CCATA HUEQQUE - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


CCATA-HUEQQUE

I

Es sabido que cuando Atahualpa fue encarcelado en Cajamarca, ofreció rescate fabuloso, extendiendo su diestra para marcar en la pared la señal hasta donde debía alcanzar la acumulación de metales; y aceptado por Pizarro, quedó hecha la línea con color rojo, según algunos con taco (tierra colorada).

Cerrado el pacto desleal de parte de Pizarro, el infortunado Monarca mandó chasquis en todas las direcciones del imperio ordenando que sus súbditos reuniesen los caudales.

Entonces marcharon también en comisión al Cuzco, Pedro Moguer, Francisco Martínez de Zárate y Martín Bueno, los primeros españoles que llegaron a la capital, donde los indios, prevenidos por Atahualpa, les dieron suntuoso hospedaje, del que, bien pronto debían arrepentirse en vista de los hurtos y otros Feos excesos cometidos sin miramiento, lo que motivó que Pizarro enviase a su hermano Hernando en Enero de 1533, al mando de veinte hombres de caballería, el mismo que regresó a Cajamarca llevando veintisiete cargas de oro y dos mil marcos de plata.

Los tres historiadores, Quintana, Herrera y Mendiburu, están acordes en este relato, de modo que; va con bautismo cristianamente administrado.

II

La actividad desplegada por los diferentes caciques del imperio para dar lleno a la orden del soberano, puede comprenderse fácilmente haciendo memoria del cariño que los súbditos tenían por su Monarca, cuya existencia quedaba a merced del codicioso acero de los conquistadores.

Los caminos eran cruzados, pues, por diferentes caravanas de indios con carga valiosa.

De las alturas de Chumbivilcas, donde no sólo existen rices minerales Sino también lavaderos de oro, bajaron veinte indios mandados por el Cacique Chumpi-chumpi, para dejar en el Cuzco gran cantidad de oro destinado a Cajamarca.

Jadeantes y resueltos caminaban los hijos de opulenta patria por el camino que, atravesando Tinta, conduce al Cuzco; cuando le; salió al encuentro, de Combapata, un indio envuelto en manta roja llevando borlas negras en la frente, bañada en llanto la faz, y anuncióles la traición de Pizarro y el asesinato del Monarca.
Aquellos huérfanos, que desde entonces perdieron padre, patria y libertad para entrar en cautiverio, estrecháronse en un solo abrazo, formando Un lago de lágrimas y levantando las manos al cielo sin decirse una palabra. Los sollozos únicamente, turbaban aquel silencio.

Uno de los indios soltando con ira la Pesada carga, exclamó: ¡ccata-hueqque!

Exclamación inimitable, profunda, capaz de partir el alma de, un descreído. Poema de dolor encerrado en una sola palabra, dictada por un alma: que se sacude al impulso de una pena sin nombre y estalla en lloro.
Ccata-hueqque significa lágrima turbia, lágrima amargada por la desgracia sin remedio, a la vez que encierra una maldición lanzada con la furia del averno contra quien la provoca.

Con esa palabra se pactó entre aquellos indios el juramento de la guerra sin cuartel a los victimarios del Monarca; con esa palabra se comenzó a esconder las riquezas del imperio, y repitiéndola se cavaron mil subterráneos inaccesibles a la planta del europeo.

Los veinte indios ocultaron en aquel lugar todo el oro que llevaban, socavando la dura peña, en la cual quedó una cueva sombría que esconde aquellos tesoros, Dios sabe en qué dirección.

III

Actualmente existe la cueva de Ccata hueqque, a una media milla de la histórica población de Tinta,
Parece formada de petrificaciones, y ¡extraña coincidencia! en todas direcciones se ven como gotas de agua próximas a desprenderse.
Acaso las piedras siguen llorando el duelo de Atahualpa; acaso vierte la roca la lágrima turbia de una raza desheredada!...

IV

¡Cuántas veces hemos ido también nosotras sentarnos bajo la sombra de aquella cueva misteriosa para flojear en la soledad las páginas de Garcilaso y de Prescott, contemplando la pasada opulencia del Perú, junto a autores añejos, cuyo nombre ni siquiera consta en el raído pergamino!
¡Alguna vez también fue a .juntarse con aquellas lágrimas turbias petrificadas, el llanto del, corazón que cae sobra las ruinas de la patria, y en la hora de la tempestad, quien sabe, si exclamando, como nuestros compatriotas: ¡ccata-hueqqe!

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada