TRATAMIENTO PARA LA MITOMANÍA - REMEDIOS PARA LA MENTIRA


TRATAMIENTO PARA LA MITOMANÍA


Remedios para la mentira

No pretendemos dar recetas magistrales para erradicar el hábito de mentir en los niños. Pero sí hay algunas cosas que le ayudarán a prevenir o a curar de a poco este mal tan común en los pequeños.

a. Confianza en el niño. La mentira es un cáncer que debe ser prevenido o, si está presente, extirpado. No obstante, a veces un niño miente porque cuando dijo la verdad no se le creyó. Si usted le demuestra desconfianza sistemática e injustificadamente, lo obliga a mentir, pues en vez de decirle lo que siente o lo que estima que es la verdad, le dirá lo que le parezca que usted va a aceptar. No lo acuse de mentiroso. Mentir una vez no es ser mentiroso. Una sola acusación equivocada hará vacilar la confianza que tiene en usted y en él mismo.

b. Sinceridad. Para que el niño considere inútil la mentira, basta criarlo en un clima de sinceridad. ¿Le dice usted las cosas como son, tal como su edad le permite entender? ¿Usted actúa y habla siempre con sinceridad? Esté seguro de no echar mano de mentirillas en las que los niños participan más o menos directamente: "Si llama la Sra. X dije que no estoy"; "No le cuentes esto a papá".

Tampoco le mienta (ni le diga medias verdades) para evitar ofrecerle la información que solicita sobre una cuestión que le causa dificultad: educación sexual, divorcio, pornografía, etc. Busque la respuesta clara, que la edad del niño requiere, désela con simplicidad y no se avergüence por ello. No precisa darle más información que la que él le pide, pero désela con franqueza y seguridad.
Si no puede responderle algo, dígale que se lo explicará cuando él pueda comprenderlo, pero no lo engañe. Si su hijo confía en usted, le creerá aunque no pueda comprenderlo.

c. Discreción. A medida que su hijo crece, necesita independencia. Por eso recurre a veces a mentiras para lograrlo. No lo deje llegar a este punto. Renuncie a sus sentimientos sobreprotectores, dándole la dosis de independencia progresiva que necesita.
Déjelo equivocarse -cuidándolo siempre del peligro- pero no se lo haga notar. No fuerce su intimidad. No lo obligue a ser su confidente. Si usted lo ha educado en un clima de confianza, él mismo le contará sus sentimientos. Guarde siempre sus secretos (sin ser cómplice de sus fechorías). Dispóngase para escucharlo más que para hacerla hablar.

d. Use el castigo en caso extremo y necesario. El castigo (corporal o psíquico) no es siempre oportuno. No obstante, cuando lo sea, cuide que sea justo y didáctico.

e. Firmeza. Sea firme en decir, seguir y defender la verdad, y la mentira no tendrá mucha cabida en el decir y hacer de su hijo. Sea consecuente y perseverante. No deje pasar una mentira porque ese día está "cansado", en tanto que otra vez lo castiga porque "ésa no se puede dejar pasar". Guíe la educación de su hijo por principios y no por estados de ánimo.

f. Contorno ético. El niño debe vivir la verdad como clima del hogar. En tal caso la mentira será un intruso en casa, y aunque el niño la experimente alguna vez, no se arraigará en él como un hábito. Hágale ver los contornos éticos de la mentira, las consecuencias en su propio carácter y en la vida de los demás y. sobre todo, la desaprobación de Dios en relación con la lengua mentirosa: "El Señor aborrece a los mentirosos, pero mira con agrado a los que actúan con verdad"
Autora: Mónica Casanumona
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