EDUCAR AL NIÑO EN LA ESPIRITUALIDAD - LA EDUCACIÓN ESPIRITUAL DE LOS NIÑOS


EDUCAR AL NIÑO EN LA ESPIRITUALIDAD


La educación espiritual de los niños
LA VIDA ESPIRITUAL DE LOS HIJOS
LA EDUCACIÓN RELIGIOSA DEL NIÑO

La palabra "religiosidad" es cada vez menos usada en nuestra sociedad. Su uso ha decaído a tal punto que cada vez que la empleamos nos vemos obligados a redefinirla y a reubicarla en el contexto en el cual la usamos, para no dar lugar a confusión o a mala interpretación.
Se acepta como generalizado el hecho de que "religiosa" es una persona que en cierto modo ocupa un lugar no común en la comunidad o en su mismo grupo, ya sea por su posición ideológica o por la naturaleza de su profesión.

Sin connotaciones secundarias, "religiosa" es una persona que posee una religión que orienta su vida, y que la profesa con celo. Si es así de simple ser religioso, entonces ¿por qué no detenemos y considerar con más frecuencia la religiosidad en el ser humano? El estudio de esta cualidad humana trae aparejados algunos interrogantes: ¿Es el sentimiento religioso innato? ¿Cuándo nace? ¿Cómo se origina? ¿Cómo se desarrolla? ¿Cuánto dura? A continuación, consideremos algunas respuestas a estos interrogantes.

Origen del sentimiento religioso
El niño nace con el innato "deseo de ser bueno'", por un lado, y la predisposición y tendencias heredadas hacia el mal, por el otro (Romanos 7: 21), pero sin la capacidad para distinguir el bien y el mal en sí mismos, aunque sí sus consecuencias.

En los primeros años el niño es incapaz de captar el hecho de que puedan existir autoridad y puntos de vista diferentes del suyo propio. Se sitúa necesariamente en el centro de su mundo e interpreta todo según su propia experiencia. De este modo, es "bueno" lo que le hace bien y le ocasiona placer y es "malo" lo que lo daña o lo disgusta. Aunque esto es más bien moral que religiosidad, es uno de los puntos de partida para la formación de la conciencia religiosa. Cuando el niño ha sido bien encaminado en la consolidación de su juicio moral, su sentimiento de religiosidad tendrá una base más firme y no tan sólo imitativa.

La responsabilidad paterna va más allá de proveer instrucción, alimento y vestido a los hijos. Los padres deben saber cómo guiar a los niños en la vida espiritual.

Desde un punto de vista psicológico, podríamos decir que alrededor de los tres o cuatro años, cuando el niño llega a la edad del animismo, está en condiciones de iniciar la vía del sentimiento religioso, pues ya ha comenzado a conceder a las fuerzas humanas mayor valor que a la de los objetos. "No cabe establecer en qué momento una experiencia se hace religiosa y cuándo se la puede calificar de tal Pero es innegable que en la infancia se esbozan decisiva- mente los caracteres de la religiosidad: la relación con fuerzas -por lo común personificadas, la atracción y el temor hacia ellas, el esfuerzo por entrar en comunicación con las mismas. 

Todo ello está magnificado y puede parecer falso a un pensamiento lógico crítico, pero es también un paso importante y bien dado" para la formación del sentimiento religioso.

No obstante, el ingreso a la vía de la religiosidad debe ser preparado aún antes del nacimiento. La vida piadosa de la madre y su preocupación por las cosas espirituales constituyen el primer paso que encaminará al niño en esta vía; y la siembra religiosa de cada día en el tierno corazón del pequeño dará frutos que se concretarán en un carácter equilibrado y en una profunda experiencia espiritual.
Autor: Mónica Casarramona
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