LOS CONCILIOS DE TOLEDO RESUMEN


LOS CONCILIOS DE TOLEDO RESUMEN

No es posible, hablando de la época visigoda, pasar en silencio estas asambleas de carácter político religioso, que tanta influencia ejercieron en la vida e historia del pueblo godo, y que regularon los conflictos entre los reyes y los súbditos. Esto no quiere decir que pueda llamarse Iglesia nacional a la visigoda con menoscabo del ecumenismo o catolicismo de la misma Iglesia. Ni tampoco, y como contrapartida, que el Estado visigodo fuera un gobierno teocrático. La intervención del rey en los asuntos eclesiásticos y de la Iglesia en los asuntos políticos tiene sus raíces en el imperio romano y recuerda, un tanto, la intervención de Constantino y Teodosio. Los concilios no pueden calificarse de Cortes, porque en ellos no tuvo nunca intervención el estado llano, pero tampoco fueron meras asambleas eclesiásticas, ya que, a partir de Recaredo, se trataban en ellos cuestiones de carácter eclesiástico, político y civil. Un distinguido escritor ha dicho que los Concilios de Toledo eran "unas juntas especiales propias y particulares de nuestra monarquía que participaban de la naturaleza de los Sínodos eclesiásticos y de las asambleas nacionales, pero que no eran precisamente ni lo uno ni lo otro". Eran convocadas por el rey, que designaba libremente las personas que habían de asistir a ellos; y se reunían en la iglesia de Santa Leocadia.

El monarca, rodeado de los miembros del Aula regia, entregaba el llamado tomo regio o proyecto de ley, e indicaba las cuestiones en las que rogaba al concilio que se ocupase, firmando las actas no sólo los obispos, vicarios y abades, sino también los miembros del Aula que habían asistido.

Sin ser estas asambleas las únicas fuentes legislativas de la monarquía goda (pues hubo multitud de leyes que se dictaron sin anuencia ni deliberación de los concilios, y en opinión de algunos tratadistas de Historia del Derecho, había otras asambleas "que ejercieron el poder legislativo... presididas por el rey, a las que concurrían el clero y la nobleza... "), los concilios, sin embargo, crearon una legislación templada y uniforme, moderadora del capricho real y modificadora de las costumbres. En ellos se observan cuatro principales tendencias: la de normalizar la elección del monarca y hacer inviolable su persona; la de perseguir al elemento judío; la de unificar el derecho por la fusión del elemento godo con el hispanorromano, y la de procurar para la Iglesia inmunidades, prerrogativas y exenciones.

La primera se hace patente de un modo evidentísimo el (el concilio IV (año 633) en cuyo último canon se anatematiza a todo el que intente escalar el trono por la fuerza. Y se declara taxativamente que los reyes inviolables porque es un ungido del Señor. Así aparece por vez primera en el mundo moderno la idea del rey como un "Cristo", el cual, a su vez, es anatematizado siempre que, codicioso o cruel, atropelle las leyes.

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