LA COLIFLOR Y LA MARIPOSA


LA COLIFLOR Y LA MARIPOSA

Una mariposa, multicolor y graciosa, revoloteaba delicadamente por un huerto pero, aguijoneaba por el hambre, se posó sobre una coliflor.

La volátil criatura, al clavar su aguijón en la blanca coliflor, lanzó esta interjección:

– ¡Uac, qué asco! Hice mal en venir a este huerto habiendo mil jardines con rosas y claveles, hortensias y margaritas, que brindan su néctar inigualable.

Aquella mañana estival era tibia y la mariposa continuaba punzando con sus dardos a la blanca coliflor.

– Los productos de una huerta no son para mi fino paladar y menos será la coliflor que me revuelve las entrañas. ¡Esto no lo soporto! Me voy; no debo permanecer un segundo más.

–¡Un momento! –Intervino la coliflor– ¡Como se ve que has cambiado de gusto y modales! ¿Recuerdas cuando te arrastrabas humildemente? Entonces no tenías los colores de hoy ni tus remilgadas actitudes.

–¿Con qué derecho mancillas mi ilustre abolengo? –protestó la mariposa–. Yo soy criatura de alturas, no como tú, que vives hundida en la tierra.

La coliflor, haciendo gala de madurez, respondió:

–¿Ahora que estas vestida de sedas multicolores y vuelas de flor en flor olvidas tu pasado? ¡No, pretenciosa amiga! Aún está cerca el día en que te arrastrabas como un inmundo y desnudo gusano, consumiendo mis hojas para alimentarte. ¿Lo recuerdas?

–¡Ji, ji, ji! A palabras necias, oídos sordos –se burló con maldad la mariposa.

–Nada de risitas, fugaz y pretenciosa criatura –replicó la coliflor–. Escucha lo que te digo: Quien desdeña a los buenos amigos de otros tiempos, obra con ingratitud. La memoria te es infiel porque te escudas en la vanidad de tu hermosura.

La mariposa, en el pináculo del orgullo, gritó:

–¡Basta, miserable! No permito tus injurias.

–No me importa tu desprecio porque sé de quién viene –replicó la coliflor. Si algo hiere mi alma es tu ingratitud. No olvides que un día te di protección; hoy me pagas con una bofetada. ¡Sé feliz!

A la mañana siguiente, la mariposa yacía muerta en el lodo.

Ayer mi pan comiste, y hoy no recuerdas que me viste.

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