LA ENTRADA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


LA ENTRADA


I
Es el caso que las fiestas con olor a viejo hacen raro contraste, con las fiestas nuevas, porque allá en los tiempos en que eran contados los militares de cascos y talones ligeros para dejar los campos de la pelea, los pueblos se afanaban en el brillo de las recepciones triunfales a aquellos que cumplían con su deber, cosa que en nuestros malaventurados, días se quedó para entretenimiento de los cronistas de antiguallas.
Mi tierra también fue en la época colonial, y cuando, los generales Canterac y Miller hacían el oso a las muchachas de alta alcurnia, sin que por ello murmurasen la sin hueso, ni se pusiese en tela de duda la reputación de las vecinas, la tierra clásica de los fastuosos regalos y la primera en premiar el mérito y el valor de sus hombres públicos; y tanto que, tentaciones nos dan de creer que antaño gastó el total de lo que poseía, quedándole para el presente pequeños rezagos que más bien pudiera llamarse indiferentismo.
Vamos a ocuparnos de una de esas solemnes entradas o recepciones.

II

El grande hombre, que después de admirar al mundo con el brillo de su espada libertadora Y fundadora de las repúblicas sudamericanas, nos legó patria independiente, el inmortal Simón Bolívar, tenía anunciada una visita al Cuzco.

Esta noticia se esparció can la rapidez con que en nuestros días se comunica por los telégrafos parlantes una debilidad del prójimo; aún cuando ella sea de origen clandestino.

La metrópoli de los Incas comenzó los preparativos para la entrada.

- La hermosa americana señora Francisca Zubiaga de Gamarra, invitó al bello sexo para hacer una corona digna de ceñir la frente del ilustre hijo de Caracas" cuya planta iba a tocar las baldosas de la ciudad imperial; Y esa invitación fue aceptada con tal ardor patriótico, que cuatro días después, el maestro platero Lanao y Contreras engastaba seiscientos brillantes en una rueda de oro.

Por su parte, las monjas de Santa Teresa de Jesús, enviaron mandaderas en pos de recado para fabricar unos escapularios y una banda de primoroso trabajo; y el Cabildo Eclesiástico acordaba el regalo de una cruz valiosa.

Dizque una corona "es un círculo de metal al que da valor solo la cabeza que la lleva".

Dizque la banda es una tira de género al que ennoblece y da la representación de la dignidad, solo, el valor del pecho que la ostenta.

Bolívar, que después de seguir sus estudios en España, visitar las principales capitales del viejo mundo, y pasear la mirada investigadora de sus pequeñísimos ojos por los Estados Unidos de América, volvió al país de su nacimiento en 1811 para subordinarse a Mi randa, alcanzando la ejecución de la idea santa de libertad; él, que joven aún en 1819, supo triunfar de los apuestos Generales Murillo y Monteverde, libertando Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, que unidas bajo lazo fraternal se llamaron Colombia; ese genio en el cual se había encarnado el gran espíritu regenerados que no retrocede ante la magnitud de la obra ni vacila en vista del sacrificio; Bolívar, en fin, que alcanzando la victoria decisiva de Boyacá proclamó poco tiempo después la independencia del Perú, y fundó la hermosa república de Bolivia, ideando un solo cuerpo en el alto y bajo Perú; Bolívar, el campeón de la causa americana, bien merecía que las mujeres del Cuzco ciñeran su frente con una corona de brillantes, y que las vírgenes, hijas de Teresa, la sublime cantara del Salvador del mundo, colocasen la rica banda bordada con aljófares y ricos hilos de oro, sobre el pecho del Libertador que mil veces había desafiado el terror de la muerte y del plomo en los campos de batalla, confiando en el Dios de los Ejércitos y en la santidad de la causa que patrocinaba.

III

Rayan en lo inverosímil los detalles que, de la entrada de Bolívar, poseemos en libro arrebatado a las ratas.
Solo la recepción del Dr, Recalde, en los tiempos de la Colonia, podía rivalizar en suntuosidad con la que el Cuzco hizo al héroe armado por la diosa de la Libertad.

Las calles del tránsito, desde San Sebastián a la ciudad, adornadas corno un verdadero altar para rendir culto cívico al Padre de la Patria, conservaron, según, relato por largo tiempo el aroma de los perfumes derramados a los pies de aquel hijo de la pólvora.

Alzóse un tabladillo en la plaza principal, donde esperaba la comisión de señoras precedida por la Zubiaga, quien con palabras de patriótico afecto, puso la corona de brillantes sobre la cabeza de Bolívar, corona que fue rodada hasta los hombros del guerrero, pues esa cabeza grande en ideas, era pequeña de forma. Y la corona salió excesivamente holgada.

El Cabildo Eclesiástico cumplió con sus deberes y el Canónigo Dr. Florido, de pie en la nave principal de la Catedral colocó al cuello de Bolívar la cruz de oro y piedras preciosas.

En el templo de Santa Teresa dieron al siguiente día de la entrada, una fiesta religiosa para entregar la banda preparada para él Libertador, y ese día fue el de los episodios del Capitán Núñez, que hemos referido en una de nuestras tradiciones.

En la noche se dio un baile oficial en el que rivalizaron las joyas con lo más graneado de la sociedad cuzqueña, donde las mujeres se distinguen por las virtudes del hogar, la sencillez de sus costumbres Y su resignación al trabajo.

La primera contradanza que bailó el Libertador Bolívar en aquella fiesta, fue con la señora Manuela Gárate de Usandivaras, y en seguida, sacándose la corona de brillantes que lucía en el brazo la regaló a la cuzqueña más hermosa Y más inteligente que, sin disputa, era la Zubiaga de Gamarra.

IV

Al través de los tiempos, hoy tejen los hombres de letras otra corona de flores americanas, flores purísimas del pensamiento, para ornar la frente que, helada por la mano de la muerte en 1830, supo legar al mundo, realizada, su idea de libertad.

El nombre de Simón Bolívar no podrá perderse como cualquier otro entre las sombras de un ataúd.
Vive glorioso en todo corazón, americano.

Su espíritu mora en la mansión de los que, defendiendo el derecho, no se apocan con la cobardía de los niños.

Acaso, en la hora presente, languidezca ese espíritu superior al contemplar desgarrado el corazón, hecho, girones el territorio de las dos hijas de su pensamiento y de su brazo ¡Perú, Bolivia! sacrificadas por la ambición de una hermana.

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