UN CUENTO PARA PERÚ


UN CUENTO PARA PERÚ 

Los Gobiernos del Perú

(1600)


Perdone don Modesto de Lafuente, pero lo que él da en sus chispeantes anécdotas como coloquio entre Santa Teresa y Cristo se lo oí referir a mi abuela la tuerta como pasado entre Santa Rosa de Lima y el Rey de los cielos y tierra. Fray Gerundio cuenta la escena con la elegancia que le es propia. Pero no por eso he de privarme de contar a mi manera esta historieta que en mi tierra es tradicional. Si hay plagio en ello, como alguna vez se me dijo, decídalo el criterio del lector.

Un día en que estaba el buen Dios dispuesto a prodigar mercedes, tuvo un coloquio con Él, Santa Rosa de Lima. Mi paisana, que al vuelo conoció la benévola disposición de ánimo del Señor, aprovechó la coyuntura para pedirle gracias, no para ella (que harta tuvo con nacer predestinada para los altares), sino para ésta su patria.
-¡Señor! Haz que la benignidad del clima de mi tierra llegue a ser proverbial.
-Concedido, Rosa. No habrá en Lima exceso de calor ni de frío, lluvia ni tempestades.

-Te ruego, Señor, que hagas del Perú un país muy rico.
-Bueno, Rosa, bueno. Si no bastasen la feracidad del terreno, la abundancia de producciones y los tesoros de las minas, le daré, cuando llegue la oportunidad, guanos y salitre.

-Te pido, Señor, que des belleza y virtud a las mujeres de Lima y a los hombres clara inteligencia.
Como se ve, la Santa se despachaba a su gusto.

La pretensión era gorda, y el Señor empezó a ponerse de mal humor.
Era ya mucho pedir. Pero, en fin, después de meditarlo un segundo, contestó sin sonreírse:

-Está bien Rosa, está bien.
Y el Señor murmuró entre dientes:
-A esa chica no le falta más que pedirme que convierta a su Lima en una sucursal de la celeste gloria.

A la pedigüeña le faltó tacto para conocer que con tanto pedir se iba haciendo empalagosa. Al fin, mujer. Así son todas. Les da usted la mano y quieren hasta el codo.

El Señor hizo un movimiento para retirarse, pero la santa se interpuso:

-¡Señor! ¡Señor!
-¡Cómo! ¿Qué? ¿Todavía quieres más?
-Sí, Señor. Dale a mi patria buen gobierno.
Aquí, amoscado el buen Dios, le volvió la espalda, diciendo:
-¡Rosita! ¡Rosita! ¿Quieres irte a freír picarones?
Esto explica por qué el Perú anda siempre mal gobernado, que otro gallo nos cantara si la santa hubiera comenzado a pedir por donde concluyó.

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