LA CIUDAD DE Y PERROS RESUMEN MARIO VARGAS LLOSA


La Ciudad Y Los Perros –  Mario Vargas Llosa


La obra narra en especial las vivencias de los alumnos llamados Alberto Fernández Temple, El Jaguar, Ricardo Arana, el negro Vallano, El Boa, el Rulos, el brigadier Arróspide y el serrano Cava, quienes, en el tiempo actual del relato, cursan el último año de secundaria, primera sección, y están ávidos por salir de una vez del hoyo donde se encuentran.

El alumno Ricardo Arana, a quien humillan llamándolo el Esclavo, por su cobardía y por su pusilanimidad, es el único que no se adapta y se siente marginado en el colegio a pesar de vivir día y noche con sus compañeros a quienes ve como una constante amenaza.

Cotidiana mente los alumnos se levantan a primera hora para formarse y recibir sus clases. El teniente Gamboa, personaje enérgico y poderoso, pero noble, dirige la formación y castiga a los tres últimos en alinearse. Algunos internos sienten esa vida como una condena, como una carga pesada y denigrante. Ese es el tiempo presente de la novela.

Pero la narración incursiona en tiempos anteriores para explicitar y esclarecer los enigmas del tiempo presente. Se remonta al tiempo cuando Alberto Fernández y sus compañeros de la primera sección recién ingresan al colegio para cursar el tercer año de secundaria, y reciben «el bautismo» a manos de los alumnos de cuarto, con la complicidad de los de quinto. El «bautismo» consistía en tratarlos de forma denigrante, como a «perros», apelativo que identificaba a los alumnos de grados inferiores. El Jaguar es el único que no se deja «bautizar», pues se defiende peleando e incluso se impone a un alumno de cuarto. Como el «bautismo» duraba un mes, El Jaguar y los alumnos de su misma sección deciden formar un «Círculo», para defenderse y vengarse de los alumnos de cuarto año. El «Círculo» es descubierto por el teniente Gamboa y toda la sección es castigada. No obstante, el Jaguar mantiene el grupo, pero reducido a sus tres amigos más cercanos: el serrano Cava, el Rulos y el Boa. Entre las «hazañas», del círculo están el robo de uniformes para revenderlos, organizar el ingreso de licor y material prohibido en el colegio (revistas eróticas, cigarrillos, etc.), realizar juegos de dados y naipes, y planifican el robo de las respuestas de los exámenes; la novela empieza precisamente en el momento en que se realiza el robo del examen de química. Pero el serrano Cava, a quien se le encarga tal misión, no tiene cuidado y rompe el vidrio de una ventana, por lo que los del «Círculo» temen que se les descubra. Sin embargo, confían en que todos sean discretos y no delaten nada. 

Pero esa misma noche, El Esclavo y Alberto se hallaban de imaginarias (guardias por turnos) y se enteran del robo.

Alberto y el Esclavo empiezan por hacerse amigos al punto de confesarse sus intimidades. El Esclavo deseaba salir el fin de semana para visitar a una chica llamada Teresa, vecina suya, de la que estaba enamorado, pero aún no se atrevía a declararle su amor. Alberto, conocido como el Poeta, era muy solicitado por los cadetes para escribir cartas de amor a las enamoradas y novelitas eróticas, y el Esclavo le pide que le escriba unas cuantas cartas. Durante el examen de química, Alberto recibe un papel con las respuestas del examen, pero Gamboa descubre el plagio y ordena ponerse de pie al responsable. El Esclavo se levanta declarándose culpable y Gamboa le confina a no salir el fin de semana. Cuando este llega, Alberto decide aprovechar su salida para ir donde la célebre «Pies Dorados», una meretriz del jirón Huatica, en La Victoria; al mismo tiempo se ofrece para llevar una carta del Esclavo para Teresa, quien vivía en Lince.

Alberto invita al cine a Teresa, y empieza a enamorarse de ella, aunque en el fondo se siente mal por traicionar a su amigo. Regresa a casa, en Miraflores, a pasar la noche, ya sin ganas de ir donde la «Pies Dorados». Pero los padres de Alberto están separados, y la novela refleja el estado de abandono en que se encuentra la madre de Alberto en contraste con la figura egregia del padre, elegante y dueño de sí mismo.

Como era de temer, se descubre el robo de las preguntas del examen de química, y el teniente Gamboa confina a los alumnos que estaban de imaginarias esa noche, es decir, el Esclavo y Alberto, prohibiéndoles la salida hasta que descubriesen al responsable. El Esclavo, quien ya tenía una seguidilla de confinamientos, no aguanta más el castigo y en lugar de «tirar contra» (salir furtivamente del colegio), prefiere delatar al culpable, Cava; éste es degradado y expulsado. Dicho castigo era terrible pues el alumno así expulsado perdía todos los años que había cursado.
El Jaguar y los demás del Círculo juran descubrir al soplón y darle un merecido castigo. Mientras tanto, el Esclavo obtiene permiso para salir del Colegio esa misma tarde y poder así visitar a Teresa. Alberto siente celos, porque también se ha enamorado de Teresa y escapa del colegio para adelantarse al Esclavo. 

Cuando llega donde Teresa se entera que aún no la había visitado el Esclavo. Alberto aprovecha la ocasión para declarar su amor y Teresa le corresponde.

Durante una salida de práctica de tiro, el teniente Gamboa hace las formaciones para escalar un monte, pero en el momento de la maniobra, un alumno cae al suelo; nadie lo nota hasta momentos después, cuando lo descubren gravemente herido de una bala en la cabeza. Era el Esclavo.
A Ricardo Arana lo llevan a la clínica del colegio pero fallece a los pocos días. Se realizan sus exequias ante todo el colegio. Los oficiales del colegio explican que el cadete fue víctima de su propio error, al enredarse con el gatillo de su arma y caer al suelo, disparándose; pero lo que hacen es ocultar el hecho comprobado de que el disparo había venido de atrás.
Sospechan un error en las maniobras y responsabilizan a Gamboa y a los otros oficiales por no ser cuidadosos, pero a fin de evitar un escándalo, mantienen la tesis del error del cadete.

Toda la sección queda impactada por el suceso. Alberto no cree en la versión oficial de la muerte y empieza a sospechar que fue un acto de venganza del Círculo, por la delación del robo del examen. El hecho de que el Jaguar se hallaba inmediatamente detrás del Esclavo al momento de las maniobras le hace sospechar con mayor convencimiento. Afligido sale del colegio y se dirige donde Teresa, a quien cuenta el triste suceso; ella, confundida ante tal noticia, se limita a responderle que conocía muy poco a Ricardo, pese a que era su vecino, y trata de consolar a Alberto, i le pregunta qué otra preocupación le aquejaba. Alberto reprocha a Teresa la supuesta indiferencia ante la muerte de su amigo, y terminan peleando. Al final Alberto se despide de Teresa, con el presentimiento de que ya no la volvería a ver más.

Alberto visita al teniente Gamboa en su domicilio y acusa al Jaguar del asesinato del Esclavo. A la vez, delata el tráfico de licor y cigarrillos, los juegos de dados y el robo de uniformes que el Círculo perpetra a hurtadillas en las cuadras. Gamboa intenta conducir el caso a una auténtica investigación. Para ello comienza por encerrar al Jaguar en un calabozo de la Prevención, y realiza una inspección en las cuadras, donde comprueba lo dicho por Alberto, pero la acusación de asesinato no prospera por falta de pruebas concretas. Alberto insiste en su denuncia; entonces el oficial de mayor graduación, un coronel, le llama a su oficina y le exige que deje de insistir pues de lo contrario su versión sería fácilmente rebatida, ya que la inspección realizada en las cuadras sacó también a luz sus muy solicitadas «novelitas eróticas», lo que demostraría su gran imaginación y su nula confiabilidad como testigo. Además, sería expulsado por pervertido sexual y ningún colegio lo recibiría. Alberto declina entonces y no insiste más en su denuncia. Por el momento es recluido en el calabozo donde estaba el Jaguar, a la espera de la orden del teniente para enviarlo de regreso a la cuadra. El Jaguar y Alberto discuten. En todo momento el Jaguar niega ser el asesino del Esclavo; Alberto, por su parte, confiesa que él fue quien le acusó ante el teniente. Ambos se agarran a golpes, llevando Alberto la peor parte. Luego de pasar por la enfermería, regresan a la cuadra.
Toda la sección cree que fue el Jaguar quien delató el asunto de las cuadras y se vuelven en su contra; varios alumnos lo rodean y lo golpean brutalmente. A pesar de ello, el Jaguar no delata a Alberto como el verdadero soplón, pero se siente muy mal al verse tratado así por sus compañeros a quienes antaño había enseñado a defenderse de los abusos de los mayores. Por su parte, el teniente Gamboa se siente decepcionado de sí mismo. El incidente le hace caer en desgracia ante sus superiores, quienes deciden enviarlo a Juliaca. Antes de su partida, el Jaguar le entrega un escrito, confesando que mató al Esclavo, creyendo que con esa confesión el teniente sería rehabilitado, pero éste le responde que ya es demasiado tarde, pues el Ejército había decidido que la muerte de Ricardo había sido accidental y que no variaría un ápice para evitar un escándalo mayúsculo; lo único que le pide al Jaguar es que cambie y saque algún provecho de lo sucedido.

Tiempo después de terminar el colegio, Alberto, quien ya se ha olvidado de Teresa, se prepara para ir a los Estados Unidos a medida que los recuerdos del Colegio Leoncio Prado van haciéndose más distantes e impersonales. En esos momentos, Alberto ha perdonado y amistado con su padre y acepta su ayuda económica. Conoce a una nueva integrante de su barrio, Marcela y se enamora de ella. La novela refleja la vida miraflorina de aquellos tiempos, entre chicos de clase media alta, las fiestas, los paseos vespertinos por el parque Salazar, los encuentros y desencuentros, así como las pequeñas tragedias de amor no correspondido.

Por otro lado, el Jaguar consigue un empleo y se reencuentra con su amor de la infancia, Teresa (la misma que fuera enamorada fugaz del Esclavo y de Alberto), con quien contrae matrimonio, cambiando así la imagen que hasta ese momento el lector se había hecho del Jaguar, convirtiéndolo en un personaje más complejo de lo esperado. Lo singular del relato es que a lo largo de él se intercala la historia del Jaguar previa a su entrada en el Colegio Militar aunque sin mencionar su apelativo; y solo al final del relato el lector poco atento a los detalles de la historia se entera que se trata de él.

Fuente: Cultura Peruana

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