DEPOSITO PARLANTE - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNERMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


DEPOSITO PARLANTE

I
No hemos de decir, él punto fijo, si fue antes o después de la expedición de Gonzalo Pizarra a descubrir el país de la canela, cuando tuvo lugar el depósito parlante de que vamos a ocuparnos.
Es de presumirse de que fuese hacia el año 1543 cuando Cristóbal Vaca de Castro mandó ir al Cuzco a
Pizarra, que a la sazón se encontraba en Quito despepitando pequeños disturbios habidos entre prójimos mal intencionados.

Haciendo venia al mandato de Castro, emprendió Pizarra la expedición, en cuya travesía sus partidarios infiltraron en el ánimo de Gonzalo el veneno de la ambición, fraguando, como quien baraja en naipe, el levantamiento que daría muerte a Vaca de Castro, dejando a Pizarra en posesión del Gobierno, plan que fue pulverizado por la lealtad de Villalba quien no tuvo escrúpulos para debelar semejante atentatoria.

Sea de ello lo que fuese, lo cierto es que Gonzalo Pizarro llegó a la ciudad del Cuzco, donde cometió desmanes propios del hombre vestido de carne y hueso, pero también dio un paso recomendable y digno de ponerlo en letras de molde en estos tiempos en que, pródigos por excelencia para levantar pedestales de gloria, descuidamos el estudio del pasado.

Tanto más recomendable se muestra la acción de Gonzalo Pizarra, cuanto, que es muy contra la laya del proceder de Francisco Pizarra, con Diego Almagro, hijo del conquistador del mismo nombre y de una india de Panamá llamada Ana Martínez.

II

Un día se vio al capitán castellano tomar camino de la Calle del Medio, atravesar la plaza mayor y dirigirse por el callejón de Loreto llevando de la mano a un niño de diez años que iba a depositario en el Convento de Santo Domingo, con lote pagado y recomendación precisa para que recibiese instrucción esmerada.
La "Chrónica historial" que fojeamos, hace mención de aquel niño con suposiciones que lo señalan como a descendiente de Acahuana Inca.

Y antes de pasar adelante, echaremos piltrafilla histórica que bien en zaga vendrá para honra y gloria de ingenieros y arquitectos peruvianos, Acahuana Inca, fue uno de los cuatro famosos maestros ingenieros en la construcción de la gran fortaleza del Cuzco que según el ilustrado señor Mendiburu, se terminó en el reinado de Huaina-Ccapac.

Garcilaso, que hace una descripción a lo vivo de aquella obra admirable, cita a Acahuana como persona a la que se atribuye mucha parte del trabajo de los edificios de Tiahuanacu, como que una de las puertas de piedra levadiza lleva su nombre.

Nosotros los del siglo de la leche condensada y de las bebidas que sulfuran la sangre, nosotros que admiramos el nombre de Sir Isambert Brunel, ingeniero que construyó el túnel que atraviesa el Támesis, el de Mr. Bartholdí creador y ejecutor de la colosal estatua de La Libertad, el de .Mr. de Lesseps y tantos otros; no hemos de dejar de escribir con orgullo de raza, el de Acahuana cuya obra, después de los siglos, sigue y seguirá: siendo la admiración de la ciencia y el objeto de los estudios de hombres eminentes.
Los homenajes más lisonjeros que el hombre puede recibir son aquellos tributados al talento y al saber.

IV

Y volviendo al hilo de la tradición, comején tenernos de, pensar que Gonzalo Pizarra adivinaría el genio de aquel niño que depositó en el seno de la comunidad dominicana, y quiso cultivado para aprovechamiento de sus frutos; y por esta idea venimos a elogiar aquella acción.
En los anales del convento que nos confiara, para examen, la filantropía del digno sacerdote Valenzuela, existe muchas menciones de niños depositados, pero ninguna señala de un modo especial y terminante al que dejó Gonzalo Pizarro.

Las sin hueso no hall dejado de preguntar ¿si sería hijo del capitán castellano, que repetidas veces estuvo en el Cuzco?

Para averiguar si carda O no sangre de conquistadores por las venas de aquel depósito parlante, tiempo de sobra tienen las beatas, que corto viene para los cronistas, y bien, sabido lo tendrían los padres de aquel tiempo.

El hecho consta, y para que no se pierda en oscuridad hemos venido en apuntado con provecho del lector.

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