LO DE ANTAÑO - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


LO DE ANTAÑO

I
No crean ustedes que esto de parar los machos a la autoridad sea invento de los republiqueros, no señor, también antaño, cuando era usanza que el posillo de chocolate servido más caliente o más trío, marcaba el grado de categoría de los abuelos no faltaron títeres respondones que, levantando también la voz, golpeaban los taburetes de los ayuntamientos con la mismita arrogancia que el dual de Yauyns en las interpelaciones del Ministerio.

Y para que ustedes no digan que cómo los croniqueros no escribimos en papel sellado para temer el ensuciar cuartilla sobre cuartilla, allá va hilvanada un tradición parecida a ciertas escenas eleccionarias de la época de los crespitos en la frente de las niñas, crespitos que, sea dicho de paso, sirven para tapar, o cuando menos disimular los defectos de la frente.

II

El General don Luis Joseph César Escazuela, caballero de la orden de Calatraba, gobernador del Corregimiento del Cuzco en sucesión 'de don Pedro Balbín fue lo que las solteras llaman un mozo arrogante, mozo de codicia. Bien apersonado, de educación esmerada y sonrisa picarona, nunca faltaba a la misa conventual de San Francisco, donde el Prior le ofrecía el agua bendita con particular distinción.
El 31 de Diciembre de 1693 se trataba de renovar los cargos oficiales. Ese mismo .día llegaba al Cuzco el capitán don Juan Félix Palomino Carrillo Llano de Valdés .que venía de Lima con los cascabeles de Provincial de la Santa Hermandad de la ciudad y provincias de Distrito de la Real Caxa, mandado por el Duque de la Plata.

El Corregidor Escazuela en oposición al Marqué de Valleumbroso, abrigaba secreto interés de que entrase como alcalde de vecinos don Pedro García de Coloma, siendo candidato de Valle umbroso don Francisco Cano de Hierro.

Reunido ya el Cabildo, tardaba en llegar el Corregidor que atareado con la recepción del Provincial y con la seguridad que dan las preeminencias de mando harto descuidó su empeño. Mientras tanto Cano de Hierro anduvo medio camino, y no faltó comedido que pasase aviso a la autoridad de que le ganaron el campo.
Escazuela se encaminó al ayuntamiento: por diligencia preparatoria hizo dar lectura a la ley Real del libro cuarto, título noveno de los Cabildos, en que se prohíbe la entrada de los cabildantes con espada. Una vez desarmados creyó dictar su voluntad, mas ahí fue la de las puertas de chirona.

El de Valleumbroso habló más alto que todos, llamando al Corregidor hasta arbitrario, y Cano de Hierro triunfó sobre la voluntad de su Señoría quien salió gacho como Diputado dual al que le ganan los lomos mediante una papelada emplatada.

Pero se fue meditando venganza.

III

Sin duda que, cuando la gallina calla puesto ya lo tiene.

El 18 de Julio se convocó al Cabildo con grande alboroto y se dio lectura a una carta del Virrey Conde la Monclova sobre la contienda de los cabildantes con desacato al Corregidor, carta en la cual mandaba que el Marqués de Valleumbroso, don Martín Valero, don Joseph de Cabrera, don Francisco Cano del Hierro, don Juan Céspedes y don Miguel Hurtado de Mendoza; se presentasen en Lima dentro del término de cuarenta días.

Cuenta que entonces no se usaba Taquile ni las islas de San Balandrán; en cambio existían las fortalezas de la isla de Esteves.

Pero, después de tanto preparativo y bullas, la cosa vino a encontrar el término que ahora mismo dan los gobernantes a los, asuntos de los politiqueros, que dan martillazo en vacío o se encomiendan a compadre de no escasa valía.

Los acusados cayeron a Lima en día de gracia y el Virrey les dijo: Un paseito amigasos, vuélvanse en paz a vuestras casas sin perturbar el orden que necesito para dormir tranquilo.

Las malas lenguas aseguraban que corrieron por el palacio muchas blancas y amarillas, lo cual no sería para escandalizar al prójimo, pero la cierto es qué, de regreso en el Cuzco Tel Marqués de Valleumbroso agarró de las orejas al Corregidor pegándole feroz sacudida y fueron tan duras las razones que le diera, que don Luis hizose el resentido, quedando impune el delito, Dizque cuando habla plata, libro calla.

Casos de la laya pasan hasta hoy en mi tierra, particularmente, con cierta clase de escritores: a uno le rompieron el bautismo por bellaco y a otros las costillas por razonador libertino.

Y acusados conocemos con siete expedientes a cuestas, cuyos abogados logran magnetizar autoridades y tribunales citando los códigos impresos sobre jebe.

No se nos pongan de reojo los señores de la hoja, que respetando juramento y usando leal conciencia, salvos se encuentran de que les toque la mostaza de la tradición.

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