VEINTICINCO POR LA GOLILLA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


VEINTICINCO POR LA GOLILLA


I

El tapete verde, que para cierta clase de hombres es alucinante como la luz para las mariposas que llegan seducidas por el brillo y son devoradas por la llama; ese tapete, que cuenta en sus crónicas la caída de tanto ciudadano, causó también la de don Diego, de Guzmán y Córdoba y de don .Jerónimo de Cabrera, que en 1619, gobernaron en el Cuzco, el primero en clase de Corregidor y el segundo, como Teniente.
Acostumbraban ambos reunirse en la casa de Cabildo y descamisar a más de un prójimo, Tan grande ataque a las costumbres cristianas hacía santiguarse, a las señoras y murmurar a las sin hueso de los que llevaban chapín de acero y espolines de oro, Entre estos últimos no entraba por cierto don Gregario de Arce, hombre que, contando su sangre entre apergaminada procedencia; dio en la maña de frecuentar los salones de Guzmán pintando para él siempre el azar.

Una de esas noches perdió los pocos duros que le restaban; y con ellos se fue su habitual paciencia, pues, amostazado como gringo al que se le escapa la fortuna, alzó la voz al cielo causando bolina y escándalos en la casa consistorial. Al siguiente día, borrajeó una acusación en forma contra el Corregidor ante el Virreynato. El príncipe, de Esquilache, que por entonces ocupaba la silla de los Virreyes, suspendió de sus funciones a Guzmán y a Cabrera, y por cédula que expidió en 23 de Marzo del año, referido, ordenó el juzgamiento de ambos.

Todas las que han sido malas autoridades habrán pateado el ratito Que la suspensión, pero ¡igual! también, saben que la nave de oro bien manejada, las, chapas de doble guarda.

Guzmán frunció el etrecejo al darse por notificado para la entrega del gobierno, más, sin matar sus esperanzas, se puso en camino de hacer las paces con el de Esquilache encaminando donativos qué ahora 26 años, sabían entrepapelar acusaciones con igual presteza que en los días de la independencia.
Don Jerónimo, no pudo hacer otro, tanto por su, parte y tuve que contentarse con huir el bulto que mal parado estaba, y se dio por escusado hasta mejor ocasión.
Así hacen también hoy, los que, caen en la arena política.

II

Cabrera fue a Lima en 1629 Y entró al servicio del Virrey, Conde de Chinchón
En aquella época se encontraba también en Lima don Gregorio de Arce y frecuentaba los extradós del Conde de Chinchón donde, encontró y reconoció a Cabrera, no sin dejar sentir la comezón del rencor mal curado, y se dijo para sus adentros: "deuda tenemos por cobrar”.
Un día paseaba a caballo don Jerónimo por la calle que después han llamado del Padre Jerónimo, cuando divisó al de Arce emperifollado y ahumado de almizcles iba en dirección opuesta a su camino .
En callejón sin salida te pillé, viejo enredista, se dijo Cabrera, y ajustando las espuelas contra los ijares del bruto, se lanzó sobre Arce, lo derribó en tierra y dejó hecha jirones la golilla de encaje de la india que vestía don Gregario, siguiendo después su paseo interrumpido.
La noticia retumbo en Lima y llegó hasta la bahía del Callao; Cabrera cayó en manos de los alguaciles y Arce fue atendido como hombre de valía, pues el Virrey le interrogó qué castigo podía lavar tamaña ofensa.
Arce se antojó de cincuenta ramalazos.
Los ricos, sobre todo, los nobles, tenían tales caprichos.
El Conde de Chinchón se repetía sin embargo:
¿Cincuenta ramalazos por una golilla de encaje y a un español? ¡Grave es el avergonzamiento!, pero, los respetos del señor Arce así lo exigen.
Ofreció VEINTICINCO; número con el que se dio por satisfecho el bueno de don Gregorio y recibió de boca del Virrey la formal promesa del cumplimiento de la sentencia.

III

Si a don Jerónimo de Cabrera le aplicaron la azotaina, no lo dicen las crónicas, pero sí afirman que en 30 de Setiembre de 1632 fue despedido de Lima por el mismo Virrey, dándole el Corregimiento de Chilques y Marquez.
Arce, es posible que a costa de la golilla de encaje, no volvería a ver pajas en ojo del parroquiano.

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