LA PIEL DE ASNO - CUENTOS INFANTILES


LA PIEL DE ASNO


Un un bello país, vivía un rey al que sus súbditos amaban y obedecían. Como la esposa del soberano era muy bondadosa, las hadas del bosque quisieron hacerle un regalo.

Después de discutir un buen rato, acordaron obsequiar a la reina el asno de las monedas de oro, que vivía en las altas cumbres de una misteriosa montaña.

Al día siguiente, visitó palacio una comisión de hadas para hacer entrega del maravilloso asno. El rey y su esposa recibieron con agrado al asno, al que hicieron colocar en un especial aposento al cuidado de dos criados.

El jumento se lo merecía, pues tenía la gracia de expeler monedas de oro en vez de estiércol. El rey se sintió feliz, pues las monedas que recogían los criados del pesebre, servían para cubrir los gastos de su corte, a la vez que se hacía cada vez más poderoso.

Por eso, cuando su hija, la bella princesa Blanca Estrella, estuvo en edad para casarse, decidió buscarle esposo entre los más ricos príncipes de los reinos vecinos. Fue así que la elección recayó en el príncipe Tontosí, aunque tonto de capirote, pero el más acaudalado de todos.

A la hermosa princesa, que había soñado siempre un apuesto príncipe, no le agradó nada el pretendiente. Disgustada, pidió consejo a su hada madrina.

- Querida ahijada -le dijo el hada-, di a tu padre que accedes a casarte con el príncipe Tontosí, a condición de que, como reparo de bodas, te entregue la piel del asno de las monedas de oro.

El rey no vaciló en sacrificar al asno, ya que le convenía el matrimonio de su hija con el príncipe Tontosí, que era el más poderoso del mundo.
Desconsolada, la pobre princesa llamó de nuevo a su hada madrina, a quien le confió lo sucedido. El hada la consoló.

- No llores Blanca Estrella, pues tu destino se cumplirá tal corno tú lo has soñado. Cúbrete con la piel del asno y vete a buscar trabajo en una granja. Allí vivirás como una campesina, hasta que un día, no lejano, vaya a buscarte el príncipe de tus sueños. Pero sólo podrás quitarte la piel del asno para dormir, y al levantarte te la volverás a poner.

La princesa obedeció fielmente las indicaciones de su hada. Se puso las más humildes ropas, envolvió la piel del asno y salió de palacio por una puerta falsa. Una vez en el campo, encontró trabajo en una granja.

- Dormirás en el corral -le dijeron-o Luego, para contratarte, veremos si sabes cuidar bien a los animales.

Así transcurrían los días, hasta que llegó a la granja un apuesto príncipe a pedir hospedaje.

A la mañana siguiente, fue Blanca Estrella al río con el fin de lavarse. Luego sacó un peine y comenzó a alisar sus gráciles rizos de oro. En ese momento fue vista por el príncipe, desde la ventana de su alcoba, y Quedó deslumbrado por la belleza de la joven que peinaba sus bucles rubios.

Cuando bajó el príncipe en pos de la jovencita, se encontró con una pastorcita cubierta con una piel de asno.

- Hermosa niña -dijo él-, dejad esa asquerosa piel que oculta vuestra belleza y venid al reino de mi padre. Acceded a casa ros conmigo, pues me he enamorado de vos.

En ese momento se detuvo ante ellos una carroza, de la cual descendió la madrina de la niña, y tocando la piel de asno con su mágica varita, la transformó en un lindo vestido de raso. Luego le dijo que el príncipe Tontosí había muerto.

La invitó a subir al carruaje y la condujo donde sus padres.

Demás está decir que Blanca Estrella y el apuesto príncipe se casaron y, según refieren las crónicas, vivieron felices.

Fuente: Coquito

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