EL SANTO Y LA LIMOSNA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


EL SANTO Y LA LIMOSNA

I
Cuentan de los conquistadores que llegaron a las Lucayas al mando de Lucas Vasquez de Ayllón, que, cierto día en que los indios concurrieron en gran número a visitar los buques, los españoles levantaron anclas dando al aire velamen, y sin atender las quejas y lamentos que daban los indígenas, emprendieron marcha con rumbo, a España, donde querían vender aquella mercancía, alzando así con el santo y la limosna.

La broma, que para los indios ninguna gracia debió tener puesto que todos murieron en la travesía, unas víctimas de la tristeza y otros del hambre migándose a recibir alimento, fue igualmente desgraciada para Vázquez de Ayllón y sus compañeros que vieron sin fruto los trabajos de aquel penoso viaje
Más feliz aduvo un señor cura de almas que sin duda leyó la anterior relación y quiso aplicar moraleja de cuento a la privada hacienda. Fecundos nuestros conquistadores en la inventiva de explotación, no perdonaban ni al caballo de Santiago para hacerla cómplice de sus industrias.

Y no se diga que por calumniar no pagamos timbres ni derechos fiscales los revisadores de antiguallas, sacando a lucir secretos con chirimiyas, y levantando los hombres para decir, en salvo está el que repica.

II

En la villa de Yanaoca, donde es patrón el santo Santiago; existían tres caballos de la propiedad del Santo. Uno era de plata, otro de plomo y el tercero de pasta de yeso, y como la aristocracia de los indios consiste en pasar cargo a alferado, allí eran las cuitas del alférez, para que el santo saliese en caballo de plata llegando a tomarse como afrentoso el nombre del indio dio en cuyo cargo salía a lucir el humilde rocinante de yeso, que, bien mirado, a la fin de más noble materia que el hombre estaba fabricado.

Holgárame yo si la malicia de los lectores no fuese capaz de decir si costarían largo, y duro los derechos de alquila del rocín de plata.

Pero, algún otro caso existe, entre los muchos que a la pluma se agolpan, al hablar de aquellas regiones donde la sangre se hereda y el vicio se apega, al decir del refrán, y donde la inocencia de los naturales está en pugna abierta con la malicia de los extractores

San Pablo de Cacha, es un pueblecito diseminado en una preciosa llanura: parece un vasto campamento colocado para alivio del viajero, y cuando se va al Departamento del Cuzco, desde el de Puna, San Pablo recuerda las siguientes jornadas hispitalarias pintorescas y melancólicas con la tristeza de la resignación: San Pedro de Cacha, Tinta, Combapata, Checacupe, Cusipata y Quiquijana, con su espléndido puente de actualidad histórica, .porque allí fue capturada con soga de cáñamo uno de los gobernantes del Cuzco.

En San Pablo, pues, se festeja a los tres reyes el seis de Enero.

Los magos también tienen sus alféreces, y en los tiempos a que se refieren nuestros apuntes, el número de estos no bajaba de cuarenta. Cada alferez después de la misa, monta brioso corcel para hacer la visita a la casa parroquial donde el señor cura, al des pedir las visitas, tiene la obligación de presentar la es tribera a cada indio para que vuelva a montar, acto de cortesía por el cual cada diablo aflojaba cincuenta fernandinos que, cantando la sonora canción metálica, caían sobre la fuente de plata del sacristán.

Échenle ustedes un poco de aritmética a esta buena laya de cortesía. Cincuenta, por cuarenta, son, sino andamos descaminados 2,000 pesos fuertes que forman bonita bicoca, y cualquiera no los gana fácilmente alcanzando cuarenta estribos y dando la mano a besar.

III

Hemos traído todo aquello a cuento, como quien hace un pan de unas tortas, pero como dice el refrán más vale saber que haber, valgan verdades, y vamos al hilo de la tradición, que tiene de habérselas con el cura Pánfilo, sobre cuya benevolencia y dulzura nada tendríamos que apuntar, pues ellas iban en armonía con su carácter, pero, si echáramos en letra de molde la manera como aprovechó la lección de don Lucas Vázquez de Ayllón tentado por el pecado de la avaricia, cargado con el santo y la limosna.

IV

San Bartolomé, Apóstol de las. Indias, en el Santo Patrón de Tirita donde lo miran como al mismito Señor Jesucristo, Y todo individuo que sabe ganar un sol, fuera del que cuotidianamente nos manda a calentar el Padre Universal, lo gana para aplicarlo al día del Santo Patrón, que es una verdadera Saint Barthelemi donde se bebe, se baila, se vá a los títeres, se vota la fortuna en el albazo y se remata en la diana.
El 24 de Agosto de 1704 se encontraban los vecinos en la plaza, como de costumbre, cuando rodearon las esquinas cerrando las bocacalles una porción respetable de agentes vestidos de verde con cascabeles en los pies, y otros fueron llevándose a las mujeres hacia el templo principal y a los varones a la capilla de San José, cuyos escombros y sitio cedió el Iltmo. Tordoya, de feliz recuerdo, para la construcción de un local para escuela de niños.

Una vez encarcelado el pueblo, sin darse cuenta del motivo, fueron sacados los hombres de tres en tres y llevados al templo donde el párroco les echaba dura amonestación, mostrándoles la relajación de costumbres en que había caído su feligresía, pues en todo el año no hubo un solo, matrimonio, y las rentas parroquiales iban camino de menguante. Y en seguida, enyugábalos con sacramento, según les cayó la suerte.

Qué iban a hacer los indios!!! Juntáronse en manada, al capricho de la fortuna.

Para eso era el indio el ganado del esquile o del corregidor, el cura, el alcalde y todo ser que manejaba la vara de mandato.

Aquel noviazgo público acaso, hubiese pasado desadvertido como todos los abusos del coloniaje, a no mediar enemistad entre el párroco y el alcalde de naturales y sin la intervención de dos indios respondones que enseñados por títere aficionado a abogadear presentaron humilde queja ante el alcalde don Miguel López Zúñiga, Conde de Pedrosa Marqués de Valdés, manifestando que los habían casado con sus propias esposas, y que, si a repetir sacramento se resignaron, fue en la creencia de que les darían otras mujeres con quienes pudiesen vivir en la paz, que, con las suyas era imposible, y que ellos abonaron sonantes los cuatro doblones a que el párroco -rebajó, por aquella vez, los 13 pesos que de costumbre costaba una costilla.
Calóse las espuelas don Miguel que tenía genio de fósforo y tomó camino de Tinta para poner sal en la mollera del bueno del cura; pero, uno de los indios asustado con lo que iba a resultar, apretó la carrera y se puso como un rayo en la casa cural.
Momentos después el doctor Pánfilo salía al galope de su bestia, llevando pesada grupa, camino de Laurayani, ruta de Arequipa, de donde diz negó hasta Chuquisaca de Bolivia, lugar donde no alcanzaron requisitorias.

Mientras tanto, los que perdieron soga y cabra fueron los indios reclama antes para quienes ellas se tornaron en lobas rabiosas, acaso también descontentas o solamente injuriadas por el reclamo. 

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