ZELENQUE - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


ZELENQUE


I
Zelenque, he allí un nombre pronunciado con respeto por el vulgo y con investigadora curiosidad por el viajero que llega a la histórica ciudad del Cuzco, donde difícilmente encuentra un individuo que al preguntarle por Zelenque no satisfaga su ansiedad señalándole la casa que habitó, y refiriéndole tradiciones más o menos lógicas, más o menos verídicas.

Antes de comenzar mi relato, es indispensable hablar de la Virgen de Belem, objeto de la ciega devoción del Cuzco, lo cual serviría como de prólogo a las primeras pinceladas del que se propusiese pintar un cuadro histórico.

II

El Cuzco, capital opulenta y rica en el tiempo a que nos referimos, recibió de Carlos V el obsequio una efigie de la Virgen de Belem y destinada al alta de la iglesia de los Reyes; llamada hoy dé Belem.
No solo es devoción; sino aún idolatría la que el pueblo tiene hasta hoy, por esta imagen, El primer día de Pentecostés acude a Belem todo el vecindario en masa y conduce en hombros a la Virgen desde su Iglesia a la Catedral, para que asista a la tan celebrada fiesta de Corpus Christi, grande y concurrida en verdad y la cual así como el Lunes Santo, no olvida ningún corazón cuzqueño donde quiera que se halle. Esta festividad a juzgar por los hermosos cuadros que aún existen en la iglesia de Santa Ana y por la opulencia de aquellos tiempos, tomaba casi a lo fabuloso por su lujo y concurrencia.

Terminado el Octavario del Corpus se hace la traslación o la vuelta de la Virgen a la parroquia de los Reyes, fiesta que se llama la "Ida de 'Belem" donde se congregan todos los habitantes de la ciudad en sus diferentes clases.

Las ventanas del largo trayecto de la Catedral a Belem están repletas de gente que espera a la Virgen con flores, misturas y palomas blancas, adornadas de cintas, y ostentando riquísimos cortinajes de antigua sedería.

III

Zelenque, joven de procedencia española, bien emparentado y residente, en el Cuzco, era de una gallarda figura, rico derrochador y calavera, y como todos o la mayor parte de los ricos y nobles españoles de aquel tiempo, ignorante, altivo o supersticioso. Gozaba de la bien sentada fa de libertino, pues casi nunca oía misa asistía a sermones u otras prácticas iglesia, huyendo siempre dé la comunicación con las personas religiosas muy especialmente de los Padres Jesuitas. Soltero, opulento y gastador, tuvo por muchos años los atractivos que rodean a un hombre de esta clase aún en la actualidad; pero como en todo país, y naturalmente sucede, su fortuna caminaba a su ocaso y cuanto más decaía ésta, tanto más enfangado se veía en los sensuales goces que por desgracia lo dominaban.

Contaba treinta años de existencia, la mayor parte de ellos transcurridos en medio de las licenciosidades orgías.

Un día de paseo de la "Ida de Belem" del que hemos hablado, fue Zelenque como era natural a lucir su favorecido personal y cautivar las miradas de las Sílfides en tan concurrido lugar, destinado casi exclusivamente a ostentar la riqueza, elegancia y belda.

Las calles estaban intransitables por la muchedumbre: en todas direcciones se encontraba la vista con vendejas de frutas, meriendas, frituras variadas y el tecle, bebida especialmente cuzqueña, cuando el joven Zelenque pasó atrayendo la atención de todos; gallardo, afamado, ricamente vestido y con majestuoso porte. La procesión no tardaba en llegar al puente que separa la ciudad de la parroquia, punto temido por los cargadores de la pesada y voluminosa anda, porque la concurrencia estrechaba su anchura y porque los de votos cargadores han sido ya mal reforzados por la chicha y los diferentes licores que los asistentes les prodigan.

La tarde de que hablamos, llegó la anda a este lugar peligroso y comenzó a ladear tanto, que la gritería, la algazara y confusión 'de la multitud empeoraba la situación que todos a la vez querían salvarla, sin conseguiría ninguno. En tal actitud se presenta el bizarro joven Zelenque que estaba cerca, imitan su ejemplo varios jóvenes decentes y salvan el conflicto.

Toda la fama y renombre que debía adquirir por este hecho el señor Zelenque, es muy fácil de concebir. La noticia corría de boca en boca acompañada de mil elogios, y la voladora fama se encargó de comunicaría a los pueblos más remotos y todos comenzaban a sentir particular aprecio hacia el joven que tal heroísmo había realizado.

IV

Era el Jueves o Viernes Santo de 1618 y el incrédulo joven Zelenque se burló con sarcásticas crianzas de los oficios que la iglesia celebra en tan respetables días.

En su noche fue presa de una pesadilla, de un fatídico sueño en el cual oyó mucha bulla s algazara como de inmenso gentío que pasaba por la puerta de, su casa. Aquel extraordinario alboroto movió a Zelenque a salir de su casa y preguntar la causa de la vocería.

“¡Qué! dijo una de las siniestras figuras, ¿tu solo eres tan huésped en esta ciudad que ignoras que todos somos llamados al Colegio lile la Compañía donde se pronunciarán graves sentencias sobre muchos? Ve con nosotros, no sea que por tu ausencia padezca toda la ciudad notable daño”.

El hombre se vio forzado a marchar y una vez llegada la multitud al recinto de la Compañía, vio Zelenque el templo iluminado con profusión y varios tronos, uno de ellos al centro de las alas que formaban los otros: en él estaba sentado Jesús el Nazareno y a su derecha su Sacratísima Madre, ante los cuales se presentó el demonio de acusador de muchos. Al ver a Zelenque, hizo una relación de su vida relajada, de su impiedad y demás graves culpas alegando que no era posible la conversión de este hombre tan pecador y que se hacía necesario que sufriese el castigo merecido por tan graves delitos, sobre todo por el mal ,ejemplos y escándalos que daba.

El Salvador iba a pronunciar su sentencia, cuando María su Divina Madre, intercedió por Zelenque recordando que era devoto suyo, y que no solo había hecho caridad cuando le pedían implorando su nombre, si que también fue el salvador de su anda en la "Ida de Belem". Ofreció que se confesaría y que su conversión sería verdadera. Entonces se llamó a un Padre Jesuita (Martín de Campos) y se confesaba Zelenque cuando atemorizado con la enormidad de sus propias culpas que hasta entonces no las había reme morado, despertó agitado, confundido y sobresalto.

Llamó a sus criados y después de referirles el sueño horrible que lo había atormentado gran parte de su noche, les encargó que no le abandonasen hasta el amanecer. Tan pronto como despuntara el alba salió de su casa con el firme propósito de confesarse y cambiar de vida; pero el encuentro con sus amigos y las burlas del sueño que lo atemorizó, lo alejaron nuevamente de su resolución.

Los chasquis venían confirmando la muerte de varias de las personas que Zelenque vio en su fatídico sueño, y la suya se verificó un año después dándole tiempo para el arrepentimiento. He aquí Como ha conservado la tradición, por su parte, tan notable suceso.

V

Una de las semanas de cuaresma de 1619 se retiraba Zelenque en altas horas de la noche, de una de sus acostumbradas orgías, donde no eran medidas por cierto las Iibaciones en honor de Baco, ni la devoción a Venus; parado en la puerta de su casa y dispuesto a tocar el llamador, vio que se le presentaron cuatro o seis sayones de espantosa figura y hercúlea musculatura, tomándolo en seguida de los brazos. Zelenque no carecía de valor, pero supersticioso e ignorante, llevando a más la preocupación de su sueño, no opuso resistencia ni habló una palabra: el susto heló la sangre de sus venas, quitándole el habla.
A mérito de las teas encendidas que los fantasmas llevaban, pudo distinguir el infeliz Zelenque, las fisonomías horripilantes de estos seres que no los creía humanos, pues tenían enormes cuernos que sobresalían fe grandes y enredadas cabelleras de colores repugnantes: dueños de alas de murciélago y patas de aves de rapiña, despedían un hedor sulfuroso e insoportable.

- “Ya es tiempo, dijo uno de ellos que parecía el jefe: tiempo sí, de que vayas a donde tu obstinación; y delitos te llaman pecador contumaz y rebelde". Los otros emisarios se disponían a cumplir la orden, cuando de improviso se, presentó un hermoso joven cuya belleza contrastaba con la fastidiosa fealdad de los demonios, y que estaba vestido con gracia y lujo llevando alas de nacaradas plumas y despidiendo un balsámico y reparador aroma.

-"Deteneos, negros sayones, gritó el simpático joven; aún es tiempo de que se arrepienta Zelenque.
Yo soy el ángel de su guarda, su custodia me fue confiada y no os llevareis tan fácilmente su espíritu ni su cuerpo, porque aún podrá confesarse y enmendarse".

Los demonios o comisionados infernales no parecían querer abandonar su presa, a pesar del respeto y temor que el ángel les inspirara y el jefe dijo: -"Oh, solo que en este momento se confiese lo que es muy difícil", -"Fácil es, arguyó el ángel defensor: a mi voz se abren las puertas y Zelenque hallará un confesor, traedlo a este inmediato templo".

Los agentes de Lucifer condujeron en brazos y casi exánime al infeliz pecador, a la puerta de la iglesia de Loreto, que como es sabido, solo dista catorce pasos de la casa de Zelenque. A los pocos golpes se abre la puerta y pregunta el portero la, causa de la llamada.

Se necesita un confesor, contestó el ángel, para un gran pecador que bien pronto se verá ante su Dios.
El templo estaba iluminado y se repitió con toda minuciosidad lo que un año antes había soñado Zelenque. El Padre que salió a confesarlo, fue el mismo Martín de Campos en persona.

Los demonios habían huido durante la confesión dejando tras sí el asfixiante hedor infernal, y momentos después fue Zelenque conducido por su ángel custodio a la puerta de su casa, donde le hizo una enérgica exhortación y desapareció.

Fue preciso entonces que el portero de Zelenque lo llevase en brazos a su cama, porque en tan cortos momentos había perdido toda su fuerza y energía.

Refirió el suceso a sus sirvientes y ordenó que llamasen un médico y .un escribano. El primero lo desahució demostrando que tenía Una mortal fiebre al cerebro, y el segundo dio fe de que todos sus bienes dejaban a la Compañía de Jesús.

Tan positivos fueron los frutos de la confesión de Zelenque para la Compañía!

VI

Tres días después, se celebraron solemnes exequias en el hermoso y monumental templo de la Compañía; en honor del que fue Zelenque, merced a la caridad de los jesuitas, con asistencia del Corregidor don Diego de Guzmán Córdova, el Licenciado don Francisco Calderón de Robles, todas las Corporaciones y Cabildo Eclesiástico, oficiando el cura de Belem Julián
Pérez de Bocanegra Y dos Padres Jesuitas. Su cadáver embalsamado ha sido conservado hasta nuestros días, y el Obispo don Manuel Mollinedo hizo colocar en un costado exterior del coro de la Catedral el cuadro que contiene esta historia.


VII

Los Padres jesuitas combinaron pues esta tragicomedia donde se desempeñaron con la habilidad que les era característica, siendo el pobre Zelenque la víctima.
Aquí, carísimos lectores, se me ocurre relatar la glosa que en 1702 cantaba la plebe del país.

"Los Jesuitas del Cuzco
Salieron con 'lucimiento.
Hicieron lo que debían,
Pero deben lo que han hecho".

Y para poner punto final, me valdré de las palabras del poeta popular de nuestro siglo citado al comienzo.

Aquí Yo nada de nuevo invento
Como me lo contaron te lo cuento.

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