EL LADRÓN Y EL PERRO - CUENTO INGLÉS


EL LADRÓN Y EL PERRO

Era este un perro muy bravo. No dejaba que nadie se acercara a la casa. Sus dueños estaban orgullosos de él. Era un buen guardián.

Cierta vez, aprovechando la oscuridad de la noche, un ladrón entró a la casa. Los dueños habían salido dejando a su perro al cuidado de todo.

El perro descubrió al ladrón y empezó a ladrar. Los vecinos se despertaron, y ya iban a levantarse para ayudarlo, cuando el ladrón le arrojó un hueso. El perro se calló. Cogió el hueso y se fue a un rincón.

Los vecinos, pensando que no pasaba nada, se volvieron a dormir.

El ladrón se llevó todo lo que había. Cuando sus dueños volvieron, el perro seguía royendo el hueso. Comprendieron lo que había pasado y lo botaron de la casa diciéndole:

-El ladrón no te ha engañado a ti. ¡Tú nos has engañado a todos!
Juanito y los frijoles Mágicos

Había una vez un niño llamado Juanito, él vivía con su mamá en el campo. Los dos eran muy pobres y sólo tenían una vaca que les daba leche para poder vivir.

La vaca fue haciéndose vieja y cada vez daba menos leche. Por eso, un día decidieron en venderla. Juanito se dirigió al mercado del pueblo para vender la vaca, pero en el camino se encontró con un hombrecillo que le dijo –

¿A dónde vas con esa vaca? A venderla, respondió Juanito.
¿Cuánto pides por ella? Preguntó el hombrecillo.

Juanito no sabía el precio y sólo dijo – es una buena vaca, vale ... ¡ bastante!

El hombrecillo no tenía dinero pero sacó de su bolsillo un puñado de frijolitos y le dijo – Te doy estas semillas a cambio de la vaca. Juanito miró maravillado las brillantes semillas y aceptó el cambio.

Al volver a casa, Juanito le mostró a su mamá las semillas que traía. La madre muy molesta le dijo:
¡hijo mío! ¿Cómo has podido cambiar la vaca por unos frijoles? ¡la vaca era lo único que teníamos para vivir!
¿Ahora, qué haremos?

Juanito estaba muy apenado y preocupado por lo ocurrido. Sólo le quedaba sembrar las semillas de frijoles para que crecieran cuanto antes. Así que antes de acostarse, sembró los frijoles cerca la ventana de su habitación.

Al día siguiente, Juanito se despertó y no podía creer lo que sus ojos veían. Las semillas se habían convertido en una enorme planta. ¡Mamá! ¡Mira! ¡las ramas son tan altas que parecen que llegan hasta las nubes! – dijo Juanito sin salir de su asombro.

Juanito trepó y trepó por el grueso tallo hasta que llegó al final de la planta, donde había un gran castillo.

El valiente Juanito entró al castillo y grande fue su sorpresa al encontrar en la sala a un horrible gigante. El gigante tenía una gallina, que al poco rato puso un huevo de oro. Juanito estaba escondido del gigante esperando una oportunidad para llevarse el huevo de oro. Así, el gigante se sentó a almorzar y cuando terminó se fue a dormir una siestecita.

Juanito aprovechó la oportunidad para llevarse el huevo de oro cuando de pronto la gallina le dijo – llévame a mi también. Por lo que Juanito cargó con la gallina de los huevos de oro y comenzó a correr de regresó a casa. Pero, el gigante se despertó y lo empezó a seguir... Juanito bajó por la planta y cuando estaba por el tallo, le gritó a su mamá:

-¡ Alcánzame el hacha para cortar la planta!

Así, al llegar a tierra, cortó el tallo de la planta y el gigante cayó al suelo, dándose un fuerte golpe. Atemorizado y adolorido se levantó y se fue corriendo para nunca más volver.

Juanito y su mamá se abrazaron muy contentos. Y así vivieron muy unidos y felices.

Anónimo
(Tradición Inglesa)

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