SANTA CATALINA DE AREQUIPA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


SANTA CATALINA DE AREQUIPA


I
Arequipa es una joya de ros Andes.

Sus hijos tienen el trato apacible en familia, y en el combate son bravos como el hijo de las selvas. Sus poetas se inspiran en su propio suelo, fijánque circula en el corazón del Misti. Por eso escuchamos dulces y sonoros cantares como los de Melgar, el poeta del corazón herido, y estrofas como las de Méndez y Bonifaz.

Y aquel país de aspecto morisco por las blanquecinas cúpulas de sus casas abovedadas, vive nutrido por dos grandes sentimientos: la Patria y la Religión.

Esto dicho, bástenos para explicar, el entusiasmo de aquel pueblo cuando el Iltmo, don Antonio de la Raya, V. Obispo del Cuzco, autorizó la fundación de un monasterio bajo la protección de Nuestra Señora de los Remedios y con el nombre de Santa Catalina.

El breve pontificio de 10 de Diciembre de 1601, expedido por Su Santidad Clemente VIII confirmando aquella autorización, llevó la alegría al seno de la familia de don Jerónimo Pachaco y doña Lucía de Padilla, su esposa, quienes fueron los fundadores de aquella obra.

Principióse en los cimientos de las casas de Pacheco, y fue dotada con 94,000 pesos romanos.
Esta suma, unida al devoto afán de los operarios, hizo que luego se alzasen los misteriosos claustros, asilo de la virtud o de la desgracia. Levantáronse los muros sombríos que serían mudos testigos de lágrimas arrancadas por esa dicha sin nombre que concede la paz del corazón, o por esa amargura sin límites que el dolor imprime en el alma.

El claustro!!

En su seno resbalan gotas purísimas como el rolo de las azucenas: esas, desprenden las pupilas de vírgenes que dejaron el mundo sin conocer sus zozobras.

También se destilan lágrimas que, amarguísimas en medio del bullicio de la sociedad, hanse tornado tranquilizadoras y dulces en el silencio y la presencia dose en la suavidad de su clima o en el fuego de Dios.
Don Jerónimo Pacheco y su esposa habían construido aquella arca santa para las mujeres náufragas o para las valerosas Viajeras de Jerusalén celestial, dejando en los umbrales del convento a su propia hija doña Isabel de Padilla: ella fue primera abadesa de la hermandad, como había sido la primera flor sacrificada a la corriente de aquel siglo.

Cuántos jóvenes no le siguieron robándose al amor de sus padres y a los deberes escritos por la naturaleza en la humanidad!!

Cuántas virtuosas familias arrancadas al seno de las sociedades, tal vez preciosas ilusiones marchitas al nacer asesinadas para encerrar sus despojos en el ataúd da los vivos!
Pero ¿qué importaba todo esto en aquellos tiempos?

II

Si Arequipa es la víctima de los temblores: y terremotos, podríamos decir de ella lo que un ilustre pensador contemporáneo al hablar de Arequipa: "se levanta sin cesar sobre las lavas vomitadas por el volcán que ha amenazado tragársela setenta veces"

Los años de 1604 y 1600 se mostraron más siniestros que el de 1868 por su formidable terremoto de 13 de Agosto.

Y es en aquellos tiempos que los habitantes de la blanquecina ciudad huyeron .del polvo en que se sepultaban sus edificios, acampando en medio del desierto, como las caravanas de Sahara, con SU$ flotantes tiendas.
Entonces también las, Catalinas tuvieron que abandonar los escombros de su convento; y por orden del Obispo de la Raya trasladarse al Cuzco ocupando el mismo lugar que las Acllas o escogidas del Sol, donde hoy mismo se alza el templo de Santa ,Catalina.

III

Años después fue reedificado el convento de Santa Catalina por el Obispo Almoguera y Ramírez, quien gastó más de cincuenta mil pesos suyos, y trabajo según lo dice el respetable señor Mendiburu, los dos coros, una enfermería, un granero, varias oficinas y una cerca de piedras.
Estos trabajos, más felices que el anterior, han desafío la destrucción de] tiempo y los sacudones del majestuoso Misti.

Sé que en la actualidad viven en sus claustros, treinta y seis monjas profesas presididas por la Madre Dominga Aranívar; más ignoro si éstas fabrican olorosas y azucaradas pastillas como las Catalinas del Cuzco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada