CUENTA CLARA - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


CUENTA CLARA


I
Los templos y monasterios, no solo fueron el asilo de la virtud y el saber esas dos riquezas del espíritu humano; sino también de los tesoros materiales.

El oró, la plata y las pedrerías de más importancia eran I destinados al templo y regados a las instituciones religiosas, por esas almas sencillas y creyentes que, al tocar los umbrales de la muerte, volvían los ojos hacia las puertas del templo de Dios, refugio firme y consolador.
Si en 1669 estuvo en su apogeo la magnificencia de los templos en el Cuzco, en ,1681 llegó a su mayor altura.

Deslumbrarían al lector de nuestros días las descripciones que de aquellas riquezas poseemos, debidas a la curiosa laboriosidad de un cronista antiguo.
Como una pequeña muestra copiamos la lista de lo que hizo fabricar el doctor don Manuel de Mollinedo y Angulo, XII Obispo del Cuzco, lista que no dejará de producir el comegén de la codicia en algunos de nuestros lectores. Allá, va ella

De oro
Cuarenta y dos cálices, con ricas cinceladuras piedras.
Una corona, con tres piedras de gran valor, para la Virgen llamada la LINDA que se venera en la Catedral.


DE PLATA MACISA
82 custodias.
20 frontales.
21 lámparas.
20 blandones.
30 vinajeras.
30 incensarios.
3 hacheros de a mil marcos.
1 tabernáculo para la Catedral.

Cuya fábrica corrió a cargo de cinco plateros de los más afamados, entre los que, en aquella época, machucaban metal sin meterle liga.

Tomando la suma de 207 piezas de plata, la mayor parte de tamaño colosal y 43 de oro, como la obra de un solo Obispo, considerando que eran numerosas las donaciones de particulares, y que los Obispos y Deanes, tampoco se dormían inútilmente en las talladas poltronas del coro, pues siempre daban algo en beneficio del templo; sacamos la cuenta clara que no ha sido fábula todo lo que se refería, allende los mares, acerca de los tesoros de los templos, cuzqueños.

Pero, ¿existe siquiera una décima parte de tan cuantiosas prendas? Podrían contestar los señores Ecónomas, Curas y Administradores que, desde hace dos siglos, han llevado las cuentas sin olvidar una que otra partida doble en el Libró del Gran Capitán: ¡pero todos duermen bajo tierra!

II

Aquel bendito año 1681, en el que mejor hubiéramos nacido para no ver tanta tisis galopante en los bolsillos del prójimo, no solo, fue fecundo en donativos de Joyas, sino también en construcciones de arte tallados, artesonados, ventanas y puertas. Entonces se fabricaron catorce púlpitos, entre ellos el de Belén el hermosísimo de la iglesia de San Blas, que es una espléndida notabilidad para los aficionados al tallado y el Sobrepuesto.
Tiene el defecto de estar en mi tierra donde nadie se preocupa del arte ni del mérito, para siquiera enseñar aquella joya a los viajeros científicos que visiten la antigua capital del imperio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada