LOS CACHORROS ESTILO DE LA OBRA RESUMEN MARIO VARGAS LLOSA


ESTILO DE LA OBRA LOS CACHORROS


Siguiendo las pautas de La ciudad y los perros y La casa verde, Vargas Llosa continúa con un experimentalismo, que consigue efectos muy intensos. Lo más destacable en la lectura de esta obra es la velocidad narrativa, su viveza, la impresión de que el relato se desborda, cae fluida mente. Para conseguir esto, utiliza una serie de procedimientos muy amplios. Para empezar destaca la acumulación narrativa. Todo es posible dentro de una misma frase: diálogo, narración, descripción, sonidos, fantasías, pensamientos... 

Por ejemplo, esto se ve claro con uno de sus recursos estilísticos más utilizados, el estilo indirecto libre. Los diálogos son introducidos sin marcas previas, buscando la velocidad, el desconcierto, pues no se sabe quién habla exactamente.

La escena de la castración es magistralmente relatada, mediante el ladrido del perro amenazante que interrumpe la narración, creando sobresalto y angustia:

A veces ellos se duchaban también, guau, pero ese día, guau guau, cuando Judas se apareció en la puerta de los camerinos, guau guau guau, sólo Lalo y Cuéllar se estaban bañando: guau, guau, guau, guau. (1967:59)
La cantidad de ladridos muestra la cercanía cada vez mayor del perro.
Mediante estos recursos de creación de imágenes sonoras se ayuda a crear las visuales."

Otro de los procedimientos innovadores que utiliza, y el que resalta por encima de los demás es el cambio de persona verbal, reiteradamente, en una misma frase, la falta de concordancia sujeto-verbo, la supresión de verbos ... Vemos ya en novelas anteriores el afán de totalidad del autor, el deseo de narrar desde todos los puntos de vista. En Los cachorros intensifica esta concepción del punto de vista total.

Nunca sabemos quién es el narrador, puesto que hay un continuo juego: «Lo vieron pasar uno, dos, y al tercer tumbo lo vieron, lo adivinamos meter la cabeza, impulsarse con un brazo para pescar la corriente, poner el cuerpo duro y patalear.» (1967:106) «Entonces volvíamos a nuestras casas, y se duchaban y acicalábamos».

El juego entre la primera persona narrativa y la narración omnisciente es constante.

Esa primera persona narrativa representa la voz de uno de «los cachorros», pero, intencionadamente, según parece, no se puede saber cuál, todos ellos forman una unidad. Puede parecer incluso que ese «nosotros» incluye al lector. Llama la atención que Cuéllar no es nunca el narrador, es el diferente, el que no es parte de ellos. La inclusión del lector como parte de la narración se consigue también por la lengua utilizada: jerga colegial, juvenil, local. .. Se crea intimidad con el uso de diminutivos, y la lengua infantil usada, por ejemplo, por Teresita. El autor consigue apresar ambientes, recobrarlos vivamente gracias al tratamiento formal.

Donde no hay experimentalismos es en el tiempo y el espacio, perfectamente delimitado. El tiempo es lineal y recorre todas las etapas de una vida.

Fuente: Cultura Peruana

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada