EL BRAZO NEGRO DEL CORREGIDOR - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


EL BRAZO NEGRO DEL CORREGIDOR


I
En 15 de Agosto de 1689 entraba en Lima el Conde de la Monclova don Me1chor Portocarrero Lazo de la Vega. Virrey XXIII y Gobernador XXVII del Perú.

Los habitantes de la ciudad de los Reyes, le hicieron una recepción suntuosa y con toda la magnificencia que correspondía a un personaje de tan alta alcurnia, y las picaronas limeñas, que siempre andan rondando los defectillos de los que pisan sus barrios bautizaron al Virrey el día de su llegada; con el pomposo nombre del Colorado, sin duda por tener la sangre muy propensa a rondar no solo la cara, sino también las orejas.
Don Melchor comenzó pues la época de su virreynato, y lo primero que hizo fue emprender el reparo de la Catedral de Lima, erigió de nuevo los portales y fosas de Cabildo, envió en- dos bajeles al General don Antonio de Vías y el Capitán don Miguel Cordones a explorar las islas de Juan Fernández, etc., y entre los nombramientos que expidió, hizo Corregidor del Cuzco a don Joseph de Cáceres Sotomayor, de la Orden de Alcántara, hijodalgo y caballero de mas resistencia que el, fiero milanés, de cuyo prestigioso nombre algo esperaba el Colorado para su gobierno posterior.

Soto mayor proveyó de servidores leales todas las plazas de provincias, ya su vez hizo Teniente de Accha en Chilques a don Salvador de Montes, hombre ya maduro y que, como quien nada hace, manejaba el cuchillo y el florete y que tenía de honrado tanto como un Ministro de Hacienda. Sin embargo cayó engracia del Corregidor y esto era suficiente para garantizarla, siendo nombrado en seguida Recaudador de Tributos en la provincia de Chilques.

II

La heroica ciudad de los incas se entregaba a bulliciosas fiestas con motivo de Ira elección del Pontífice Pedro Vitto Ottoboni bajo el nombre de Alejandro VIII, el canonizador de Lorenzo Justiniano, Juan de Dios, Juan de Sahagun, Pascual Bailón y no sé que otro ciudadano celestial cuyo nombre se me ha ido de la memoria. El Corregidor se paseaba envuelto en su espléndida capa de terciopelo, obsequiada nada menos que por el cariño y la distinción del Marqués de la Monclova, cuando se le presentó un alguacil de real servicio que venía de Chilques y le anoticiaba la tuga de don Salvador de Montes, bicho que se había ido salvando todo el, dinero recaudado, Cáceres, no aguardó un minuto y se largó personalmente hasta Accha, siete leguas de Paruro, en persecución del infame Recaudador.

Llegó jadeante, terrible como un león embravecido, y dirigiéndose a la casa de Montes encontró a la esposa de éste doña Leonor de Ochoa, quien ignoraba de verdad y no de maña, la fuga de su marido y trataba de apaciguar a Sotomayor. Sin más ni menos, quedó removida toda la bilis del Corregidor y ordenó que doña Leonor fuese colgada de un tirante hasta declarar el paradero de SU esposo. Ejecutaban los alguaciles este mandato bárbaro y afrentoso, cuando se presentó el sacerdote Fray Manuel Montes, mercedario e hijo de doña Leonor; pidiendo perdón para su madre, se echó a los pies del Corregidor pero éste, lejos de compadecerse y escuchar, dió de bofetadas al humilde Sacerdote, siendo necesario que se amotinase el pueblo para libertar a doña Leonor y a su hijo de las garras de aquella fiera que huyó hacia el Cuzco.

Regresaba pues don Joseph de Cáceres con los ojos inyectados de sangre, el corazón palpitante con aquella palpitación pesada que agita al hombre después de una mala acción y meditando la manera de conseguir la prisión de Montes, cuando súbito sintió dolorosas punzadas en el brazo derecho y una mortal descomposición de su organismo.

Llegado a la imperial ciudad, apeóse del gallardo alazán que montaba, quitóse el espolín dorado y se echó en su cama abundante en bordaduras, de donde saldría cuatro días después, pero ¡ya cadáver!

III

La violenta desaparición del caballero de Alcántara alarmó a la población y se; llenó, de curiosos la casa del Marqués de Valleumbroso, habitación del señor de Cáceres. Fueron todas las corporaciones civiles y religiosas a sacar el cuerpo del difunto Corregidor para llevarlo a la Merced donde debía ser enterrado, y la lujosa caja mortuoria se alzaba en hombros de los acaldes don Dionisio Ayans Ureta y don Martín de Ugarte ambos de la orden de Santiago, y el de los Jueces don Jerónimo Loayza y Zárate y don Joseph Altamirano Castilla y Zárate; el cortejo fúnebre llegaba hasta el puente de la Compañía, y todos marchaban en silencio cuando de repente salió del cajón un brazo carbonizado, negro como el brazo del demonio: era el que se armó contra el P. Fr. Manuel Montes y con grande asombro y no poco susto de los asistentes, permaneció levantado hasta el sepulcro".

IV

¿Quién no conoce en el Cuzco la casa del Marqués, de hermosa fachada y sita en la calle del mismo nombre? ¿Quién no ha visto señalar para referir algo del brazo negro del Corregidor que hoy mismo se cuenta como una moraleja para excitar la respetuosidad a los sacerdotes?
Yo por mi parte, lectores, la escuché cuando niña, de boca de una Vieja aya, acurrucada en su falda y sudando frío, porque al contármela lo hizo con palabras capaces de infundir un miedo de aquellos que erizan los cabellos y que ni los militares conocen. Pero, ved lo que va de tiempo a tiempo: hoy la refiero después de haber escarbado pergaminos y vejeces, y lo hago sin temor de que venga el brazo negro del Corregidor a borrar lo-que está escrito, dándome de paso un susto para soltar la pluma; y para que mis lectoras no digan que los cronistas hemos borrado del Decálogo el octavo mandamiento, terminaré copiando lo que a este respectó dice el virtuoso padre Otomendi en su manuscrito que titula "Crónica particular": Y el día que lo enterraron, al sacar el cuerpo de la casa del Marqués de Valleumbroso, en la primera posa se desató la mano derecha, que la levantó toda prieta como el carbón, que causo horror a los que lo acompañaban. Volviéronla a atar fuertemente y en la segunda posa sucedió lo mismo, y no pudiéndola sujetar permaneció enarbolada, así le enterraron en la iglesia de nuestra Señora de las Mercedes con notable admiración de toda la ciudad!!"

¿No se desmaya ninguna lectora?… ni yo tampoco.

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