HONRA A TU MADRE CUENTOS SOBRE HONRA A TU MADRE


HONRA A TU MADRE CUENTOS SOBRE HONRA A TU MADRE

Estas eran dos hermanas viudas que tenían el mérito de ser piadosas y, desde luego, procuraba guiar a sus hijos por los preceptos y la doctrina de Jesús.

Pero una era constante en la educación que daba a su hijo, mientras que la otra cejó pronto en ese noble empeño.

Rafael era de la misma edad de Víctor, y cuando estuvieron aptos, ingresaron a trabajar en casas comerciales como aprendices.

La para esa reducida, desde luego, pero con las propinas que recibían de algunos clientes, Rafael sostenía a su madre con decoro; mientras Víctor, indolente, trataba de dar a su madre lo menos posible de su paga, usando el resto en su propio beneficio.

Pasaron los años muy veloces, y tanto Rafael como Víctor hicieron progresos en su trabajo. Ahora eran vendedores y, por lo tanto, sus ingresos eran mayores.
Rafael proporcionó a su madre mayores comodidades en relación a su haber. Víctor por el contrario, seguía dando a su madre la misma cantidad de dinero, de modo que ella se veía obligada a trabajar cosiendo para las tiendas hasta altas horas de la noche. Podía así ella sostenerse y ayudar a su hijo, quien dilapidaba su sueldo en jaranas y vicios.

Ambos formaron su hogar propio. Rafael, siguiendo los consejos de su madre, tomó por consorte a una humilde pero virtuosa joven. Víctor, en cambio, se unió a una muchacha fatua y petulante como él. Al cabo del tiempo, como era natural, ambos tuvieron hijos.
Rafael llegó a prosperar en forma notable. Había abierto por su cuenta, con sus ahorros y la protección de sus patrones, un negocio, en el cual, dicho sea de paso, le iba muy bien yendo por el camino de hacer fortuna. Víctor continuaba de vendedor, percibiendo el mismo salario y sin muestras de mejoramiento de ningún orden.

Cuando murió la madre de Rafael, enorme fue el dolor y la desolación del joven. Guiado por el acendrado amor que le tenía, hizo construir un mausoleo para el eterno reposo de sus amados restos. Cuando falleció la madre de Víctor, éste poco o nada se afectó por ello; más bien pensaba en su fuero interno que debería felicitarse por haberle liberado Dios de una carga mortificante, pues la anciana madre, era, además de enferma, inválida por una hemiplejía; y la hizo enterrar en una fosa común sin escrúpulo alguno.


¿Cuál fue la causa de tan distintos destinos y de tan diferentes epílogos?
La causa fue la diferencia de educación que cada madre prodigó a su hijo. Y en la diferencia de posibilidad de cada hijo respecto a sus deberes filiales.
El uno, Rafael, había tenido siempre presente el precepto: “Honra a tu padre y a tu madre”; el otro, Víctor había olvidado por completo este edificante precepto. Por eso no honró a su madre.

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