EL ASNO Y SU AMO
Un hombre que era dueño de un viejo asno, todas las tardes después de hacerle trabajar al pobre animal lo encerraba, le daba de comer un puñado de paja y le decía: - Ahí tienes tu rico almuerzo. Veo que con esto es suficiente y además es tu comida favorita.
Hasta que un dio, aburrido y molesto del discurso, el burro decidió contestarle:
- Tu haz decidido que este pobre puñado de pasto es suficiente para alimentarme y es lo único que me das; lo mismo piensas del sabor de mi paladar; y nunca haz intentado darme otros bocados.
Dame un puñado de trigo, o un atadito de zanahorias, un poco de pasto fresco y veras si no son de mi agrado.
Moraleja:
“Si escribes mal no sacas nada tratando de disculparte acusando a los demás de el mal gusto”
Fábulas De Esopo
Fuente: Toribio Anyarin Injante













