CUENTOS DE ANCASH LOS HIJOS DE TURMANYE Y RASHTA


LOS HIJOS DE TURMANYE Y RASHTA


Turmanyé y Rashta vivían en una hermosa ciudadela ubicada en una vistosa colina llamada Pumacayán, paraje idílico rodeado de verdor, ríos cristalinos y aliado sur, justamente al pie de la colina, se contemplaba una hermosa laguna de aguas tan azules como el cielo absorto que la contemplaba.
Junto a Turmanyé y Rashta vivían sus siete hijos; Qarash, Yunca, Qaruash, Recue, Huaras y las mellizas Qallan, quien era morena y Raju quien era blanca. Todos ellos eran ya jóvenes a excepción de Huaras, quien era el menor. Dominaban las artes pacíficas de la conquista, las labores agrícolas y las construcciones pétreas y todos los quehaceres de una sociedad civilizada.
Un buen día Turmanyé y Rashta se dieron cuenta que la ciudadela quedaba ya muy pequeña para ellos y sus servidores. Entonces decidieron enviar a sus hijos en distintas direcciones, buscar un lugar y fundar su familia.
Una madrugada, en la que la luna brillaba en todo su esplendor como queriendo iluminar el camino a los futuros viajeros, Turmanyé llamó a sus siete hijos y dándoles muchos consejos, les entregó como contraseña, una piedra labrada extraída de un lugar estratégico de los muros de la ciudadela, advirtiéndoles al mismo tiempo que regresaran exactamente en tres años para dar su ubicación.
El primer llamado fue Qarash, llamado así por su predilección a andar escasamente vestido. El gallardo y apacible joven fue enviado hacia el norte, lo más lejos posible, para dejar espacio para sus hermanos. Vino luego Yunca (quebrada abrigada), e! más hermoso y soberbio, también fue enviado hacia el norte.
Tocó el turno a Qaruash, (amarillo) el más alegre y jaranero, quien le robaba el color (amarillo), a su amado padre. También fue hacia el norte. Turmanyé llamó luego a Recue, el más valiente y recio, conocedor de su carácter indomable, lo envió hacia las difíciles tierras del sur.
Siguió la bella morena Qallan, la más trabajadora y constante. Turmanyé tuvo pena por ella, pero la vio tan decidida con la lliclla atada a la espalda y la mágica rueca en sus hábiles manos, que la envió hacia las escabrosas tierras del lado oeste.
El tumo era de Raju (nieve), la más blanca, esbelta e inocente. Antes de que su padre hablara le rogó la enviara hacia el este, para mirar desde las alturas a su querida hermana melliza Qallan y también compartir su vida con su adorado el enigmático Cóndor, Turmanyé aceptó la propuesta.
Quedaba Huaras (el mas pequeño), por lo que aún usaba pañales motivo por el cual sus pantalones se veían abultados lo que derivaba en su nombre; como a toda madre a Rashta le era doloroso separarse de su benjamín, por lo que rogó a su esposo que lo dejara quedarse para ser el futuro señor de Pumacayán. La propuesta fue aceptada gustosamente.
Pasados los tres años los viajeros empezaron a volver.
La primera que llegó fue Qallan (la que empieza), saludó a su padre y colocó la contraseña que devolvió en el primer espacio vacío de la pared de! muro. Informó a su padre que sus dominios empezaban en la actual punta de Callán abarcando toda la fértil y bravía zona de los vertientes
Apareció al instante Qarash, venia más moreno, notándose que había estado en tierras cálidas, se le veía más hombre e informó a sus padres que se había quedado prendado de las hermosas campiñas que contrastaban coquetamente con las desérticas tierras del lado oeste de lo que hoy conocemos como CARAZ dulzura.
Llegó atrás Yunca, siempre hermoso, traía un hermoso collar de granadillas redondas (yungué purush) la que fue repartida entre todos. Dijo que se había asentado en una abrigada quebrada, lugar acorde con su nombre y su belleza; rodeado de flores, frutales y ríos de plata y lagunas misteriosas. Se quedó en lo que hoy llamamos YUNGAY hermosura.
Apareció luego Qaruash, repartiendo alegrías. Dijo que se había divertido bastante al encontrar un
hermoso paraje de aguas cálidas y verdor increíble y que para hacerla mas suyo salpicó de amarillo sus campos y de sonrisas sus caminos y entregó a cada uno de sus hermanos un bello ramo de retamas.
En eso se escucharon ruidos de muchos pasos y todos corrieron a mirar, era Recue quien ya tenía una recua de gráciles venados. Dijo que desafiando el frío y los truenos, doblegó el difícil suelo de lo que es hoy RECUA Y.
Allí mismo apareció Raju, tan blanca y suave como siempre. Contó que escondió su belleza en las altas peñolerías a quienes había cedido su blancura y su corazón creció para proteger a sus hermanos a lo largo del bello Callejón de Huaylas.
Turmanyé y Rashta quedaron felices con el informe de sus hijos, recogieron las contraseñas, bendijeron a sus siete hijos y los devolvieron a su destino, prometiéndoles antes, que siempre velarían por ellos con sus siete ojos y sus siete colores.
En cuanto a Huaras, llegó a hacer de sus ciudadelas el centro del progreso, manteniendo siempre la unidad con sus hermanos como lo es hasta ahora, su ciudadela lleva su nombre, su nobleza y su donosura.
Nosotros somos sus descendientes y moramos en la laguna encantada, en nuestros acuarios de cemento y adobe, presos por el amor a esta bella tierra, contentos y voluntariamente. Turmanyé siempre nos cuida y de vez en cuando nos da un jalón de orejas quizá por algo indebido que hacemos o por algo necesario que dejamos de hacer.

Cuento ganador del segundo Puesto de los Juegos Florales Municipales 1990 (Huaraz - Ancash)

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