LAS TRES HERMANAS - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


LAS TRES HERMANAS

I

Rosa, Luz y Clavelina eran tres hermanas: la bendición del matrimonio de don Bartolomé Valenzuela de Peralta, hombre cuya honorabilidad tocó en adagio y por cuyas puertas cruzaba con frecuencia el ángel de la caridad sin los oropeles de filantropía que se estilan en nuestro siglo. Don Bartolomé tenía además bien arraigadas ciertas preocupaciones de edad y de educación que en familia rumiaba llevando a gran estima el texto refranesco; y tanto, que en recaudo tuvo buena provisión de refranes, considerándolos, como dijo mi maestro, evangelios chiquitos. Cuando electo Alcalde ordinario de la ciudad del Cuzco, ejercía oficio, toda vez que se trataba de castigos ejemplarizadores, repetía: salga pez o salga rana a la capacha y los alguaciles de servicio se llevaban a chirona a todo bicho con tazas de trastornador de la paz, llegando ocasión en que se reuniesen más de cien chinches de los que esquilman el hogar ajeno.

Cuando los disturbios habidos entre el canónigo don Juan de Esquivel y Alvarado, y un mulato Ripalde, opúsose tenazmente a pedir favor en pro de Alvarado, arguyendo que reza el refrán que rogar a ruines no alcanza fines: y el ruin cuanto más le ruegan más se ensancha, verdades que le salieron de tomo y lomo, dejándole así enseñanza para agregar: lo que rostro habla labio calla y más vale rostro bermejo que corazón negro.

Tal era.; en suma, el fondo moral del padre de Rosa, Luz y Clavelina, que llegadas a la edad de las ilusiones con sus horas nacaradas y sus días de celajes purpurinos, edad del amor en la cual los enamorados tienen el corazón en cuerpo ajeno, iban a ser víctimas de una grande sentencia de esos evangelios en miniatura.
Aquellas flores angelicales no crecían aisladas: existían tres corazones cuyo cariño les pertenecía en espiritual correspondencia; corazones de antigua nobleza. Pero, don Bartolomé, encerrado en quien las sabe las tañe, prestó atención a la ronda del barrio hecha por los tres tulipanes frescos y lozanos, y atando una que otra palabra de sus contertulios al comenzar la báciga o él solo, cuando llegó la hora de la cena, después del primer sorbo de chocolate, se mordió el labio inferior diciendo: el pez que busca el anzuelo busca su duelo: y llamando a sus tres hijas, huérfanas de madre, les dio parte de que como a boca cerrada no entra mosca, había resuelto consagrarlas al Señor todas tres, bajo el hábito de las carmelitas descalzas de Santa Teresa.
Ninguna, gracia debió tener la noticia para las tres hermanas pues que no llevaba olor de cazoleta. Y mientras ellas se resignan entre cuita y cuita, echaremos parrafito histórico de ordenanza.

II

Doña Leonor Gallinato, viuda de don Diego López de Zúñiga, pretendió hacer la fundación de Santa Teresa, y al efecto, Felipe IV pidió informe al cabildo del Cuzco sobre la utilidad de esta fundación, en cédula real expedida en Zaragoza el 7 de Agosto de 1646, pero no llegó a efectuarse, por razones que no sabemos sacar a canto, y la llevó a realidad el capitán don Antonio de Cea, caballero del hábito de Santiago, donando cien mil pesos de a ocho para la fundación y sustento de las religiosas. El 9 de Marzo de 1673, se puso la piedra fundamental en el lugar que fue casa de un ilustre caballero llamado don Diego de Vargas, junto a las márgenes del Río Huatanay; piedra en la que se grabaron los nombres del Papa Clemente X y de S. R. M. Carlos II, haciendo constar que era tiempo de vacantes por la muerte del Virrey don Pedro de Castro, Conde de Lemas y del Arzobispo de Lima don Pedro de Villagómez y ausencia tanto del Corregidor don Atenso Pérez de Guzmán, como del Obispo don Manuel de Mollinedo y Angula que estaba en viaje de España.

En 22 de Octubre de 1673 se hizo, por fin, la solemne clausura del monasterio, con tres religiosas profesas y tres novicias que vinieron de Chuquisaca a hacer la fundación del Convento, que en la actualidad es uno de los más austeros, por su observancia religiosa, llevando fuertes sumas dotales y acumulándose una fortuna tan respetable como saneada, pues las mejores fincas del corregimiento y alhajas más preciadas les pertenecían.

III

Fecha 5 de Abril marcaba el calendario, cuando las chinas del Monasterio y muchas sirvientas de nobles familias cruzaban las calles de la imperial ciudad con grandes azafate s de mixtura, enormes ramos de margaritas y abundante provisión de dulces en pasta, tomando camino de las Carmelitas por la antigua pontezuela que, sobre el Río Huatanay, se desliza hacia la plazoleta de Santa Teresa.

El campanario se agitaba entusiasta; y algo notable ocurría, en el templo, repleto de un gentío escogido; repitiéndose esto igualmente en los días ti Y 7 de Abril.

Rosa Luz y Clavelina tomaron consecutivamente el velo de las novicias, Y con la última guedeja de ébano, arrebatada por las tijeras a la espléndida cabeza de Clavelina, cayeron por tierra, cual hojas desparramadas por el! aire, las ilusiones de tres corazones enlazados con la flor de las esperanzas!
Poco tiempo después la nostalgia del alma enfermó aquellas tres existencias, que mustias y calladas se deslizaban por los misterios del claustro.

IV

Sor Teresa, María y Espíritu Santo, ligadas por idéntico sentimiento; hallaban consuelo burlando alguna vez la vigilancia de la maestra de novicias para ir él la torre, y contemplando desde su altura la dormida ciudad en hermosa noche de luna, desplegaban las alas de su pensamiento. Una noche en que idéntica escena se repetía, acaso por la centésima vez, se dejó oír un concierto inimitable, formado de aves que da el alma desconsolada como el preludio de un adiós a la eternidad.

Aquello era desgarrador Y sublime a la vez.

Corazón de roca que existiese, hubiérase deshecho en gotas de llanto, como vertieron las tres hermanas de la tradición.

Más ¡ay! cayeron sólo dos lágrimas distintamente La una fue gota de agua que resbala chisporroteante sobre metal encandecido; la otra diamante cristalino que se desprende de las nevadas cimas de los volcanes, entibiada por el oculto fuego de la montaña.

La una llevaba recuerdos a la tierra: la otra Subió al cielo como la prenda del perdón! ...
Detúvose la música, como para principiar el canto con mayor sentimentalismo. Calló la materia, y habló el alma, el lenguaje de la desesperación, interpretado en el verso del yaraví como el quejido del que, soñando con flores, toma manojo de espinas!

Las cuerdas del campanario se agitaron como movidas por una sola mano!..

Un segundo más, y... tres cuerpos vinieron rodando hacia el suelo, donde cayeron yertos y destrozados, atraídos por el concierto misterioso formado por la música de una quena tocada en cántaro y acompañada por dos cañas sueltas. Los que arrancaron sus tristes notas, ayes del amante sin consuelo fueron los tres jóvenes prometidos de las tres hermanas, de las que recogieron los cadáveres, dándose en seguida la muerte y legando su fortuna en oro a un indio mitayo, a quien ordenaron que sepultase en una fosa común los seis cuerpos helados por la mano traidora del infortunio.

V

El indio mitayo cumplió, fiel, el postrer mandato de los desgraciados amantes y dióles sepultura en el borde de un camino, de donde, poco tiempo después, comenzó a verter agua dulce y cristalina; bautizándose el manantial con el nombre de Sipas Pucyo, como si dijéramos la fuente de la juventud, en recuerdo de las tres hermanas; cuya historia está poetizada por el indio erran té, que la cuenta en el fácil verso del yaraví, interpretado por la triste, caña, compañera inseparable de la dulzura y de la tristeza del amor.

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