MI COMPADRE Y EL DIABLO, POR AHÍ SE VAN - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


MI COMPADRE Y EL DIABLO, POR AHÍ SE VAN

I
Por los años de 1659 vivían en el Cuzco dos caballeros españoles, don Lucas de Ayala y Cartagena, y don Félix López de Alarcón; comerciante en mercaderías de ultramar el primero Y laborioso herrador el segundo. Ambos llegaron a ser íntimos amigos y por último, don Lucas llamó a su lado al paisano don Félix para encargarle de la administración de su tienda y consagrarse él a un trabajo de minas.

Alarcón se portaba como todo un dependiente honrado, viendo como propia la hacienda ajena, y se atrajo de día en día la completa confianza de su amo.

Y sin embargo, don Félix era un mozo astuto y calculista.

Un día dijo a su mujer:

- Vaya, Maruja, que ahora nos alumbra la fortuna y es preciso no desperdiciarla. Apúrate en que nazca el chiquitín, porque sea hembra o varón, a lo mismo viene; se lo daremos a don Lucas y ya te diré si te pesa el compadrazgo.

Como se ve, López de Alarcón tenía meditado su plan, y sus tendencias eran nada menos que a relacionarse con aquellos que dan mucho sebo y paño que cortar.

Dicho y hecho; quince días después, doña Maruja daba a luz un bizarro Lopecito, a quien debía sacar del número de los infieles, don Lucas de Ayala, el, buen hombre accedió gustoso a la demanda del paisano, y muy luego quedaron ligados López y Ayala, con el vínculo espiritual: eran compadres. Y con esto creyendo don Félix haber plantado una pica en Flandes, arrogóse el derecho de mandar en la casa de su compadre para cuya fortuna soplaba el buen viento cada día más fuerte.

Un día se acordó don Lucas, de la olla podrida, y de una cierta doña Damianita que había dejado en su país y se dijo: "Claro, claro don Lucas, ya se nos va pasando la mocedad, tenemos .cuatro relojes bien adquiridos, un compadre honrado y pobre a quien hacer un servicio... Con que, a España sin más demora".

Pensando así, llamó a don Félix y le dijo:

- Compadre voy a dar a usted una noticia que estoy cierto le afligirá pero está dicho, y no hay más en que pensar.
-Tal vez quiere usted buscar su mitad? No sería malo, compadrito interrumpió el de Alarcón.
-Nada de eso, compadre, al menos en el Perú; pienso visitar a nuestra querida España, y para eso necesito de los buenos servicios de usted.
-Mande usted, compadre, bien sabe que soy un compadre como pocos.
-Así lo creo paisano" y es por eso que quiero dejar a usted todos mis intereses solo con una condición. Si me va bien por allá, mí ahijado queda dueño absoluto de todo lo que yo dejo aquí; pero si la fortuna me muestra mala cara, volveré y usted me restituirá todo, sin interés ninguno siendo el plazo de diez años.

- Compadre! -exclamó el de Alarcón abrazando a Cartagena,- solo un corazón como el suyo es capaz de tanta generosidad!

Al día siguiente entregaba don Lucas de Ayala y Cartagena a don Félix López de Alarcón, la suma de 15,000 pesos en mercaderías, y dos mil en buenos pesos Fernandinos encerrados en un talego que tenía esta inscripción:- "2.000 pesos para mi ahijado si yo no vuelvo...; Don Lucas de Ayala y Cartagena".
Sin otro arreglo ni alguna otra formalidad partió don Lucas llevando muy buenos duros, y las cariñosas despedidas de su compadre, Alarcón y de su comadre Maruja, quien desde entonces dio en llamar a su marido Don Feliz.

II

Transcurrió un año, pasaron cuatro y también seis y Don Félix no recibió noticia alguna de su compadre aunque, hablando francamente entre nos, él no la deseaba.
Pero cuando menos lo pensaba cayó sobre las esperanzas de don Félix el compadre Ayala derribando todos sus sueños dorados.
Más López, que tenía alma de buen temple ya veréis como salió del paso.

III

El 21 de Noviembre de 1667, día en que entraba a Lima el conde de Lemos, XIX Virrey del Perú se presentó en el Cuzco, y en casa de Alarcón, el compadre don Lucas de Ayala y Cartagena, quien había derrochado en España los realejos que llevara, desesperado por la infidelidad de doña Damianita a quien encontró unida a un gallardo español, celoso como todo marido de hermosa.
El de Ayala al ver a don Félix, le dijo:

-Compadre...

Pero éste, sin dejarlo continuar le respondió secamente:

-Creó que usted me equivoca con algún otro.

Don Lucas creyó que el trascurso del tiempo y el cambio de su fisonomía, harían que don Félix lo desconociera Y tornó a decirle:

-Cómo, paisano, tan poco piensa usted en su compadre don Lucas de Ayala y Cartagena? Soy él, vuelvo porque la fortuna me ha hecho un gesto muy feo: y preciso es que arreglemos nuestros asuntos, pues aún faltan dos años para el vencimiento del plazo.
-Pues, paisano, - replicó don Félix - digo que no le conozco y que usted me equivoca con...
-Podría usted jurarlo?-preguntó Cartagena ya fuera de sí.
-Sí. ..
-Y delante de hostia consagrada? -agregó el de Ayala.
- Por qué no?, si lo que aseguro es la verdad, y verdad de aragonés -contestó don Félix precediendo su respuesta de una interjección.

Estupefacto el de Ayala y Cartagena con tal respuesta, contentóse con decir a don Félix:

-Para quedar satisfecho, solo quiero que mañana vayamos a misa, y que al alzar la hostia el sacerdote, jure usted como ahora lo ha hecho.
- Y por qué no? -respondióle bruscamente López.
-Mañana lo veré...
-Lo veréis.

Azorado y temeroso salió don Lucas meditando en las palabras del sentimental Jeremías: "Maldito sea el hombre que en el hombre fía."

IV

La iglesia de la Catedral del Cuzco, celebraba el 22 de Noviembre la primera fiesta de la Virgen de la Concepción mandada por su Santidad. Alejandro VII, en bula de 2 de Julio de 1664, y confirmada por la cédula Real de 16 de Setiembre.

Encontrábase lleno el templo. Allí estaban todas las respetables corporaciones y también las mejores damas de la ciudad.

Entre la multitud se distinguían dos hombres arrodillados, el uno al lado del otro: eran los antiguos compadres.

Llegado el momento terrible, sonaron las campanillas, el sacerdote elevaba entre sus manos la hostia consagrada, y don Lucas decía a su compadre:

-Levantaos y jurad que no me conocéis.

-Alzóse el de Alarcón y juró...

Don Lucas temblaba por la profanación del templo, veía desplomarse las naves para sepultar en sus ruinas al infame.

Concluido el sacrificio de la misa, abandonó la casa de Dios sin atreverse a mirar al perjuro y santiguándose repetidas veces, decía: "Mi compadre y el diablo por ahí se van".
Mientras tanto don Félix retirándose tranquilo y a paso lento, se dirigió a la calle del "Medio", más al pegar a la acequia ancha que aún hoy existe, y como el agua lustral que había tornado al salir del templo, se hubiese secado en su frente, un negro torbellino se apoderó de él y lo arrastró a las oscuras regiones de su compadre Lucifer.

La gente quedó pasmada ante tan tremendo castigo Don Lucas se dirigió al alcalde ordinario doctor don Diego Lendínez Albarracín y le pidió que lo acompañase a casa del desaparecido para preguntarle a la mujer de éste si le reconocía.

Ella negó todavía, pero cuando supo lo acontecido a su marido se echó a los pies del compadre pidiéndole perdón y le entregó el famoso talego que llevaba la inscripción, que implicaba un donativo ad referéndum, de la letra de don Lucas.

Así quedó castigado el doble perjuicio de don Félix López y Alarcón.

Y para su eterna memoria el doctor don Diego de Vargas Chacón, Arcediano de la iglesia Catedral y Comisario Subdelegado de la Cruzada, mandó colocar una cruz de piedra en el lugar del siniestro.
Ella existió hasta el tiempo del señor General José M. Medina, quien lo hizo trasladar al panteón general del Cuzco, donde se encuentra actualmente.

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