CUENTOS LARGOS LA BOLSA MÁGICA


CUENTOS LARGOS LA BOLSA MÁGICA

Érase un hombre demasiado pobre que tenía tres hijos jóvenes que decidieron recorrer el mundo en pos de fortuna.

Con la bendición del padre, el primero se fue por Europa, el segundo incursionó al Africa y el tercero, luego de mucho caminar, llegó a un continente desconocido, donde lloraba al sentirse solo.

En esa ocasión se le presentó un hada y le dijo:

- Lloras porque extrañas a tus padres?. Toma esta bolsa de dinero y por más que gastes, lo que contiene, nunca estará vacía.

Caminando, caminando, llegó a un palacio. La reina le brindó hospedaje a cambio de que le relatara sus aventuras. De esa manera se enteró de la maravillosa bolsa que poseía. Aprovechando que dormía, la soberana se la cambió por otra parecida.

El joven continuó viaje y al llegar a una posada pidió de comer. Cuando extrajo de la bolsa las cinco monedas, quedó completamente vacía y comprendió la jugarreta de que había sido objeto.

Con el propósito de recuperarla volvió al palacio. Al pasar junto a una higuera se comió un higo grande y en el acto le creció una tremenda cola. Desesperado se comió uno pequeño y volvió a la normalidad.
Cogió una cantidad de higos grandes y pequeños y simulando ser un comerciante daba vueltas alrededor de palacio, pregonando:

-¡Higos, higos!. Quien los come jamás envejece ni pierde su belleza.

La reina reconoció al joven y dispuso que le dieran hospedaje en palacio. A la media noche la soberana sustrajo un higo grande y se lo comió. En el momento la mujer se convirtió en una mona con tremenda cola.

Con los ojos que le chispeaban, la improvisada monigota rogó al joven para que le quitara el encantamiento.

-Devuélveme la bolsa mágica que me arrebataste la vez anterior. La mona reina, devolvió la auténtica bolsa, con la que el muchacho, al retornar a casa, contó sus aventuras y los hermanos que también habían vuelto, se sintieron muy felices con el producto de la bolsa.

La reina, por obra del joven, volvió a lo que era, luego de comer un higo pequeño. Desde entonces, la soberana fue amable y cariñosa con su pueblo.

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