DE CIMA DE HORCA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


DE CIMA DE HORCA


I
Cuando las revueltas políticas del virreynato en volvieron a don Francisco Almendras en la traición dé Centeno y le quitaron la existencia, según nos refiere el señor Mendiburu en su ilustrado diccionario, encontrábanse presos en la casa del Ayuntamiento del Cuzco varios oficiales conspiradores y entre ellos don Francisco José Holgado.

El pregón anunci6 que Holgado y sus cómplices habían ser decapitados el día 20 de Junio de 1547.
Cuenta que allende los tiempos, ningún rapazuelo con tintes de bribón escapó de horca y verdugo porque conquistadores tenían en mucho que la sangre de los ajusticiados fructifica el árbol de la moralidad, cosa que a tenerla por cierta nosotros los republiqueros, ogaño no echaríamos en saco roto los mandatos de las leyes y muchas traiciones se habrían evitado en nuestros cinco veces malaventurados tiempos.
Paremos considerandos de cáscara amarga que mal sabor hace a los gobernantes y vamos a la pepita de nuestros apuntes.

Holgado, que rumiaba más de un pecadillo en su conciencia sin contar las dulzainas de su mocedad; razón de sobre encontraba al no hallarse con nerviosa no en vista de la muerte. Pero, Holgado conservaba la fe de sus abuelos. Devoto del Señor de Burgos y su Madre Santísima, imploró misericordia divina en las horas tremendas que para el ajusticiado corren más veloces que locomotora y tan grande fue la fe de Holgado, que alcanzó gracia en presencia de Dios.

II

Eran las 7 de la noche del 19 de Junio de 1547. A esa hora llegó a los umbrales de la prisión una joven india haraposa y humilde como rama de perejil, y solicitó despedirse de Holgado, lo que fue concedido. Una vez en presencia del reo persuadióle a que debía salvarse por un hoyo que estaría abierto en la parte de los cimientos del calabozo, pues que, varios amigos velarían por él, siendo tres golpes dados por el exterior la señal del aviso. Dijo y desapareció.

Holgado quedó se petrificado repasando su con ciencia para recordar alguna buena acción ejercitada con la desventurada raza indígena. Tan cierto es que en este mundo satisface el corazón solo el bien que se practica, pero Holgado halló solo recuerdos amargos y temía una traición.

Su suerte, empero, estaba echada, y entre balancearse de rama de horca o morir torturado por los indios, el primer -caso lo tenía más seguro y así esperó y calló.

No hay como el esperar con paciencia.

Las cuentas del rosario de Holgado (prenda que no faltaba a ningún español y que en nuestros días hasido reemplazada por el revólver) habían pasado cinco veces por entre sus manos cuando de improviso se dejaron oir los tres golpecitos consabidos, y en seguida se abrió un hoyo por el cual se precipitó Holgado aún teniendo entre labios el último ora pro nobis de su quinto rosario.

Tras de los muros estaba, la misma india que en la noche le anunciara su libertad y conduciéndolo cerca de una cabaña de pastores, habló de esta manera:

Tu fe te salva pobre pecador. Anda, no temas nada de los indios; da gracias a Dos y lava tus manchas que pocas no son.

Holgado quiso besar la mano de su salvadora, mas perdióse entre los pliegues de una densa niebla que en aquellos momentos rodeaba la naturaleza al asomar la aurora, así que solo repetía extasiado. -Dios mío, y he caído de cima de horca.

Mientras Holgado buscaba coyuntura para escapatoria, Juan Enriquez, verdugo real del Cuzco, ejecutó Francisco de .Carbajal, Gonzalo Pizarro y demás capitanes.
Juan Enríquez el bravo, que ejecutaba con sangre amostazada, él que arrancó la lengua a Gonzalo de los Nidos del Maldiciente por orden del Presidente La Gasca, buen servicio habría hecho también arrancándosela a los calumniantes para echarla en salmuera de corrección.

III

Refieren las crónicas, que aquella visión fue la Virgen María, pero también aseguran que Holgado a adelantándose al pecado' de nuestro siglo: fue ingrato a los beneficios y desleal a sus promesas; que nuevos gatuperios le llevaron otra vez a la cima de la horca donde murió, corno mueren todos, es decir, entregando el anima a la eternidad.

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