LO QUE COSTO UN RECIBIMIENTO - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


LO QUE COSTO UN RECIBIMIENTO


I
Mi tierra siempre ha tenido fama de ser ostentosa en tratándose de regalos y recibimiento de los Obispos, Corregidores, Oidores y otros nenes que venían cargados de campanillas y pergaminos a usar mucha toga exigiendo cumplimientos; y, no solo en los tiempos del coloniaje, sino aún en los días que ya sé entonaba el Somos Libres.

Dígalo la entrada del .Libertador Bolívar a la Real e Imperial ciudad en la que, la calle de San Agustín quedó perfumada por treinta días sin contar las noches y en que las petacas de cuero aflojaron, para arrojar a los pies de don Simón, los verdosos escudos que guardaban.

Los años de 1601 fueron fecundos en recepciones de este género, y la ciudad tuvo muchos motivos de festejos.

En 15 de Junio recibió la catedral un Obrero

Mayor y gastó 2,000 pesos fuertes en pólvora y sorbetes, sin contar las misturas, cazoleta y sahumerios.

Don Pedro de Castilla se distinguió en el paseo del estandarte del 24 de Julio, fecha en la que se vio por primera vez un palo ensebado con una rueda de la que pendían fijes de cocobolo con incrustaciones de perlas. Se supo la traslación de la Real Corte de Madrid a Valladolid, donde nació la infanta doña Ana y este relumbrón de la Reyna Madre no solo fue festejado con la célebre misa a la que asistieron los indios con gafas, sino con la descarga de noventa y seis camaretas que reventaron en la falda del Rodadero.
Ese mismo año, en 10 de Febrero, .entró en la ciudad el doctor Recalde, Oidor de la Audiencia Real, nombrado Visitador de las obras de reparo.... con cargo especial y comisión de la fábrica del puente de Apurímac.

De esta recepción vamos a ocupamos.

II

En aquellos tiempos en que el primer potaje, de las comidas era un Pater noster y en que las niñas bailaban únicamente para la Virgen de los Remedios, de Nuestra Señora de la Alta Gracia, la fábrica de un puente sobre el río Apurímac era considerada como un prodigio, obra, de romanos, o del diablo, vamos. Ni por qué extrañarlo! cuando hasta hoy continúa llamando la atención de los gobiernos (en los primeros días de administración) y ha ocasionado más viajes de ingenieros que dolencias el vallecito de Agua de verrugas.
Considérase la importancia que a lo lejos daba al doctor Recalde la sola noticia de ser el director de aquella maravilla. Llegó a ser algo más que Pflucker cuando se dijo que nos traía blindados con los dineros y alhajas que dieron los pueblos para el "Almirante Grau".

Tan luego como llegó el cajón y se supo la venida del Oidor, todas las muchachas de bonita estampa se echaron a trabajar guirnaldas de friscado y so bre cuellos con tripa de fraile ó fagina (labores él las que ha archivado la invención del crochet) y las niñas de lámina honesta desvalijaron la plata labrada de la casa para escoger algo que mereciese la pena de ser obsequiado al doctor Recalde, quien sin duda sabría distinguir a las bonitas por lo sencillo, y a las feas por él peso, declarándose en conclusión por las unas y por las otras.
Entre estas y aquellas figuraban la Pancha Montes de Quezada y la Teresita Ortiz de Villagrán.

¿Quiénes eran estas próximas?

Dos notables señoras del barrio que hoyes llamado de Limacpampa chico amigas de armar competencias mujeriles sea en la tela del vestido, sea en las preferencias del confesor; y que-siempre se miraban de reojo, observándose los pelillos para endilgarlos al primer barbero.

Locuaz y decidora la Teresita, ponía particular cuidado en la gracia con que daba sus brinquitos en las acequias, y se alababa a tener a retortero al bueno de su siervo y señor, que así llamaba alternativamente a su consorte y a su confesor.

Pancha Montes podría ser el reverso de la peseta: mujer de pocas palabras, cuando las soltaba dejaba caer alfileres que iban a clavarse en el prójimo y con más seguridad en la prójima.

No sabré decir si estas dos señoras han dejado mucha descendencia en el Cuzco, pero lo positivo es, cuando la entrada del doctor Recalde, se descubrieron la careta, y se abrió una competencia que ni la de Dreyffus y los Nacionales!
¡Cuánta plata se echó a la calle!

III

El día de la entrada de Recalde, todo era trajines en la ciudad. Desde Añaypampa hasta los Siete
Cajones, se habían levantado catorce arcos triunfales, y en la, puerta de la casa de don Bruno Rivadeneyra se alzó un tabladillo donde se le entregaría al héroe de la fiesta, un par de espuelas, un jarro y un otro mueble de uso privado, todo de plata cincelada.

La cabalgata que salió al alcance, fue numerosa, y crecido el acompañamiento de a pié. Pasaron por las calles recibiendo una lluvia de mistura que caía de las ventanas todos los dedos índices se extendían hacia Recalde, la campanita de Santo Domingo se alegraba a menudeo; y así llegaron frente a las, ventanas de la Villagrán y la Montes, y ahí fue lo que se llama la de Dios es Cristo.
La Villagrán había hecho fabricar escudos conmemorativos de la entrada, la Pancha tenía por delante dos talegos de pesos flamantitos, y si la una principió por arrojar puñados, la otra vaciaba los talegos, y en menos de un sursum corda se desarrolló en el corazón de las competidoras, esa manchita que han dado en llamarla puntillo.

La, Montes había tirado a la calle toda una fortuna y medio vacilaba en principiar otra, cuando Teresita sacaba piezas de plata labrada y las hacía volar por el aire: entre esas, fue un mediano que cayó de filo en la cabeza de Recalde, le abrió una brecha de a ¡Dios nos libre! y tiróle en el suelo falto de sentido.
Ahí se contuvieron las damas y fue preciso llevar en hombros .al Oidor a .la casa -de . Paniagua de Loaiza, donde sufrió las consecuencias de la hinchada de sus agasajadoras, lo que prueba, que hay cariños que rompen la cabeza.

A pesar del hecho tan notable y que la casa de la Villagrán fue llamada desde entonces del medianito, no faltó chismoso que .escribió al Virrey don Gaspar de Zúñiga y Acebedo, Conde de Monterrey, la noticia de que el 0idor Recalde se había roto el bautismo cayéndose de borracho, pues, comedidos de este género, se encontraban antaño como ogaño.

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