EL SEÑOR DE HUANCA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


EL SEÑOR DE HUANCA


I
Ninguno de los habitantes de la ciudad del Sol, Ignora la existencia del famoso Santuario de Huanca, esa especie de piscina donde miles de almas han ido a lavar sus manchas. Pero las tradiciones oscuras y confusas, contadas por las viejas octogenarias, o referidas con cierto grado de inversimilitud por los antiguos frailes mercedarios, algo dejan que preguntar sobre el verdadero origen de aquel santuario donde se venera la imagen del Salvador.
La que hoy ofrezco a mis lectores, es la más asequible y conforme con las ideas religiosas.

II

En un pueblo lejano se encontraba un hombre desgraciado al que había postrado en el lecho del dolor una enfermedad repugnante y para la cual la ciencia Galeno se había mostrado impotente. Este nuevo Job, al que llamaremos Bautista, a fin de que no se quede sin nombre, soportaba sus dolencias con la resignación del cristiano, lleno de .la esperanza de encontrar día en el que sería aliviado por la mano poderosa del Ser Supremo. La idea de la muerte, esa idea fatídica que turba y consume el corazón del desahuciado se presentaba muy remota para Bautista, quien la meditaba con tranquilidad y consolaba a la numerosa familia cuyo padre era.

Cierto día se presentó' en la casa de Bautista un joven de semblante hermoso, mirada dulce y seductora y de modales muy finos, aunque pobre por su vestir, mas no por eso andrajoso ni desaseado. Pedía hospitalidad con maneras tales, que no era posible negarle: la familia recibió al viajero, manifestándole el sentimiento de no poder obsequiarlo a su placer, en razón de la penosa y larga enfermedad del jefe de la casa.

Nuestro simpático viajero, se dio por bien servido con solo la voluntad de sus hospedadores, sonrió, dulcemente y les pidió que le llevasen donde el sufrido enfermo para quien esperaba que su saber no sería inútil, y les dijo: "Yo soy médico universal a quien no se le muere ningún enfermo que tenga confianza y fe en lo que hago. Viajo por gusto y por curar gratis en el mundo".

El regocijo se pintó en el semblante, de cada uno de los parientes de Bautista con tan consoladora noticia: la esperanza se avivó en el corazón y vieron cielo abierto como vulgarmente se dice. Era natural, Bautista y el joven médico hablaron detenida y minuciosamente, y el infeliz enfermo escuchó de labios de su huésped el consuelo de verse pronto curado de sus males, con más la satisfacción del ofrecimiento que le hizo su médico, de quedarse todo el tiempo preciso para dejarlo sano.

"Lo único de que desconfió, dijo Bautista, es de la carencia absoluta de medicamentos a causa del lejano lugar en que vivo"


El joven médico contestó con afable sonrisa: Yo hijo mío, no necesito de drogas ni boticas: la naturaleza es mi gran laboratorio y viajo sin llevar nada".
Bautista al escuchar estas palabras, sintió que su corazón se ensanchaba tanto en la esperanza, que aquella noche durmió tranquilo.

III

La aurora despuntaba sus rayos sonrosados por el horizonte, avecillas dejaban su mullido lecho para saludar a la precursora de Febo y todo era alegría en la mañana que: tan hermosa se presentaba a los mortales, cuando Bautista sintió los pasos de su médico. Este le llevaba un vaso en la mano, conteniendo agua común al parecer, con algunas hojas de yerba.

Acercóse el joven y le dijo: "Toma Bautista con entera confianza, pues sé de mi oficio".

Bautista, con la fe ardiente del enfermo que ve en su médico su Salvador, asomó el vaso a sus labios y tornó el líquido que lo encontró sobremanera grato al paladar y al olfato. Minutos después, sintió este nuevo Lázaro que el misterioso brebaje se infiltraba por todas sus venas, que sus amortecidos miembros recobraban su perdido vigor, que sus nervios y músculos tenían la agilidad de otros tiempos felices; y que de todo su organismo se apoderaba un sueño benéfico, quedando profundamente dormido.

Al despertar de aquel estado reparador, vióse sano y su primer cuidado fue preguntar por su médico, para quien sintió nacer como era de esperarse, la más sincera gratitud.

"Esperaba que despertases para marcharme" dijo él, joven viajero.

"Cómo señor, arguyó Bautista con los ojos inunde lágrimas, cómo sin recibir ninguna muestra de agradecimiento que Os debemos por todo el bien que habéis obrado conmigo. Os debo, señor, nada me nos que la vida y mi familia la restitución de su padre, que ya lo creía perdido".

"Vuestro reconocimiento es mi única paga, la sola que exijo hijos míos, contestó el famoso médico Os he dicho que viajo por gusto, por hacer el bien y por socorrer las miserias; os diré aún más: Bautista, soy rico y poderoso y si alguna vez quereis verme, buscadme en Huanca", Dijo y partió sin consentir ni que besaran esa bendita mano que tanto bien derramaba.

IV

Bautista sanó completamente, había visto acrecer sus fuerzas y se sentía dueño de una robustez propia de la edad viril, Día por día se afanaba por saber donde era Huanca, lugar al que fue citado por su bien hechor, pero todos sus desvelos eran infructuosos. Cansado de sus vanas investigaciones, creyó que tal cita no había sido sino el deseo de su médico, de no verlo más y evitarse de recibir la recompensa. "Mi Señor, se dijo: quiere que se ignore su paradero y sea así"

Mas una noche, despertó sobresaltado: la familia vió con sorpresa tan extraña manera de dejar el sueño y preguntó la causa.

Bautista contestó con énfasis y halagüeño semblante:

"He visto a mi médico, sí lo he visto, y me ha dicho que al señalarme Huanca para encontrarlo, no me ha engañado".

Al siguiente día in tardanza, emprendió su peregrinación en busca del deseado lugar, preguntando en todas, partes por aquel paraje desconocido HuancaHuanca!!

Encontró Huancaro, Huancarama, Huancabamba (del Cuzco), Huancavelica, Huancayo, etc., sin hallar nada consolador, nada que templase el deseo de ver Huanca donde podría visitar al que le otorgó la existencia y el precioso tesoro de la salud.

De regreso a su país, se convenció que era imposible llegar a ver Huanca y se decía: "La primera vez, creí modesta escusa, y en la segunda, he aceptado como realidad un sueño, Vano intento!"
Al pasar por la ciudad del Cuzco donde va había astado nuestro tenaz peregrino, supo que a tres leguas de distancia entre el trayecto de la ciudad y la hermosa provincia de Calca, había un lugarcito que se llamaba Huancalle. Bautista sintió avivarse su fe y vio crecer la ansiedad de encontrar al huésped que le devolvió la salud.

"Para mí que tanto he anclado ¿qué son, tres Lenguas?” se dijo y marchó hacia Huancalle. Una vez llegado a ese punto a este punto le sucedió como hasta entonces: nadie le, daba razón del caballero por quien preguntaba, y en cuya busca había viajado infatigable. Mas alguien contestó a sus ávidas preguntas señalándole frente del pueblo de San Salvador, un recinto llamado Huanca Bautista emprende nuevamente su viaje, y andadas las cuatro leguas de distancia, pregunta por su misterioso personaje, sin encontrar dato ninguno y solo ve un cerro fronterizo que le señalan diciendo: ahí está Huanca. Prosigue su marcha nuestro peregrino dejando en los habitantes del pueblo un sentimiento de tierna compasión por el extravío de su mente, pues lo creyeron loco.

A la media hora estuvo de vuelta y la exaltación de su alegría confirma el juicio que habían formado de él. Exclamaba frenético y con, el grande entusiasmo del hombre de fe: ¡Al fin encontré a mi médico!! Sabeis quién es? El Salvador mismo! sí!! El en persona!! He reconocido su semblante hermoso y he sentido posarse en mí esa: mirada divina que da la paz al alma!! Los que no me crean, vengan conmigo vengan!!
No obstante la opinión que habían concedido este extraordinario loco, no faltaron curiosos que acompañasen al supuesto orate, subiendo el cerro Huanca.

Al poco rato regresaba Bautista trayendo a sus acompañantes maravillados de lo que acababan de ver Confirmaron la aseveración del forastero y el pueblo todo iba en grupos por el camino de Huanca y veía en el lienzo de una roca, pintada de una manera indeleble la imagen sagrada de Jesús Nazareno atado a una columna y flagelado por los sayones de Pilato.

El alborozo, entusiasmo y fervorosa devoción que tal suceso despertara en la comarca y lugares vecinos, mas fácil es concebir que describirlos y para el hombre creyente basta indicarle, para que su corazón disfrute de melancólico y dulce arrobo que semejantes prodigios despiertan en el alma.

V

En la falda del cerro de Huanca se levantó un bonito pero pequeño templo formando el altar mayor la roca donde se ve ahora mismo la imagen tal como la hemos descrito arriba. Está rodeado el templo por algunas celdas para alojamiento de los penitentes que afluyen el 14 de Setiembre, día en que se festeja la aparición. Esta festividad va precedida por una novena y seguida de un octavario.

Como las celdas no abastecen para los muchos peregrinos, infinidad de ellos se hospedan en ramadas hechas ad-hoc durante la romería.

Este lugar de Huanca tiene dos fuentes de agua la una límpida, dulce y de prodigiosas virtudes, según los el lugar, y la otra utrbia, salada y mal sana, La primera es llamada "La fuente de la Virgen" y segunda “La Del Demonio". Cada una de ellas tiene sus tradiciones especiales, pero a cual más disparatadas, que nos las refirieron cuando visitamos el gran Santuario.

Una de las propiedades que se atribuyen al agua de "La fuente de la Virgen" es la de hermosear a las jóvenes que se bañan en ella. Si ello fuera cierto, más peregrinas tendría la fuente que el Santuario, 1875.

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