PERRADA - ESQUIVEL BLAS, R.C.


PERRADA


En la espesura del bosque dos voces dialogan sobre el destino humano. ¡Croac! ¡Croac! Dijo el sapo queriendo participar en la conversación. Se le quedaron viendo y se preguntaron ¿Qué animal es este que se expresa en un idioma tan extraño?

- ¡Croac! -insistió el batracio.
- ¡Guau! ¡Guau! - dijo un canino con ironía

Al no entenderlo se alejaron mientras el sapo les gritaba en su lenguaje "Por favor, ayúdenme, mi hogar fue envenenado, mi familia ha muerto.

¡Ayúdenme, por favor!" Si hubieran volteado habrían visto que el sapo tenía lágrimas en sus grandes ojos.

Crac, Crac; protestaba la hojarasca bajo sus patas. Uno de los perros se detuvo junto al vetusto roble, alzó la pata y marcó su territorio; el, otro, al verlo, sonrió burlonamente.

- ¿Piensas quedarte? -preguntó.
- Por un tiempo, hasta que muera el bosque

En efecto -dijo el otro--, la sanguijuela de dos patas taló árboles, derribó nidos, mató pichones y las garras de sus enormes máquinas levantaron la piel del bosque y algunas extrañas criaturas vomitaron una sustancia negra por la que transitan insectos metálicos de luminosos ojos.

Cuentan en sus cantos los ruiseñores que los cedros, sin protestar, decidieron morir estoicamente. Lejos de ahí la ciudad se cubre de diminutas luces. De ella vienen el canino cenceño y rengo con la mirada bañada de aflicciones y su amigo, un perro de pelo negro con una mancha blanca en el pecho en forma de corbata. El cadavérico Alaco parecía hurgar en sus ideas.

- Es el más cruel de los seres
Bruno, el perro de la mancha blanca nadaba en sus recuerdos. Su rostro se hizo agresivo y violento. "Grrrr" dijo queriendo morder a su recuerdo.

- ¿No te parece? -insistió Alaco.
- Tienes razón -respondió-, es un animal ahogado en sus vicios, es una alimaña viviendo en sus defectos
- Pero alardea de virtudes.
- Sólo para ocultar su ineptitud.
- ¿Es un enano moral?
- Peor; es garrapata libando mediocridad.

Distantes, se oyeron murmullos de los insectos metálicos. Alaco buscaba alguna explicación a la naturaleza humana y sólo encontró cieno y dudas existenciales. ¿Por qué se llama superior? -preguntó. Alguna explicación incipiente se evaporó en el cerebro de Bruno. Alguna idea maliciosa cruzó la mente de Alaco que con sonrisa irónica comentó "es el mono que presume de erudición, es serpiente cuya actitud envenena a la naturaleza". Bruno empezaba a sonreír cuando un escozor le hizo detenerse. Se rascó la oreja derecha, cerca de su enorme cicatriz.

- ¿Quién te hizo eso?
- Mi amo - respondió con rabia.

La imagen de aquel día aún vive nítida en su memoria. ¡Auuuu... uuu! ¡Auuuu… uuu! Lloraba. ¡Silencio! Gritó el amo, pero el dolor era intenso y no podía contenerse. El salvaje se acercó, levantó un fierro y, asestó furibundo golpe sobre el infeliz animal. Cuando despertó, el dolor había desaparecido y la sangre sobre el piso se había secado.

"Si los humanos nos entendieran, serían divinos", dijo Alaco quien condolido por el sufrimiento de su amigo profería anatemas; Llegaron hasta un riachuelo de agua turbia. Bajo ella uno de los peces gritaba "Ayuda; por favor, ayuda"

- ¿Qué es eso? - preguntó Bruno.
- Pronto morirá.
- Un pez.
- Sí; el hombre lo destruye todo.

Como si acordaran algo se lanzaron al agua y corretearon a los peces aguas arriba. ¡Plach! ¡Plach! Gritaba el agua bajo sus patas. ¡Guau! ¡Guau!
Decían alegres hasta que cansados se detuvieron. Ahora se veía el agua cristalina. Salieron del arroyo, se sacudieron el agua y con mirar complacido se acostaron en el césped. Los dardos solares caían verticalmente.
Luego del descanso volvieron a caminar. En su trayecto, un fétido basural atrajo su atención, trastos rotos, inmundos y triviales. Mirándolo, Alaco comentó: "así de nauseabunda es la conciencia humana" y luego preguntó ¿así terminará el hombre? Sus sombras se detuvieron...

Bruno sonrió maliciosamente y dijo entre dientes: "Se lo merecen por su maldad". "No todos son malos" Dijo Alaco y contó que al ser abandonado por su amo, un niño lo acogió y alimentó. Mas el destino había determinado su infortunio; en poco tiempo enfermó y falleció. El dolor brilló en su rostro, aulló ante su recuerdo. Una lluvia de nostalgia le hizo perder la razón. Un día se puso a girar como trompo y corría a la derecha y luego a la izquierda hasta que finalmente se perdió en la ciudad.

Los perros unieron sus penas y su indignación. ¡Grrr! ¡Grrr! Increpaban las ruines acciones humanas. ¿Qué protervo geniecillo robó la bondad del adulto? -preguntó Bruno- mientras los venablos de sus críticas pretendían herir la anestesiada conciencia del hombre, los zumbidos de aquellos insectos metálicos se escuchaban más cerca. Vituperaban y condenaban la felonía del hombre.

- "Tanto tiempo con nosotros y no aprendió a ser leal"
- ¡Gmrr! Son mojigatos.
- Son abyectos ¡Grrrrr! -agregó Alaco.
- ¡Grrrrr! Son falaces.
- Son unos collones ¡Grrrrr! -apoyó Alaco.

¡Grrrrr! Son. . . decía Bruno al cruzar la carretera cuando un camión los arrolló. Quedaron inertes mientras del interior del vehículo dos risas sarcásticas se perdían sobre la asfáltica serpiente luego de la perrada cometida.

Esquivel Blas, R. C.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada