ARCO PUNCO Y SU CRUZ - RESUMEN - TRADICIONES CUSQUEÑAS DE CLORINDA MATTO DE TURNER


ARCO PUNCO Y SU CRUZ


I
El Cuzco, así como casi todas las poblaciones donde sentaron sus reales los españoles, abunda en cruces de todos tamaños, hechas de distintos materiales, y colocadas en diferentes direcciones, para memoria de algún suceso grave.

Andada la hermosísima llanura de seis millas de extensión que hay desde el pueblo de San Gerónimo al Cuzco, se toca con el callejón de Arco Punco, que tiene un pésimo empedrado en tiempo de secas, por haberse quedado inconcluso el que inició el obrero General, San Clemente y un lodazal fangoso e intransitable en la estación de lluvias, cuyo aspecto indudablemente previene al visitante en contra de la gran ciudad.

Al terminar este callejón que es de recuerdos para el viajeró que sale del Cuzco por ser el lugar destinado casi exclusivamente a las despedidas de amigos, sin contar Santo-Tis Q Cachimayo, y muy cerca a las primeras casas de la población del sol, se encuentra el caminante con una cruz bastante grande, de piedra labrada y que ninguno que haya visto la antigua capital del Imperio deja de conocerla, pero no todos saben el origen de esta sagrada enseña, y vamos a, contarlo.

II

Don Agustín Sarmiento y Sotomayor, Vizconde del Portilla, Corregidor de Aimaraes y don Alejo de Valdés, eran dos jóvenes de la apergaminada nobleza española. Ambos favorecidos por la naturaleza con un personal seductor y la donación de muy regulares doblones, hallados en el Perú, llegaron a ser los adonis de la Venus de la tierra de las Acllas.

Cierta noche de los primeros días de Setiembre de 1652, se, encontraron nuestros dos héroes en la casa de unas damas muy visitadas y muy admiradas por su belleza, que vivían en la calle de Sappi. Ambos a dos se disputaban los favores de una de las cortesanas, y como 

En lo que descompone una mujer, 
Mezclarse suele, alguna vez Lucifer.

hablaron cada vez más alto, se dijeron lindezas bastante godas, y terminaron por arrojarse las espadas y quedar aplazados a singular duelo para la madrugada, en el callejón de Arco Punco.

Sarmiento de Sotomayor y el de Valdés estaban dominados por la altivez y orgullo español; y más que todo por el carácter de los hijos de Aragón; así que, probable era que ninguno desmayase en su propósito de castigar al otro.

La ciudad dormía tranquilamente, y asomando la aurora al horizonte, dejaba ver la nevada cima del respetable Ausangate, cuando en el lugar de la cita se paseaba un joven envuelto en su ancha capa con vuelta de pelliza parda, jalado hasta las cejas el sombrero de pluma y llevando al cinto una lujosa espada.
Era el Vizconde de Portillo.

Transcurrido un cuarto de hora, apareció el de Valdés que fue saludado por Sarmiento con una brusca interjección española, y las palabras "Tarde llegáis, os he aguardado mucho".

-"Tarde, nunca será tarde para castigar Vuestra insolencia", contestó don Alejo con otra interjección amarga, e inmediatamente midieron sus espadas sin mediar padrinos ni testigos.

Chocáronse cuatro, seis, ocho, diez veces las flamantes hojas, manejadas por diestros brazos, y al fin se oyó un ay! y rodó al suelo el moribundo cuerpo del Vizconde, que al" caer exhaló su último suspiro. ¡Tal vez en dirección a Sappi!

Don Alejo de Valdés abandonó el campo ensangrentado por su mano y tomó asilo. en una de las casas de Limacpampa, de donde cuatro días después salió vestido de caza con morral y escopeta al hombro, acompañado del mismo hermano de su víctima, don Pedro de Sotomayor, quien lo favoreció en su fuga y, le hizo esquivar las prolijas investigaciones de la justicia.

El licenciado don Pedro de Asaña Solis y Palacio, Oidor de la Audiencia de la Plata, vino de Juez comisario y pesquizador, para juzgar a los culpados de la muerte del Vízconde, y mandó salir de la ciudad al Corregidor don Juan de la Cerda y de la Coruña por no haber impedido el fatal duelo, sustituyéndolo en 28 de Diciembre del citado año, don Francisco de Carbajal de la orden de Alcántara, Correo mayor del Reino y Corregidor de las provincias de Canchis y Canas.

Don Alejo de Valdes dicen que volvió a España, mas no sé si murió a espada siguiendo la sentencia evangélica. ¡Quién sabe cómo terminó! ...

Don Diego Gutiérrez de los Ríos marchó de Corregidor paran Aimaraes por decreto de 26 de Diciembre; y en memoria del duelo a muerta en que pereció don Agustín Sarmiento de Sotomayor, Vizconde de Portillo, Corregidor de Aimaraes, mandó poner la cruz de piedra el Previsor Dr. D. Paulo Recio de Castilla.
Es la señal del trágico fin del más enamorado de los Corregidores.

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