DIÓGENES Y EL CALVO - FÁBULAS DE ESOPO


DIÓGENES Y EL CALVO


Diógenes, paseando, se dio de cara con un calvo.

-¡Fíjate bien por dónde caminas, viejo cegatón!- le increpó el pelado.
-Te pido me disculpes por el daño causado. No tuve intención de lastimarte- repuso el filósofo.

Mas el calvo le soltó este improperio:

-¡Quédate como eres, ciego vejete! ¿Habráse visto querer darme lecciones de buenos modales? ¡A la porra, guiñapo humano!

Diógenes, sin inmutarse, le dio esta respuesta:

-No es mi costumbre recurrir al insulto para repeler otro insulto...¡Que los dioses no lo permitan!... Pero sí debo elogiar a tus cabellos que abandonaron a tiempo esa cabeza hueca. ¡Que Dios te ampare!

Quien al prójimo ofende, su propio daño pretende.

DIÓGENES Y EL CALVO

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