LO QUE COSTABA UNA CAUDA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


LO QUE COSTABA UNA CAUDA

I

Cuando era niña vuestra servidora, pensaba que la cauda fuese uno de aquellos adminículos, que había sido robado a la señorial vestimenta de los canónigos en día de reseña; y creo que no andaba muy desacertada al pensar también que entre las mujeres, sería una francesa" quien primero la arrastró. Pero como dijo el sabio nada hay nuevo debajo del sol-, la tal cauda había sido no solo mamarracho que siguió triunfante a multitud de reinas, que fueron jóvenes sino también señora muy bochinchera.

Que una cauda llegue a arrastrar con regido tono la admiración de los curiosos, como arrastraría la que vistió el género guerrero de la Francia que no se detuvo hasta transformarse por el vestido en hija de
Eva, que tal superfluidad llegue a enlodarse, como alguna reputación literaria, y que otro envuelva las ilusiones de los mocitos, que solo a ella se atienen o que sirva en fin de policía, que pocas veces anda lista, lo vería como cesa muy natural, pero que una cauda hubiese llegado a arrancar una excomunión mayor, no lo habría pensado si no cayera en mis manos uno de aquellos pergaminos que siempre me recuerdan a mis abuelos, por su olor a viejo.

En fin salga el sol por Antequera, allá va lo que dice mi precioso tesoro de papel amarillento.

II

El 4 de Junio era de los destinados a ser santificado con el cumplimiento de los deberes religiosos.
Así y como buenos cristianos don Pedro de Echevarría y doña Marcela Antonia Peñaranda, su esposa, se encaminaron a la catedral del Cuzco para asistir al santo sacrificio de la misa, acompañados del único fruto de su matrimonio, una bella chica de nueve abriles que respondía a llamado de Rosita. Nuestros devotos personajes oían la misa del doctor Rivadeneira, Arcediano entonces de aquella iglesia catedral, cuando éste al volverse en el orate fratres, advirtió que Rosita llevaba caudal Aquello le pareció un grave escándalo y él, el único llamado a reprimirlo; una niña tan tierna como Rosita vistiendo un traje tan profano y sobre todo, llevarlo en la casa de Dios? ¡Qué enormidad! Por esto y guiado de sus piadosos propósitos, resolvió reprender a la madre de la niña, la sola responsable; en efecto, y lo hizo levantando la voz. La Peñaranda se excusó lo mejor que pudo, pero sin duda, por la intercesión de algún ser mal intencionado; se trabó el siguiente diálogo entre ella y el Arcediano, dialogo que estallando como una bomba dentro del templo concluyo así:

-Muy mal hecho, muy mal hecho, viña escandalosa, sin duda descendiente de alguna bruja.

- Mi señor Arcediano, yo no veo escándalo en que una criatura vista cauda, mayormente atendidas mis circunstancias de no tener otra saya que ponerle y… además que no es usted quien debe fijarse en eso,

-Esa misma se le recorta y… váyase en mala hora so vieja insolente.

-Quede usted con Dios, so zambo majadero,

Estas últimas palabras fueron la señal de desorden y de un tumulto, parecido al que en iguales casos se ve en nuestros congresos. Doña Marcela Antonia salió del templo agregando a sus últimas palabras, todas las demás que su desconcertado cerebro le dictara, dejando a su auditorio boquiabierto y reflexivo sobre aquella sentencia que si mal no recuerdo refiriéndose a cierta clase de mujeres, dice:

Son ambos de temer:
El foro por los cuernos.
Por la boca la mujer.

III

Informado el Provisor de tamaño desacato, excomulgó a la Peñaranda, condenándola además, al pago inmediato de doscientos pesos de multa. En consecuencia de lo primero, amaneció el 5 de Junio con grandes carteles en las puertas de las iglesias, en los que se leía: “Téngase como pública excomulgada a Marcela Antonia Peñaranda, mujer de Pedro de Echevarría, el abogado, por inobediente a los preceptos de nuestra Santa Madre Iglesia y porque al mismo tiempo trató mal al señor doctor don Juan Joseph Rivadeneira aquí seguían las rúbricas del Provisor y del doctor don Manuel Vidal, sellos, etc.,
La Peñaranda anduvo excomulgada hasta el 8 de Junio, día en que se la absolvió mediante los poderosos empeños de sus amigos y compadres, después de mil conflictos y disgustos, todo ocasionado por una cauda!

La malhadada cauda que llevó Rosita obligada a ello por la pobreza de su madre, quien le puso la suya, después de complicados cálculos económicos y matemáticos, más propios de ingeniero empeñado en trazo de línea férrea, que de madre que desnuda un santo para vestir otro.

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