CUENTOS DE ANCASH CANCHÓN EL HIJO MORENO DEL HUASCARÁN


CUENTOS DE ANCASH CANCHÓN EL HIJO MORENO DEL HUASCARÁN

Pampas Grande, es un pueblo singular, enclavado en las alturas de las vertientes ancashinas. Semeja un Balcón de donde se contemplan cerros, valles, desiertos costeños y el mar. A son de broma, algún visitante nos dice "que basta con estirar la mano, se coge un pez del mar y que basta con sembrar los granos de trigo y se cosecha el pan".

Es una tierra pródiga y de gente muy generosa.
Adornan a estos hombres, otros atributos; como el de dominar el idioma castellano por lo que casi todos son buenos oradores y poseedores de una pluma ágil de aires poéticos.
En este agreste pero bello pueblo hay inmensas moles de roca de afiladas puntas y sorprendentemente, casi en perfecta formación por orden de tamaño. Sobre el origen de estas conformaciones rocosas de singular atractivo se me ocurre el siguiente cuento:

MANJA (hoy, ruina arqueológica) y SUTOC (hoy, inmensa roca) eran hermanos.
Manja, hombre organizado, fundó una ciudad en la cima de un cerro, como acostumbraban nuestros incas. Por trabajos de ingeniería, inexplicables para mí, desde un puquial lejano hasta esa alta colina hizo subir el agua.

Construyeron andenes que hasta hoy subsisten y aún se utilizan. Su ciudadela, era un portento de organización con calles, plazuelas y una gran portada y sus hijos eran modelo de buen comportamiento.
Mientras tanto Sutoc, que era una mujer bellísima y caprichosa, llevaba una vida descuidada y casi libertina, tenía hijos de diferentes padres, los que vivían descuidadamente y casi abandonados, pues sólo eran auxiliados por su tío Manja, quien no cesaba de llamar a la cordura a su hermana haciéndole ver su mal comportamiento y las consecuencias que esto traería para todos.
Ella no le hacía caso, mas bien abusando de su hermosura y su poder avasallante hacia los hombres, hacía acrecentar su fama de mujer hermosa, caprichosa, fascinante y no había hombre que se resistiera a conocerla y amarla.
Un día, atraído por la curiosidad, llegó hasta Pampas Grande y especificamente a donde es hoy el Barrio de la "LA FLORIDA", donde vivía Sutoc, un hombre blanco: varonil, apuesto, atlético que parecía un Dios de la lejanísima Grecia. Dijo llamarse HUASCARAN.

Apenas conoció a Sutoc se enamoró perdidamente siendo igualmente correspondido. De estos ardientes amores nació CANCHON, un niño muy inteligente, quien a medida que crecía iba organizando a sus muchos hermanos. Canchon llegó a poseer la talla, el porte y la inteligencia de su padre pero el color trigueño de su madre. No había en todo Pampas Grande ni pueblos vecinos, un joven mas gallardo y esbelto que él y su fama se extendió.

Era la adoración de su padre Huascarán quien le amaba entrañablemente.
Mientras Manja era apacible y sus hijos normales, Sutoc era impetuosa y sus hijos eran gigantes; no poseían casa, pues no habría habido hogar capaz de albergarlos dado a su gran tamaño y por eso vivían dispersos en el campo.

Huascarán amaba cada día más y más a Sutoc, pero ella ya había cambiado de parecer y le desdeñaba, pues ya estaba enamorada del moreno Bombón. Canchón sufría mucho por esto, ya que amaba demasiado a su blanco padre.

Un día Huascarán herido en su orgullo ya no aguantó más y abandonó a la caprichosa Sutoc y se regresó a su querido Yungay.
Al enterarse de esto Canchón quiso seguir a su padre y emprendió el camino, pero tras él, también fueron sus hermanos de madre quienes respetaban a Canchón como si fuera su padre. El no quiso llevarles pero ellos insistieron.

Los más pequeños adelante, los más grandes atrás, otrosiban a hurtadillas por diferentes caminos y algunos se quedaron junto a su madre como formando un círculo que hasta hoy subsiste (Ccacca Corral) para no dejarla ir también.
Manja se enteró de esto y reprendió duramente a Sutoc, relievando las cualidades de Huascarán, quien se había hecho querer por Manja y su familia. Sutoc recién comprendió todo y renació en ella su amor por Huascarán, por sus hijos y se arrepintió de su comportamiento de antes.
Hecho de menos a sus hijos enterándose que todos iban tras de Huascarán. Entonces los llamó desesperadamente y sus gritos repercutían en el corazón de Huascarán. Llamó al ya gigante Canchón y quiso correr tras ellos y los pies le pesaban tanto, sus ojos se nublaron, su lengua se ató y allí quedó sentada convertida en una roca inmensa.

Por lo demás, todos quedaron convertidos en piedras, incluso el blanco Huascarán. Pero el destino se encargó de que Canchón quedara justamente frente a Huascarán, su amado padre y allí están contemplándose eternamente unidos por el hilo invisible del misterio y la distancia de una mirada.
Pampas Grande, aún hoy, ejerce el poder y atracción de Sutoc. Para muestra un botón: no hay soltero o soltera que llegue a esta linda tierra que regrese sólo, o vuelve en pareja o se quedó allí.
Canchón es un gigantesco cerro pétreo, heredero de la altura y altivez de su padre. Afamados andinistas lo han querido escalar, pero no lo han logrado, sólo el cóndor se ufana de haber hollado su cima; mas, llegar junto a él ya es suficiente hazaña y pisar sus suelos circundantes es para llenarse de interrogantes ¿interrogantes? Sí.

Visita Pampas Grande, con su Canchón misterioso, su aún fascinante Sutoc, su invalorable Manja y su huidizo Bombón y me ayudarás a contestar la interrogante sobre el hijo moreno del Huascarán.

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