos, hundía sus fuertes raíces para abrazarla y cuidarla, abriendo sus coposas ramas abrigándola y dándole sombra. Como ocurre en los tiempos actuales, llegó una terrible sequía.

Los árboles y hierbas morian sin remedio, lo mismo los animales y hombres. Sólo los vientos de las alturas refrescaban al pobre quisuar, que se aferraba a la vida; pero ya sus hojas caían secas y sus ramas se rompían, más haciendo un esfuerzo sin límites, sus raíces luchaban por buscar agua y así una noche, partió una profunda roca.

El tremendo trabajo lo dejó inconsciente, pero al despertar se sintió vigoroso y fuerte. ¿Qué había pasado? pues la madre Tierra le había abierto sus entrañas para brindarle un río de Plata. Sí, de plata, líquida de esos que se entrecruzan en el subsuelo peruano, lo que nutrió su desfalleciente tronco.

Pasaron algunos días y el Quisuar empezó a remozarse. Era el único árbol lozano que se veía y lo mas singular, no era un árbol verde como los demás, sino un bellísimo gigante plateado, visible a grandes distancias.

Sus aterciopeladas hojas eran de plata, los pajarillas que anidaban en él ponían huevos de plata, los venados que buscaban su sombra tenía lomos plateados, las ovejas y vacas que pacían allí tenían vellones y leche plateados y el hombre que aprovechaba estos dones tenía el corazón de plata siendo noble y bueno como el bello Quisuar.

Dios se compadeció de la Tierra y volvió la lluvia y el Quisuar, venerable y sereno aún nos acompaña.

Este es el origen del color tan singular del Quísuar.

Aún ahora muchos aficionados a la mineria aseguran que donde hay árboles de Quisuar puede haber vetas de plata de buena ley y cavan sus minas con buen resultado.


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