EL GORRIÓN CUENTOS DE GORRIONES


EL GORRIÓN CUENTOS DE GORRIONES

Volvía yo de caza y seguía, a lo largo, una de las avenidas del jardín. Mi perro me precedía corriendo.
De repente comenzó a cortar el paso y, después; a agazaparse como si olfateara una presa.

Eché una mirada al medio de la calle de árboles y vi en ella a un polluelo de gorrión, de pico todavía amarillo y plumón en la cabeza.
Se había caído del nido a causa del viento que mecía con fuerza los álamos de la avenida. Estaba inmóvil, extendiendo en su desamparo las alitas implumas.

Mi perro se le acercaba cautelosamente, cuando de pronto, abalanzándome de un árbol cercano, un gorrión viejo, pechinegro, cayó como una piedra casi delante de su hocico, y, todo erizado, desfigurado, con piar lastimero, saltó dos veces en dirección de las fauces dentadas y abiertas.

Se había lanzado para salvar a su polluelo y servirle de defensa. Todo su cuerpecito, temblaba de terror, pero su voz era salvaje y ronca; moría de miedo pero se sacrificaba. ¡Qué enorme monstruo debía parecerle el perro! Y, sin embargo, no permaneció quieto, libre de todo peligro en su alta y segura rama. Una fuerza superior a su voluntad le había impulsado.

“Tesoro”, mi perro, se detuvo y retrocedió. Dijérase que también reconocía aquella fuerza.

Confuso, me apresuré a llamarle y me alejé lleno de un profundo respeto.
Sí; no os riáis; sentí respeto ante aquella avecilla heroica y su poder amoroso.
El amor, pensé, es mas fuerte que la muerte. Por el amor, se soporta y se prosigue la vida.


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