NO HAY PEDRO BUENO - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


NO HAY PEDRO BUENO


I

El viento de la fortuna votó de Valladolid a don Pedro de Medrano y Albornoz, .quien se dirigió al Perú donde le esperaba una suerte de azúcar y un porvenir de los caprichosos.

Corría el año del Señor de 1603, cuando nuestro Perico sin pelo de barba y con los bolsillos más pelados aún, se presentó en la ciudad de Cuzco donde a la sazón acababa de reconocerse Corregidor a don Pedro de Córdoba Mesia, en virtud de la Real cédula de 24 de Marzo de 1602.

Por todo capital trajo Medrano, una letra capa de lucirla en la Real Cámara, y por aquellos tiempos era cosa rara, no tardó el de Albornoz en ser solicitado por el señor Corregidor, para escribientes de su despacho.
Medrano, que; siempre con la vista gacha y sin argüir en pró ni en contra suya, obedecía con santa humildad los mandatos de su señor, pronto llegó a ser el niño bonito del, de Córdoba Mesia ocupando el mejor puesto de la casa. Con este motivo tuvo Medrano ocasión de ir cierto día a casa del señor Provisor del
Obispado Dr. D. Francisco Calderón de Robles; sus ojos, que como hemos dicho, estaban siempre gachos, se alzaron al, ver a una joven morena, de grandes ojos negros, que cosía sentada en la puerta del Previsor, pariente suyo.

Desde entonces, Medrano andaba rondando las ventanas del señor Calderón de Robles, y cuantas veces mediaba algún asunto entre el señor de Córdoba Mesia y el Provisor, era el interesado para intervenir aún cuando no fuese más que conduciendo la correspondencia de sus señorías.
El amor inflamado es contagioso, y así no tardó Medrano en hacerse corresponder con la de los ojos negros cuyo nombre según ella misma le dijo, era Úrsula.

Medrano de Albornoz que bien bisoño era en amores a juzgar por sus hechos, se vio precisado por Úrsula a definir el desenlace de su conquista. Con la disculpa de que hablar de mujeríos al Corregidor o al señor Calderón sería un faltamiento a sus superiores, resolvió tomar la de las anchuras, sacársela a Úrsula de casa del Provisor y ocultarla en buen escondrijo.

Con esta intención se largó una noche al pié de las ventanas de Úrsula y dando la seña convenida dijo: "Solita estrella de mi tenebroso clero, tu amor me extingue la existencia, y preciso es que compasiva mitigues mi pesar tomando tu manto y siguiéndome", Úrsula no necesitó de más, echó su vistazo en torno suyo y luego contestó: "espera" apareciendo sin tardanza en el dintel de la puerta de calle, llevando bajo de su larga manta, un cofrecito que entregó a Medrano; y los dos se echaron a buen camino.

II

Al día siguiente los alguaciles del Corregidor acompañados del alcalde de soldados don Francisco Osario Barba, recorrían la ciudad entera en busca de Pedro Medrano de Albornoz, quien se había llevado a buen recaudo, cuatrocientas onzas godas, dos fuentes de plata y un bastón con puño de esmeralda, todo perteneciente al Corregidor, y lo único que pudo pillar.

El Dr. Calderón de Robles, por su parte, había diseminado en la ciudad a todos sus conserjes y empleados del Provisorado ofreciendo cien onzas al que le diese, razón del paradero de Úrsula, la cual había imitado a su amante llevándose todo lo que en casa del Previsor pudo coger.

Tan prolijas investigaciones ¿dónde iban a parar en aquellos tiempos de sumisión a la autoridad, sino a dar con la pista de los enamorados? En breve fueron llevados ante Corregidor, en medio de un gentío inmenso causando alboroto y escándalo en las ralles del tránsito.

Descubierta la doble infamia del de Albornoz, ordenó el Corregidor su severo juzgamiento en compañía de Úrsula.

III

Doce días después del suceso, Úrsula como consentidora era conducida a un monasterio por el resto de sus días, y el destino de Pedro Medrano y Albornoz, lo elevó a la altura correspondiente y propia de los influjos de la gente con quien se había mezclado, balanceando su cuerpo en la horca y arrancando a los espectadores la exclamación de vean pues a la mosca muerta, si ¡no hay Pedro bueno!
¿Qué tal sería, según esto, el Corregidor?

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