LA DAMA DE ELCHE RESUMEN


LA DAMA DE ELCHE RESUMEN


El día 4 de agosto de 7897, cuando unos obreros nivelaban el suelo de una loma de La Alcudia, a 2 km de Elche, surgió de la tierra, donde había estado oculta veintidós siglos, el busto magnífico de la Dama, la obra de arte más espléndida, más asombrosa, más "española" de nuestra antigüedad. El vulgo la bautizó con el nombre de la "Reina Mora", la admiro y casi se convirtió en un ídolo de la ciudad, pero su propietario, el doctor Cempello, la vendió por la insignificante cantidad de 4.000 francos al arqueólogo P. París, que se la llevó a París. La expatriación despertó desde el primer día sentimiento doloroso, hasta que afortunadamente ha sido restituida a España (8- II -7947), y se admira en el Museo del Prado, de Madrid.

El busto está labrado en una caliza blanca, muy deleznable y porosa (es piedra del país), que tiene hoy una pátina de color ligeramente amarillento, y es de tamaño natural. Aún conserva visibles rastros de policromía en rojo. El rostro llama la atención por la fuerte personalidad de sus facciones. La nariz es larga y delgada; la boca, cuidadosamente modelada. Sus mejillas enjutas dejan destacados los pómulos, dándole a la cara una delgadez casi ascética y hasta enfermiza. Su mirada parece abstraída en la contemplación, vaga e inconsciente, de un objeto cercano, ex- presión meditativa y absorta. El profesor García Bellido cree que se trata de un retrato. El tocado es suntuoso y complicado. Una especie de tiara o peineta corona la cabeza, se cubre con una mantilla y ésta se ajusta con una diadema con perlas. A ambos lados del rostro destacan dos grandes ruedas, probablemente "estuches" metálicos (oro o plata) que debían de encerrar el cabello trenzado. Un manto cubre su espalda y hombros y tres ricos collares se escalonan sobre el pecho y de ellos cuelgan "amphoritas", placas y cuentas que debieron de ser de oro. Su túnica inferior está cerrada por una fíbula de tipo "hispánico", el más español de los broches antiguos indígenas, y nos indica la cronología, ya que su uso estuvo de moda en los siglos IV y II a. de J. C. Sostiene García Bellido que, por la semejanza de los collares con los púnicos encontrados en La Aliseda (Cáceres), debe ser del siglo IV o III (y aun pudiera ser que después). Su autor estuvo educado en el arte griego. Representa un arte, "mezcla extraña de clásico y bárbaro, de maduro y primitivo". (Antonio García Bellido, "La Dama de Elche". Madrid, 1943.)

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