CUENTOS PARA NIÑOS DE LA SEMILLA DE AVELLANA


LA SEMILLA DE AVELLANA

Un día un muchacho en el campo sobre una piedra comía avellanas; comió una y arrojó la semilla al suelo.
Al rato pasó un anciano que iba a su chacra y viendo la semilla la levantó y allí cerca en un sitio húmedo, cavó un hueco y la enterró.

El niño que miraba esto se rió en tono de burla, pero el anciano que comprendió le dijo:

- Te burlas porque la siembro, ¿de dónde sabes que crezca un árbol y preste servicios? A mí no, tal vez, porque pronto moriré; pero a otros sí.

Pasó mucho tiempo y este muchacho ya convertido en un hombre de negocios regresaba de una ciudad lejana donde había estado trabajando.

El camino era desértico, es decir, que no había ninguna planta. Caminaba angustiado por la fatiga, el calor y la sed.

De pronto llegó a un gran árbol a cuya sombra se sentó a descansar, cuando alzó el rostro vio que el árbol estaba cargado de exquisitas avellanas, cogió algunas y sació su sed.

Cuando comió una de ellas y arrojó la semilla, recordó inmediatamente la escena aquella del anciano. La avellana que aquel pobre hombre había sembrado era ésa misma que servía de alivio a los viajeros.

El caminante bendijo la memoria del anciano y en adelante siempre que podía, sembraba plantas y las cuidaba.

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