AZOTAINA MAYÚSCULA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


AZOTAINA MAYÚSCULA

I
No sabremos decir, sin riesgo de faltar al octavo mandamiento, si la costumbre de los danzantes de librea se adoptó generalmente en el virreinato; más, la verdad del caso es que los españoles la introdujeron como medida estratégica en sus luchas civiles, pues: les naturales, subyugados bajo el dominio de la conquista, servían de instrumento a las ambiciones personales de los conquistadores.

Presumiendo que los lectores no sepan a punto redondo las especialidades de un danzante, vamos a copiar de apergaminada crónica la descripción de éste, agregando breve reseña de su origen y actualidad.

"Son los danzantes, -dice el maestro Gil González Dávila,- "indios con máscaras, vestidos a la española, con ropones de razas y brocados guarnecidos de pasamanos de plata, rapacejos y franjas y a la veces con sobrepuestos de plata de realce, bellotas y alamares y este ropaje llaman librea. Llevan gorra con plumajes o torreones de plata, botas cuajadas de cascabeles y un bastón en la mano. Van continuamente danzando al son de a tambor con que le sigue otro haciendo a cada dos golpes acelerados una breve pausa o compás y tocando al mismo tiempo una delgada flauta cuyo triste eco atraviesa las entrañas".

Pues, lector, ése es el danzante, y esta figura inventaron los españoles para colocarla en las encrucijadas de los caminos por donde debían pasar jinetes enemigos, cuyos corceles, sorprendidos por semejante fantasma que a la hora precisa sacudía botas, cascabeles y librea, echaban carrera y corcovos dando en tierra con el jinete, el cual quedaba costilli acontecido, algo de la fachada del bachiller Sansón Carrasca cuando don Quijote le perdonó vida y salud.

Y bien Pacificados los disturbios y cimentado el gobierno del virreinato y los corregimientos, el danzante quedó como semillero de explotación, con ribetes de inmoralidad, que no es nuestra pluma la que haya de describirlos. Baile de lujo en las procesiones religiosas, en las entradas de nuevo gobernante y festejas de la corona, desarrolló la competencia entre loro indígenas que todo el año trasudaban para pasar cargo.
El año 1699 aparecieron en la procesión de la Octava del Corpus de la ciudad del Cuzco, trescientos veinte y siete danzantes, casi en su totalidad llevando en la cabeza los humos de Baca, y se armó una de Mazagatos tan seria y de pipilinilla, que pasaron al otro barrio diez y ocho indios heridos de piedra, alcanzando a pacificarse la revolcando sólo ante las oportunas medidas tomadas por don Joseph de la Torre Vela, Corregidor recientemente ingresado; el mismo que mandó encerrar a los culpables ordenando después Azotaina Mayúscula como veremos adelante.

II

El sábado 26 del ya citado año Pasó a mejor vida el ilustrísimo don Manuel de Moliendo y Angula, XII obispo del Cuzco, que fue presentado para tal por S. M. R. doña Mariana de Austria, madre de Carlos II.
Profunda sensación causó la muerte de aquel Pastor a quien un cronista apellida pozo de virtudes ciencia y consejo que hizo sus estudios en Alcalá de Herrares llegando a ser examinador sinodal y visitador del Arzobispado de Toledo, y cuyos méritos se hallan extensamente relacionados en el prólogo de la "Lógica" del Padre Nicolás de Olea de la Compañía de Jesús.
Se hace también notable aquel año por haberse terminado en él el trabajo de la casa de moneda, recibiéndose la obra por la diputación de cabildo compuesta de los dos Marqueses, de Valle umbroso y de Moscoso, sellándose gran cantidad de doblones hasta 1736 en que fue vendida en pública almoneda, por cinco mil pesos, a un vecino notable, pasando, en 1744 a ser propiedad del convento de la Mercad.
Y con esto, basta y sobra de datos que llevan curiosidad histórica.

III

La muerte de un obispo dizque es ocasión de rarezas en la crónica de lo ocurrido.
Sin duda que esto fue motivo justificado para que La Torre Vela olvidase a los danzantes, que hacían tres días gemían encarcelados, Como no hay plazo que no se cumpla, mandó sacarlos a. la plaza pública donde fueron agraciados, no con el número gordo de la lotería ni con la cruz de ninguna orden, sino con doscientos azotes cada uno, de modo que, consultando aritmética en la tarde de aquel día cayeron 65,400 ramalazos de varillas de membrillo sobre la humanidad de 327 cristianos, fue prohibido el baile, quedando en su lugar la expresión de ración de danzante, para significar los castigos exagerados que los cobradores de tributos, aleccionados por el Corregidor, solían endilgar a los mitayos de su jurisdicción, pues, que, en todo tiempo, como canta el abate responde el sacristán.

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